Monsanto glifosato propaganda Carey Gillam

Observatorio OMG 02/02/2017
La propaganda de Monsanto para salvar al glifosato.

En estos días estamos viendo a científicos de todo el mundo protestando contra la postura pro-corporativa y anti-científica del nuevo equipo de Trump en materia de clima.

La propaganda que busca tergiversar los datos científicos para satisfacer un interés corporativo no es nueva, y ha sido estudiada por los historiadores de la ciencia en relación a toda una serie de temas (siendo el más conocido el tabaco, pero también el amianto o la lluvia ácida, o más recientemente el azúcar o el propio cambio climático). Se puede encontrar una revisión muy detallada de este tema en el libro Merchants of Doubt.

En este artículo Carey Gillam, de la organización estadounidense US Right to Know, sugiere que algo similar podría estar ocurriendo en este momento en el caso del glifosato, el herbicida más utilizado del mundo, asociado a los cultivos transgénicos y popularizado por la polémica empresa Monsanto. El glifosato fue clasificado en marzo de 2015 por la IARC (Agencia de la OMS que se encarga de investigar el cáncer) como probablemente carcinogénico. Para ello había realizado una revisión de toda la literatura científica publicada al respecto en revistas revisadas por pares. Sin embargo, otros organismos alegaban llegar a conclusiones diferentes, debido a que se apoyaban además en estudios (confidenciales y a los que la IARC no tenía acceso) de la industria. Comenzó entonces una controversia que aún no se ha resuelto. Aunque, después de mucha presión, los europarlamentarios verdes han conseguido recientemente acceder a parte de esa información confidencial, aún no se han hecho públicas las conclusiones a las que los científicos independientes que trabajan con ellos han llegado tras examinar los nuevos datos.

Mientras tanto, en EEUU, la vía elegida por las grandes empresas para “salvar al glifosato” parece ser la de desacreditar a la IARC, el organismo más importante en tomar una posición crítica con el producto.

Título: La maquinaria de propaganda de Monsanto, a toda velocidad
Origen: The Huffington Post
Autor/a: Carey Gillam
Enlace: www.huffingtonpost.com/carey-gillam/monsantos-mind-meld
Fecha: Miércoles, 1 Febrero, 2017

Han pasado menos de dos semanas desde que Donald Trump es presidente, y parece que estamos asistiendo al nacimiento de una nueva era de verdades tergiversadas, noticias falsas y ciencia selectiva. Esta debería ser una buena noticia para los científicos a quienes las multinacionales han pagado para llevar a cabo una campaña que intente aplacar la preocupación global sobre el herbicida favorito del planeta.

La tergiversación de datos científicos en favor de las grandes empresas no es nada nuevo. Ya sea el tabaco o las bebidas con azúcar, las empresas que ganan miles de millones con estos productos han empleado una serie de estrategias para publicitar lo bueno y enterrar lo malo. Hay quienes directamente mienten. Pero las tácticas que parecen estar empleando Monsanto y sus aliados en el caso del glifosato, el ingrediente clave del herbicida Roundup de Monsanto y la base de la expansión de los cultivos transgénicos, destaca por la profundidad del engaño.

La última jugada ha sido la creación de un grupo llamado “Campaña por la Precisión en la Investigación sobre Salud Pública”, (Campaign for Accuracy in Public Health Research, CAPHR), cuyos objetivos son claramente lo contrario a lo que su nombre da a entender. Formado este mes por el Consejo Químico Estadounidense (American Chemistry Council), entre cuyos miembros se encuentra Monsanto y otros titanes del sector químico, el propósito fundamental de este grupo es desacreditar a la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), una unidad de la Organización Mundial de la Salud formada por científicos independientes de la industria. Un equipo científico de la IARC declaraba en marzo de 2015 que el glifosato era probablemente cancerígeno para los seres humanos tras una revisión exhaustiva de los estudios científicos publicados al respecto. Desde entonces, Monsanto y sus amigos no han dejado de presionar a la IARC mediante una serie de demandas, amenazas y maniobras legales, entre ellas hacer lobby para que la Cámara de Representantes de EEUU retirase su financiación a la IARC.

Esta nueva campaña lleva el asalto un paso más allá. En la nueva cuenta de Twitter del grupo, abierta el 25 de enero, CAPHR publicaba una serie de insultos contra los científicos de la IARC, acusando a expertos de prestigiosas instituciones de todo el mundo de “realizar afirmaciones sensacionalistas”, llegando a conclusiones “poco fiables” y utilizando “metodologías cuestionables”.

Si nos fiamos de CAPHR, el público y las autoridades no deberían fiarse de los epidemiólogos, toxicólogos y otros expertos que formaban el grupo de trabajo de la IARC, dirigido por un galardonado experto en cáncer del National Cancer Institute. No, según ellos la información no sesgada sobre la gallina de los huevos de oro de la industria debe venir de la industria misma. Según quienes dirigen esta campaña, aquellos que se lucran con la venta de productos químicos son más de fiar que los científicos que se ganan la vida estudiando las causas del cáncer.

La idea de la campaña está clara: no se trata de proteger la salud pública, sino los beneficios de la industria. Lo mismo puede decirse del juicio en California que tuvo lugar la semana pasada, en el que Monsanto intentaba bloquear la decisión del estado californiano de requerir un etiquetado de advertencia para el Roundup. El abogado de Monsanto Trenton Norris alegaba ante el tribunal el viernes que el etiquetado de advertencia dañaría las cuentas de la empresa, porque mucha gente dejaría de comprar Roundup. La juez del Tribunal Superior del Condado de Fresno, Kristi Kapetan, no parecía conmovida por este mensaje de “los beneficios antes que las personas”. Aún debe emitir una decisión definitiva, pero dijo que California puede exigir a Monsanto que etiquete el Roundup como posiblemente cancerígeno.

En este momento, la protección del glifosato es crítica para Monsanto y otros gigantes de la industria química. No sólo los herbicidas basados en glifosato siguen siendo un superventas en todo el mundo, sino que la industria está intentando desplegar toda una serie de nuevos cultivos transgénicos diseñados para ser rociados con una combinación de glifosato y otros herbicidas. Monsanto ha desarrollado cultivos alterados para soportar ser rociados con glifosato y dicamba, mientras que Dow Agrosciences ha desarrollado cultivos tolerantes a un nuevo herbicida que combina glifosato y 2,4-D. Estas nuevas variedades se suman al catálogo de transgénicos tolerantes a glifosato de Monsanto, junto con el maíz, soja, algodón, colza y otros cultivos.

Pero mientras la industria sigue empeñada en sacar adelante nuevos productos basados en el glifosato, este está siendo reevaluado tanto por la Unión Europea como por la Agencia de Protección Ambiental estadounidense. Cada vez son más quienes piden que se prohiba o se restrinja severamente debido a su posible relación con el cáncer, así como al resto de problemas para la salud y el medio ambiente con los que se le asocia.

También está el asunto nada desdeñable de las docenas de demandas contra Monsanto en las que se alega que la empresa hace tiempo que sabe que el Roundup podría provocar cáncer, pero ha ocultado los datos a la población. Estos casos, planteados por gente de todo EEUU que sufre cáncer o ha perdido a un ser querido debido al cáncer, se han unido ante un tribunal federal en San Francisco en el que se están llevando a cabo las investigaciones en este momento. Hasta la fecha Monsanto ha entregado más de siete millones de documentos en este proceso.

Según los registros judiciales, los abogados de los demandantes están construyendo su caso en torno a la clasificación de la IARC, mientras que Monsanto cuenta con el respaldo de la Agencia de Protección Ambiental estadounidense, quién ha afirmado que “no es probable” que el glifosato sea carcinogénico para los seres humanos. Mientras que Monsanto está intentando restar credibilidad a la IARC, los demandantes tratan de desacreditar los hallazgos de la EPA, alegando que Monsanto ha influido en la agencia de forma indebida. El mismo día en que el sector químico ponía en marcha su campaña anti-IARC, el juez de distrito Vince Chabria pedía a cada uno de los bandos que enviara un resumen de cómo el trabajo tanto de la IARC como de la EPA es o no relevante para su caso. Los resúmenes deberán entregarse el 8 de febrero.

Claramente descontentos con dejar que un tribunal federal decida quién tiene razón y quién no sobre el glifosato, la defensa a ultranza del herbicida por parte de la industria química incluye una nueva campaña promocional en Twitter #glyphosateisvital (elglifosatoesvital) con posts que proclaman que el herbicida es esencial para “mantener la producción de alimentos sanos y asequibles.” En otro post se dice “Se nos acaba el tiempo para hacer presión para salvar el #glifosato”. La campaña aparece en la cuenta de Twitter @glyphosate, establecida inmediatamente después de la clasificación del glifosato por parte de la IARC.

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Dentro de la táctica de tergiversación de la industria está la caracterización de cualquiera que dé credibilidad a los estudios científicos que sugieren problemas con el glifosato o con los transgénicos asociados a este como “anti-ciencia”. Este es un intento de revertir la realidad y ocultar el hecho de que son quienes apoyan a la industria, y no quienes la critican, los que ignoran los datos obtenidos por la investigación científica independiente y revisada por pares.

“La industria de los pesticidas reconoce que está a la defensiva”, declaraba el abogado ambiental Charlie Tebbutt. “Está haciendo todo lo posible para transformar la realidad.”

A medida que el equipo post-verdad de Trump intente desmantelar la legislación ambiental y la protección que esta otorga al público parece probable que la industria química continúe simplemente aportando hechos alternativos. Necesitamos trabajar más duro que nunca para ver más allá de este engaño.

Fuente: Ecologistas en Acción – Observatorio OMG

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