Entrevistamos a Johannes Gutmann, fundador de Sonnentor: empresa tradicional familiar que practica la economía del bien común. “La vida, el trabajo y las relaciones son un círculo”.

Johannes Gutmann Sonnentor “La vida, el trabajo y las relaciones son un círculo”

En 1988 fundaste Sonnentor. ¿Cómo surgió la idea?

Antes de fundar Sonnentor, había perdido el trabajo y tuve que tomar la decisión de quedarme en la zona donde vivo o irme a otro lugar donde pudiera encontrar trabajo, entonces conocí a los primeros agricultores ecológicos cercanos a mi zona (al noroeste de Austria cerca de la frontera checa). Me dijeron que no tenían tiempo para vender sus productos. Decidimos cooperar desde el principio: vendía los productos en el mercado y luego empezamos a crecer. Para mí era importante llevar mis pantalones de cuero viejos, para sentir de donde provienen tanto los productos como yo, nuestras raíces y las historias que hay detrás de los productos. Estos viejos pantalones de cuero pertenecían a mi padre; este año cumplen 100 años.

¿Qué diferenciaba Sonnentor de las otras empresas austriacas o las asociaciones de agricultores de ese momento?

Al principio nadie estaba interesado en lo ecológico… la gente ¡no sabía qué era ecológico! En ese momento, lo más importante era mostrar las caras de los que trabajaban la tierra: mostrar quién producía nuestros productos, quien tenía las manos en la tierra y en qué tierra. Esto lo valoraban nuestros consumidores ya que nuestros productos les hacían sentir conectados con los campos y hacía que la gente se sintiera bien porque los productores hacen lo mejor: mantener el equilibrio en el entorno, mantener vivas las zonas rurales y mantener hábitos saludables. Una gran diferencia fue la relación con los productores: la industria convencional siempre se centra en los precios y en la maximización del beneficio. Nunca presioné a nadie con los precios, ni una vez en los treinta años de la historia de nuestra empresa. Y tampoco quiero hacerlo en los próximos treinta años: si presionas a alguien, obtendrás presión, y esto es lo que no necesitamos.

El equipo Sonnentor cuenta ya con unas 500 personas en todo el mundo y ofrecéis más de 900 referencias de productos, ¿cómo gestionáis vuestros impactos ambientales y sociales?

Incluso al principio cuando trabajaba con tres agricultores y desde entonces, y siempre, he estado pensando en cooperación. Esta forma de trabajar y de vivir en la cooperación nos hace más fuertes, ya que juntamos todos los talentos y tenemos un valor subyacente: compartirlo es la base de la cooperación. Tratar como quisiera ser tratado es un lema para mí. La vida, el trabajo y las relaciones son un círculo. Intento pensar siempre en el impacto social de la empresa. Con mi primer empleado, ya intenté seguir estos valores, y así lo seguimos haciendo ahora. Nuestros valores sociales no han cambiado y estamos encantados de poder ayudar y colaborar con nuestra comunidad local, así como con las comunidades de todo el mundo.

Colaboras con agricultores de España, Rumania, Tanzania y Nueva Zelanda, entre otros países. ¿Cómo funcionan estas colaboraciones?

El suelo es limitado. Tenemos muchas colaboraciones con agricultores internacionales. Por ejemplo, con España trabajamos con zonas del sureste y del centro de España. Estas colaboraciones siempre funcionan con una mentalidad win-win (todos ganan) de hacer negocio que sea coherente con nuestra filosofía como empresa y estilo de vida y que garantice buenos ingresos para los agricultores. En colaboraciones a largo plazo como la de Nueva Zelanda para la miel de Manuka, trabajamos con agricultores que no explotan, sino que protegen la zona. Además, nos encargamos del balance de CO2 de estas colaboraciones: plantamos árboles para equilibrar el transporte y el impacto ambiental; así, estamos funcionando oficialmente con CO2 neutro.

Practicáis la «economía de bienes comunes» y vuestro lema es «vivir y dejar vivir». ¿Cómo hacéis que vuestra empresa funcione con esta filosofía en el sistema económico hiper-competitivo actual?

Nuestras asociaciones son a largo plazo y se basan en relaciones sostenibles donde todos ganamos. Un profesor de economía de los bienes comunes de la universidad con el que hablé me ​​dijo que nuestra manera de trabajar es economía del bien común: invertir en el ecosistema local, ayudar a las zonas rurales, establecer colaboraciones largas en las que los agricultores pueden confiar.

¿Qué podemos hacer como individuos para ir hacia un enfoque de vida más holístico?

Es tan sencillo: entender lo que realmente necesitas. Lo que no necesites, ¡no lo cojas! Hacer lo que sentís realmente por dentro y no os comparéis con nadie.

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