La menopausia es la etapa de vida de una mujer caracterizada por la interrupción definitiva de la menstruación. Suele pasar entre los 45 y los 55 años, aunque puede empezar antes (menopausia precoz) o después (menopausia tardía) y se diagnostica después de 12 meses sin menstruación, sangrado vaginal o manchado.

Lejos de ser una enfermedad, es un proceso natural del envejecimiento que marca el fin de la capacidad reproductiva de la mujer. Los ovarios dejan de producir óvulos de forma regular y el sistema hormonal presenta variaciones, como la disminución significativa de los niveles de estrógenos y progesterona, hormonas responsables de regular el ciclo menstrual que intervienen también en el sistema óseo y cardiovascular.
¿Qué cambios produce?
Los síntomas de la menopausia comienzan a aparecer en los meses o años previos, lo que se conoce por perimenopausia, y se extienden a lo largo de toda la etapa. Pueden durar entre dos y ocho años aproximadamente, aunque varían en intensidad y duración de una persona a otra.
A rasgos generales, los períodos menstruales se vuelven cada vez más irregulares e impredecibles, hasta desaparecer. Aumenta la sequedad vaginal, que puede provocar picores, escozor y dolor durante las relaciones sexuales. Se experimentan sofocos, una sensación repentina de calor que afecta especialmente a la cara y al cuerpo. Los sudores nocturnos pueden alterar negativamente los ciclos de sueño, aumentando problemas como el insomnio. La dificultad para conciliar el sueño puede comportar un aumento de la fatiga. Todo esto puede ocasionar cambios de humor, tales como irritabilidad o depresión. También se pueden experimentar olvidos o problemas para concentrarse, además de cambios en la distribución de la grasa y la composición corporal, así como la pérdida de densidad ósea.
Consejos para afrontarla
La menopausia no puede evitarse, pero sí que se pueden adoptar hábitos y medidas para atenuar sus síntomas o ayudar a soportarlos. Por ejemplo, procurar una alimentación saludable, así como practicar ejercicio de forma regular, contribuyen a un estilo de vida saludable. Bajo la recomendación profesional, la suplementación natural con ingredientes que cuentan con evidencia científica para el alivio de los síntomas, como el trébol rojo o la cimicífuga, puede ser de apoyo. Se conoce que la terapia hormonal (TRH) puede ayudar a reducir algunos síntomas como los sofocos, y las cremas íntimas hidratantes pueden ayudar para evitar la sequedad vaginal. Asimismo, el consejo y el soporte emocional también pueden ayudar a soportar los cambios emocionales.
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Autora: Ariadna Coma, Periodista
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