Ester Casanovas

Huertos escolares ecológicos

Para muchos de los que estamos en edad de ser padres, el único contacto experimental con la agricultura que tuvimos en la escuela no fue más allá de germinar judías y lentejas en algodón. Es cierto que en ciencias naturales aprendimos qué era la fotosíntesis y que los agricultores dejaban la tierra en barbecho cada cuatro años, pero por más que me esfuerzo en recordar, soy incapaz de encontrar otra experiencia relativa a la naturaleza desde el punto de vista agrícola o ganadero.Quizá por ello me maravilla todo lo que implica la creación de un huerto escolar ecológico y de qué manera lo aprovecha el profesorado para reforzar distintas materias: coordinación y trabajo en equipo en el caso de los más pequeños, o matemáticas, higiene postural y hasta química para los mayores.

En el programa de radio Pagesos de ciutat (Agricultores de ciudad) hemos hablado con un buen número de responsables de huertos escolares durante esta temporada, incluyendo al director del colegio público San Bartolomé de Fresnedillas de la Oliva (Madrid), cuando se conoció la noticia de que el Ayuntamiento de la población había arrasado el huerto escolar por carecer de permiso municipal.Entre las distintas experiencias que hemos conocido destacaría que muchos profesores coinciden en que los trabajos iniciales en el espacio destinado al huerto les permite conocer a los padres de los alumnos, que a menudo delegan en las madres las reuniones con los maestros de sus hijos. También que hay algunas escuelas que organizan turnos de visita al huerto durante el verano para que los niños puedan cosechar las hortalizas, que en ese momento están en máxima producción.Por no hablar de que por fin algunos se atreven a comer algunas verduras que antes apartaban del plato simplemente “porque las del huerto del cole están buenas y las del súper no”. No obstante, un huerto escolar puede ir mucho más allá. No solo se trata de iniciar una actividad que pone en contacto a los niños de las ciudades con la tierra, sino que poco a poco, les enseña a respetar y observar la naturaleza. A quererla. Y un huerto ecológico les enseñará a valorar el trabajo del agricultor, a interesarse por los insectos (que les fascinan!) y a aprender a compostar y a reciclar.No es necesario disponer de mucho espacio para empezar un huerto escolar. Es más: los mayores pueden trabajar juntos en la construcción de mesas de cultivo reciclando palés o también se pueden utilizar jardineras, macetas e incluso sacos de rafia o los parterres próximos al centro. Se puede empezar utilizando plantel de hortalizas de invierno y aprovechar la primavera para preparar los semilleros de verano con los alumnos. Solo hay que planificarlo y hacerlo.La Comunidad de Madrid dispone de diversas publicaciones para orientar a los profesores en sus inicios y en las redes sociales hay gran cantidad de información y lugares de encuentro con otros proyectos similares. Las escuelas de hoy día han hecho mucho a favor de la ecología y el respeto al medio ambiente: el papel de aluminio con el que envolvíamos nuestros bocadillos ha sido totalmente erradicado en favor de envoltorios reutilizables, y los niños de hoy reciclan de manera inconsciente porque siempre han visto los contenedores de los distintos residuos en el patio del cole. ¿Porqué no aprovecharlo para incorporar una actividad al aire libre que les convertirá en futuros consumidores concienciados? mas info

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