Como hemos visto en un artículo anterior, los suelos de cultivo están sometidos a una enorme carga tóxica, producto preferentemente de la actividad agrícola y ganadera industrial.

El necesario proceso detox de nuestros suelos de cultivo (ll)

En el Informe Estado Mundial del Recurso Suelo (FAO, 2015) se identificó la contaminación como una de las principales amenazas para el suelo y para los servicios a los ecosistemas que éstos proporcionan. Numerosos informes posteriores han demostrado el daño ambiental extremo que soportan nuestros suelos y las relaciones de esta agresión, con procesos como el cambio climático, el aumento de plagas, enfermedades, inseguridad alimentaria y migraciones humanas.

Por desgracia, este y otros informes internacionales generados por expertos de reconocido prestigio resaltando la urgencia en las medidas de prevención y control de la contaminación, forman parte de eso que llamo “literatura científica”; una información avalada por la ciencia, que es tomada por la ciudadanía, como no probable a medio plazo, asumiendo que en el caso de que suceda, la tecno-ciencia siempre puede ofrecer soluciones y que los daños colaterales, si los hubiera, son un precio a pagar ligado a esta idea suicida de progreso.

El uso del compostaje disminuye la carga tóxica microbiana, vírica y antibiótica de los estiércoles y otros subproductos orgánicos

No podemos esperar que esto cambie; ni los políticos por su ignorancia y sus intereses cortoplacistas, ni la ciencia y la tecnología aplicada a la producción por su agresividad, ni la inanición de una ciudadanía que no exige tomar medidas concretas ni pide responsabilidades,  me ofrecen un ápice de confianza y sin embargo, sí hay muchas probabilidades de que la degradación del suelo empeore y la toxicidad aumente; de hecho con la pandemia del virus ya se han disparado las voces que llaman a aumentar las producciones, destacando como las agriculturas alternativas no son opciones para momentos críticos y ya sabemos cómo son sus argumentos de convincentes por decreto.

Hoy más que nunca, remarcamos la importancia de la prevención de la contaminación, enfatizando en la necesidad de un marco de actuación en el contexto productivo, sanador para el suelo y es en este último punto en el que quiero incidir.

Una gestión sanadora, basada en el mantenimiento de suelos de cultivo vivos, fértiles, y resilientes, exige un conocimiento preciso del recurso en el ámbito que nos corresponda –científico, técnico, experiencial- para reconducir la intensificación que conlleva la práctica productiva.

El necesario proceso detox de nuestros suelos de cultivo (ll)

Por la brevedad del espacio, no puedo enumerar acciones in situ y ex situ para cada tipo de contaminante, he preferido centrarme en el marco teórico que provee conocimientos para la remediación, enfocados en el manejo cultural; premisas relacionadas con la gestión agroecológica que nos pueden servir de pautas de actuación en la prevención, el control o la descontaminación.

Pautas de actuación en la prevención, el control o la descontaminación de los suelos de cultivo

  1. Un enfoque productivo basado en el manejo de suelos vivos. El microbioma del suelo regula las funciones vitales del agrosistema; las sinergias y antagonismos que se producen en su seno no son producto del azar, están enfocadas a garantizar un ambiente adecuado para el desarrollo de la vida. La producción por bacterias, hongos y algas edáficas de enzimas degradativas de contaminantes como herbicidas, pesticidas, hidrocarburos, fenoles y aminas aromáticas, entre otros, es un ejemplo de su papel regulador.
  2. La fertilización del suelo está mediada por aportes orgánicos estables y de calidad y aportes minerales no sintéticos, y la nutrición de los cultivos está basada en la presencia continua de una gran diversidad de nutrientes y no en la cantidad puntual de escasos macroelementos Todo ello disminuye la carga tóxica de la sobre-fertilización química y permite un mejor metabolismo del componente químico en el suelo.
  3. La adición de materia orgánica como biomasa, necromasa, neomasa y la mejora de su dinámica en el suelo, favoreciendo la persistencia y acumulación de fracciones más estables como las sustancias húmicas, asegura la retención e inactivación de metales pesados y biocidas. El uso de técnicas como el compostaje disminuye la carga tóxica microbiana, vírica y antibiótica de los estiércoles y otros subproductos orgánicos. La bioestimulación nutricional de la edafobiodiversidad, es otro camino para aumentar la degradación de los contaminantes.
  4. El uso de una gran biodiversidad vegetal incluyendo árboles y plantas cultivo y no cultivo permiten procesos naturales de fito-remediación. Las plantas pueden tolerar, absorber, acumular y degradar compuestos contaminantes impidiendo la migración de los metales pesados hacia el suelo y las aguas subterráneas. Además, la rizodeposición, es una fuente de carbono orgánico en el ámbito de la raíz que estimula la actividad enzimática degradativa microbiana.
  5. La no utilización de biocidas químicos de síntesis garantiza la nula concentración en el suelo, la planta, el agua y la atmosfera de la carga tóxica que está ligada a su aporte.
  6. La mejora de la estructura agregacional gracias a prácticas agroecológicas, mejora el papel del suelo como filtro biológico, evitando el paso de sustancias tóxicas al agua y como medio amortiguador para los contaminantes.

La agroecología suma al conocimiento de prácticas exitosas tradicionales, el saber científico debidamente probado y actualizado

Además de acuerdos enfocados a una política comunitaria de protección, nosotros podemos prevenir, reducir o revertir el problema de la contaminación del suelo de cultivo y como consecuencia del aire que respiramos, el agua que bebemos y los alimentos que consumimos desde la agroecología, disciplina que suma al conocimiento de prácticas exitosas tradicionales, el saber científico debidamente probado y actualizado.

La contaminación de los suelos de cultivo es invisible largo tiempo y las consecuencias enormemente negativas sobre nuestra calidad de vida aumentan enormemente nuestra vulnerabilidad. Recuperemos los vínculos con la tierra y actuemos cada uno desde nuestro ámbito de acción, antes de que sea demasiado tarde, “no esperemos a cavar el pozo cuando empecemos a tener sed”.

Lee la primera parte del artículo

Autora: Juana Labrador Moreno, Dra. en Biología y Profesora de Agroecología en la Escuela de Ingenierías Agrarias de la Universidad de Extremadura.

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