Tener buenas relaciones personales y sociales depende de varios factores, algunos de ellos circunstanciales (por ejemplo el lugar donde se vive). Pero hay un factor importante que se puede modificar y es la capacidad de cada persona de crear vínculos afectivos con otros seres humanos. Esta capacidad se desarrolla en la infancia, principalmente en los 3 primeros años de vida, a través de las relaciones que el bebé establece con sus padres y con otras figuras importantes de su entorno. Estas relaciones son de dos tipos: el apego y los vínculos afectivos.

El apego es la relación emocional que el bebé desarrolla con sus padres (o en ausencia de estos, con sus cuidadores inmediatos). El apego seguro se desarrolla cuando un bebé busca a sus padres para cubrir sus necesidades físicas y emocionales y estos responden de manera sensible, cercana y constante. Por ejemplo, si el bebé llora porque tiene hambre o está sucio, sus padres acuden a alimentarle o cambiar su pañal. Los padres también favorecen la formación de este apego cuando pasan tiempo jugando con su bebé, y le ofrecen afecto, calma y seguridad.
El apego saludable o seguro facilita que cuando ese bebé crezca sea capaz de regularse emocionalmente y establecer relaciones personales basadas en la confianza, la honestidad y el respeto.
A medida que el bebé crece comienza a desarrollar vínculos afectivos con abuelos, hermanos, compañeros de clase y de juego, y maestros. Estos primeros vínculos emocionales son fundamentales para el desarrollo de niños y niñas y les enseñan a confiar en otros seres humanos y a desarrollar habilidades sociales como la empatía y la colaboración.
Aunque vínculo y apego puedan parecer bastante similares, no son lo mismo. Mientras que las personas podemos establecer muchos vínculos, algunos de ellos muy significativos, el apego se da solo con una o dos figuras clave, generalmente los padres, y solo en los primeros años de vida, cuando el niño o la niña necesitan un entorno seguro en el que construir su personalidad y su identidad social. Proporcionar a los bebés y niños pequeños un apego seguro y unos vínculos afectuosos positivos es esencial para un óptimo estado de salud.
Autora: Miriam Martínez Biarge, Médico Pediatra.
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