La Amazonía brasileña ha sido el emplazamiento escogido para la COP30, que se llevará a cabo entre el 10 y el 21 de noviembre con el objetivo de volver a poner sobre la mesa la agenda climática global.

El encuentro anual reúne a los grandes actores internacionales. Desde representantes de los Estados, hasta grandes corporaciones y movimientos sociales, estarán presentes en la cita, para debatir conjuntamente sobre cómo afrontar los desafíos que presenta, y presentará de forma intensificada, la crisis climática. Sin embargo, la pluralidad de actores implicados con múltiples sensibilidades y perspectivas sobre el cambio climático, sus causas y cómo combatirlo, hacen que el encuentro se convierta en una gran conferencia, pero que tenga poca capacidad de establecer una agenda climática unificada.

Brasil
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Después de una COP29 en Azerbaiyán, marcada por la gran polémica en torno a los intereses en la industria del petróleo del país organizador, que evidenciaba la incapacidad de avance conjunto hacia una lógica de abandono de los combustibles fósiles, la COP30 se centrará en la transición energética.

A continuación, trataremos de establecer un marco general sobre los grandes temas y desafíos que se debatirán en el encuentro global, entre los que destacan; el financiamiento climático, los compromisos en las emisiones de carbono, la desforestación y la explotación intensiva de los recursos, y la transición energética ecosocial.

La COP30 en Brasil representa una oportunidad para que la comunidad internacional avance en el complejo diálogo sobre la prevención y mitigación del cambio climático

En primer lugar, uno de los grandes temas de la agenda climática es el financiamiento de la propia agenda de mitigación de impacto y de aumento de resiliencia. En el Acuerdo de París en 2015, se estableció que los Estados del Norte Global debían aportar un porcentaje de recursos superior a los del Sur Global, como mecanismo de compensación a las relaciones internacionales desiguales. No obstante, no se fijó una cuota o mecanismo. Actualmente, el debate sigue abierto, y especialmente los Estados del Sur Global remarcan la importancia de que los Estados del Norte deben cumplir y ampliar sus obligaciones financieras, conforme al principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas. En este sentido, abogan por entender la crisis climática como proceso histórico en el que el Norte Global ha tenido un mayor peso dentro de unas relaciones internacionales marcadas por las desigualdades socioeconómicas.

Otro de los grandes puntos de la agenda climática, es la reducción de las emisiones de carbono, uno de los principales gases de efecto invernadero. El compromiso se adoptó en el Protocolo de Kioto, en 1997, y en El Acuerdo de París en 2015, todos los Estados ratificaron la reducción de emisiones, con la obligación de establecer una agenda de reducción nacional, con el objetivo ambicioso de llegar a la neutralidad climática en 2050. Actualmente, no solamente no se está en camino de la reducción fijada, sino que las emisiones están aumentando ligeramente.

Sin embargo, más allá de quedarse únicamente con los datos, es crucial entender qué actores están haciendo mayores esfuerzos y qué capacidades reales hay detrás de las demandas de reducción. Una vez más, los Estados del Sur Global ponen sobre la mesa la responsabilidad compartida pero diferenciada, en un contexto en el que es crucial la transferencia de tecnología y una radiografía profunda de cómo se va a llegar a la reducción de emisiones si ellos son los que proveen al mundo de las materias primas necesarias del comercio internacional. A la vez que señalan las lógicas contraproducentes que han generado los mercados de bonos de carbono. En este escenario, Brasil propone una coalición Abierta para la Integración de Mercados de Carbono para armonizar normas y transparencia entre los sistemas de comercio de carbono existentes.

Por otro lado, y muy ligado a los procesos de descarbonización, dejar de depender de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) y reemplazarlos por fuentes limpias y procesos sostenibles que permitan reducir drásticamente las emisiones de carbono, existe el gran debate sobre cómo debe darse la transición hacia las energías renovables. Establecer una hoja de ruta hacia el abandono de los combustibles fósiles es crucial, sin embargo, establecer una regulación clara sobre la transición energética también, ya que una vez más, está marcada por las grandes desigualdades entre actores. Los Estados del Sur Global son los principales proveedores de materias primas para elementos como las baterías, las cuales necesitan grandes cantidades de minerales como el litio o el cobalto, que desde hace décadas reproducen las desigualdades socioeconómicas y generan importantes procesos de violencia hacia poblaciones del sur global.

Establecer un marco hacia una transición energética justa y con mirada ecosocial, y con afectaciones estructurales, es imprescindible para lograr un horizonte de justicia ambiental y social, que, no obstante, actualmente parece imposible. De hecho, uno de los muchos ejemplos de tensiones sociales sobre las transiciones energéticas se da en Brasil, donde comunidades locales exponen las contradicciones de la celebración de la COP en la Amazonia, siendo uno de los grandes focos de desforestación, a la vez que remarcan las lógicas extractivistas (modelo económico de explotación y exportación de materias primas) del Estado de Brasil, mientras plantea una transición energética como solución global que a la práctica reproducirá las dinámicas de desigualdad socioeconómica y ambiental.

Un contexto en el que es crucial la transferencia de tecnología y una radiografía profunda de cómo se va a llegar a la reducción de emisiones

Una vez más, la Agroecología no parece que vaya a tener un peso destacado en el encuentro, más allá de ser nombrada como mecanismo de soberanía alimentaria, siempre que sea de proximidad o de comercio justo, y como engranaje capaz de contribuir a la mitigación y aumento de la resiliencia hacia la crisis climática.

En definitiva, la COP30 en Brasil representa una oportunidad para que la comunidad internacional avance en el complejo diálogo sobre la prevención y mitigación del cambio climático, integrando temas cruciales. No obstante, la multitud de perspectivas de los actores y sus intereses, a la vez que la profundidad de las dinámicas climáticas que abarcan ámbitos como las desigualdades socioeconómicas y las relaciones internacionales, parece que van a estar en el centro.

Autora: Gemma Isern Castells, Politóloga, Máster en Relaciones Internacionales, Seguridad y Desarrollo

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