Para hablar de la agricultura biodinámica es necesario hablar de Rudolf Steiner, un filósofo austríaco nacido en 1861, erudito literario, educador, artista, autor teatral, pensador social, esoterista y autodenominado clarividente. Steiner fue el fundador de la antroposofía, una filosofía que se funda en la afirmación de que es posible ir más allá de la visión materialista de la naturaleza y del mundo limitado al aspecto físico, añadiendo los niveles suprasensibles de existencia: los procesos vitales, el alma y el espíritu. Los principios antroposóficos los aplicó en diversos campos, como la educación, la medicina, la agricultura, el arte y la reforma social.

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Así, la agricultura biológica-biodinámica propugnada por Steiner parte de un enfoque holístico, ecológico y ético para la agricultura, la jardinería, la alimentación y la nutrición. A petición de una serie de agricultores que pertenecían a la sociedad antroposófica, Steiner impartió, en 1924, un curso sobre los puntos de vista que la investigación antroposófica podía aportar a la agricultura. Según explica el propio Steiner, en el curso trató de desarrollar cuáles son las condiciones necesarias para que los diferentes aspectos de la agricultura puedan prosperar, con especial atención al crecimiento vegetal y la ganadería, poniendo un especial énfasis en los secretos del abonado. Ya en ese momento se hace eco de cómo la agricultura, en los últimos decenios, se había ido apartando de los principios racionales debido a una creciente visión materialista del cosmos, con la consecuente degeneración de los alimentos.

En relación con el uso de fertilizantes inorgánicos, desarrollados a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, Steiner los considera responsables de contribuir de forma esencial al empeoramiento de la calidad de los productos agrícolas. Habla de un nitrógeno “muerto”, y habla de un nitrógeno inorgánico “muerto” en relación a un nitrógeno vivo orgánico.

En estas conferencias, Steiner destaca la importancia de comprender las fuerzas espirituales que influyen en el mundo natural en relación con la práctica de la agricultura y aborda temas como la relación entre el hombre y la tierra, la influencia de los astros en la producción agrícola y planificación de las tareas agrícolas. Considera que la vida vegetal responde a las influencias y ritmos cósmicos.

Steiner introduce conceptos interesantes, como la consideración de la granja agraria como una individualidad que sea capaz de producir todo lo que necesita, en la medida de lo posible. Desde este punto de vista manifiesta que una granja sólo se podrá mantener sana en la medida en que se pueda autosuministrar el estiércol que necesita. También destaca la importancia del suelo, más allá de su naturaleza mineral, por ser el lugar en el que se reciben las influencias cósmicas y desde donde actúan sobre la totalidad del crecimiento vegetal.

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En la cuarta conferencia, Steiner explica que el abonado debe consistir en una revitalización del suelo para que la planta no crezca sobre un suelo muerto y pueda completar su ciclo vital. Por este motivo, el trabajo con el abono es muy importante y hay que conseguir que el abono se incorpore en la parte mineral del suelo y no se pierda en la parte acuosa, como sucede con los abonos químicos solubles. Así pues, es necesario aportar tanto nitrógeno como el suelo pueda incorporar en su estructura. Steiner habla de la importancia del compost para la vivificación del suelo y de su estabilidad, así como de la necesidad de incorporarle ciertos elementos de los que ya ha hablado anteriormente.

En este punto, Steiner plantea la creación de dos preparados a los asistentes. El primero a base de estiércol de vacas que se introducen dentro de cuernos de vacas que se entierran todo el invierno. Posteriormente se desentierran y su contenido se diluye para pulverizarlo sobre el suelo labrado. También explica cómo hacer un preparado a base de cuarzo o sílice, también utilizando cuernos de vacas que se entierran en verano, cuyo contenido también se pulveriza en forma de dilución sobre los cultivos. El uso de los cuernos lo justifica por su naturaleza de antenas que vehiculan hacia dentro las fuerzas etéricas y astrales.

Steiner insiste en la idea de vivificar y estructurar el suelo a partir de materiales orgánicos y en no interferir en la propia capacidad de las plantas de asimilación de los elementos presentes en el suelo de forma natural. Sin embargo, apunta a la importancia de utilizar sustancias estimulantes en una dosificación sutil que permita adicionar fuerzas vivas a las plantas.

Con este objetivo, Steiner propuso el uso de otros preparados para vivificar los abonos a utilizar. Por ejemplo, propone el uso de la planta medicinal Achillea millefolium (milhojas), dentro de vejigas de venado, para obtener un preparado que se añade al montón de estiércol, a los purines o al montón de compost, con el objetivo de vivificar tierras empobrecidas. También propone utilizar otros preparados a base de manzanilla, ortiga, corteza de roble, diente de león y valeriana.

Después de estas conferencias, impartidas hace un siglo, se creó el “Círculo de Experimentación de Agricultores Antroposóficos”, que empezó a aplicar inmediatamente los conocimientos y directivas que Steiner les transmitió, compartiendo sus experiencias y desarrollando prácticas agrícolas específicas basadas en los principios biodinámicos.

El contenido de estas conferencias debe situarse en su contexto temporal y en un entorno de personas seguidoras de la antroposofía. En un próximo artículo podremos ver cómo se ha desarrollado esta agricultura biológica-dinámica hasta nuestros días.

Autor: Isidre Martínez, Ingeniero Agrónomo

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