El pasado 28 de febrero, el Consejo de Ministros aprobaba el nuevo Plan Hidrológico de la cuenca hidrográfica del Ebro. Este Plan se suma a los otros planes hidrológicos aprobados recientemente por el Gobierno en Ceuta, Melilla e Islas Baleares, con el informe favorable del Consejo Nacional del Agua.

Los trasvases y la burbuja hidráulica
Rio Ebro a su paso por Tortosa

Los nuevos planes de cuenca, que recuperan el espíritu del Plan Hidrológico Nacional de 2001, apuestan por la construcción de grandes infraestructuras para vender y mover agua, lo que supone abrir la gestión de los ríos a los mercados y los intereses privados. Solo el Plan Hidrológico del Ebro contempla unas inversiones de más de 2.500 millones de euros a financiar por todas las administraciones.

Las nuevas propuestas de trasvase, así como algunos trasvases existentes, por ejemplo el del río Ter o el del Segura, no consideran de forma suficiente la gestión ambiental del agua. Para el gobierno central los planes hidrológicos son el producto final de la concepción del agua como un recurso para ser usado. Los usuarios del agua son los que deciden qué se hace con el recurso, y el medio ambiente es secundario.

Todos estos planes van en contra de la Directiva Marco Europea del Agua (DMA), y suponen un retroceso en la gestión del agua en España. Hoy por hoy, los humanos utilizamos de forma directa o indirecta una gran parte del agua dulce del planeta, ya sea para beber, para regar o para producir electricidad, y esto nos lleva a una era de escasez. La DMA nos obliga a hacer una gestión integrada del agua, orientada a mantener y mejorar el estado ecológico de nuestros ecosistemas acuáticos, y determina un cambio en las propuestas de inversión, centradas sólo en construir colectores, depuradoras o abastecimientos de agua.

Así pues, España no solamente no cumple con los plazos establecidos por la Directiva Marco del Agua, sino que tampoco respeta los requisitos ambientales de esta.

Una vez más, el Estado español retrocede en la protección del medio ambiente, y previsiblemente tendremos que hacer frente a importantes multas económicas o la congelación de fondos europeos ante éste y otros incumplimientos de la Directiva Marco del Agua. Está en marcha la privatización de los ríos, y está en nuestras manos conseguir que el agua, como la vida, no sea una mercancía.

Autor: Enric Cortiñas, Presidente de la Asociación de Naturalistas de Girona

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