El verano es una de las épocas más agradecidas de la huerta. Después de meses de trabajo, el campo nos devuelve una gran variedad de verduras llenas de color, sabor y vitalidad.

Fotografía cedida por Josep Mestres

Es el momento en el que las plantas expresan todo su potencial y en el que la tierra mediterránea nos ofrece algunos de los productos más esperados de la temporada. Entre ellos, este año quisiera destacar cuatro verduras que para nosotros tienen un valor especial: el pimiento de Padrón, el pimiento California, el calabacín blanco catalán y el calabacín catalán.

Hablar de verduras de verano es hablar de cocina cotidiana, platos sencillos y producto fresco. Pero también es hablar de campesinado, de tiempo, de observación y de respeto por los ritmos naturales.

En el campo, cada variedad tiene su carácter, sus necesidades y su forma de crecer. Y esto se nota después en la cocina y en la mesa.

Hablar de verduras de verano es hablar de cocina cotidiana, platos sencillos y producto fresco.

El pimiento de Padrón es uno de los grandes protagonistas del verano. Pequeño, tierno y sabroso, es una variedad que invita a una cocina simple, sin apenas intervención: un buen aceite de oliva, un poco de sal y fuego vivo.

Su atractivo es precisamente esa mezcla entre textura fina, frescura y ese punto juguetón que lo hace tan reconocible. Es un producto que funciona muy bien como tapa, entrante o acompañamiento, pero que sobre todo nos recuerda que la calidad no necesita artificios.

El pimiento California, en cambio, nos aporta carnosidad, dulzura y versatilidad. Es una verdura que admite múltiples usos: crudo en ensalada, horno, escalivado, relleno o salteado.

Su color vivo y su textura firme lo convierten en una pieza muy apreciada tanto en casa como en cocina profesional. En verano es un imprescindible porque da mucha vida a los platos y combina perfectamente con otras hortalizas de temporada.

Producir verduras de verano desde la agricultura ecológica significa trabajar con respeto por la tierra, favorecer la biodiversidad y entender que la calidad comienza mucho antes de la cosecha.

En cuanto al calabacín blanco y al calabacín, son dos ejemplos muy claros del valor que tienen las variedades cercanas y arraigadas en el territorio. El calabacín es una hortaliza muy generosa en el huerto, muy vinculada a la cocina mediterránea y muy adaptable a diferentes elaboraciones.

Se puede cocinar a la plancha, al horno, en tortilla, en crema, relleno o incluso crudo, cortado bien fino.

El calabacín blanco destaca por su suavidad y por una textura especialmente delicada. Tiene una gran capacidad para integrarse en platos ligeros y de verano, manteniendo siempre un gusto agradable y limpio.

El calabacín, por su parte, nos ofrece también esta frescura característica, pero con la personalidad propia de las variedades que forman parte de nuestro paisaje agrícola y gastronómico.

Cuando hablamos de producto ecológico y de proximidad, no hablamos solo de un sistema de cultivo. Hablamos también de conservar sabores, variedades y formas de hacer que tienen sentido en nuestro territorio.

Producir verduras de verano desde la agricultura ecológica significa trabajar con respeto por la tierra, favorecer la biodiversidad y entender que la calidad comienza mucho antes de la cosecha.

En verano, más que nunca, vale la pena llenar la cocina de verdura fresca, de temporada y cercana. Son productos que nos conectan con el momento del año, con el paisaje y con una forma de comer más consciente.

Y también son una manera de dar valor al trabajo del campesinado, que es quien hace posible que estos sabores lleguen, cada día, a nuestras mesas.

Autor: Josep Mestres, Socio de Hortec de Benifallet. Cooperativa de Producción Ecológica y Proximidad.

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