Al natural, tostados, con o sin cáscara, enteros o troceados, en forma de crema, combinados con chocolate, incorporados a helados, dulces y salsas saladas… Los pistachos están creando tendencia en el mundo de la alimentación. Atraen por su color y su sabor, pero también por sus propiedades nutricionales. Fuente de grasas saludables, hidratos de carbono, proteínas vegetales, fibra y antioxidantes, este fruto seco cada vez convence a más consumidores y productores.

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Frutos pequeños pero muy nutritivos

Según apunta la Fundación Española de la Nutrición, constituyen un alimento muy calórico, rico en grasas insaturadas (o «grasas buenas»), vitaminas y minerales, destacando su contenido de fósforo, calcio, magnesio, zinc, hierro y potasio. Se calcula que una ración de pistachos cubre el 15% de las ingestas diarias de fósforo, mineral clave para el correcto mantenimiento de los huesos. En cuanto a las vitaminas, son fuente de tamina y folatos, que contribuyen a la función psicológica normal, además de aportar valores interesantes de vitamina E, aliada en la protección celular contra el daño oxidativo.

Kerman, la reina de las variedades

Según su tamaño y su color, podemos distinguir diversas variedades de pistacho, aunque la más conocida en España y en todo el mundo es la Kerman. Procedente de la provincia de Irán que lleva su mismo nombre, es el tipo de pistacho más demandado por los consumidores por su gran tamaño y su calidad. Los productores y procesadores también muestran su predilección gracias a su alto rendimiento en el campo.

Cultivo ecológico, calidad certificada

En términos de calidad, el cultivo artesanal y ecológico marca la diferencia. Se conoce que el modelo agroalimentario ecológico tiene como objetivo producir sin agotar ni destruir. Para ello, adopta prácticas que evitan la degradación del suelo y de los ecosistemas: evita el uso de pesticidas y fertilizantes de síntesis química, excluye los organismos modificados genéticamente (OMG), mantiene y respeta altos estándares de bienestar animal y vela por la salud del suelo mediante la rotación de los cultivos y estrategias naturales que mejoran la fertilidad de la tierra, entre otras acciones. Todo ello bajo las garantías de la Euro Hoja, el sello oficial que acredita la producción ecológica en la Unión Europea.

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El más alto nivel de sostenibilidad y armonía con la naturaleza

Partiendo del cultivo ecológico de los pistachos, podemos ir más allá, encontrando pistachos biointegrales, una marca de calidad acreditada por el sello Arborigen Biointegral (certificado ambiental más alto y exigente), que pone en valor un método de producción que combina técnicas ecológicas, respeto por el entorno natural y procesos específicos de cultivo para obtener un pistacho de alta calidad.

La certificación biointegral garantiza que los pistachos proceden de cultivos de secano extensivo que dependen de la lluvia como único método de riego, lo que influye positivamente en las propiedades organolépticas del fruto. Asimismo, las parcelas del cultivo se preparan a través de la Restauración Forestal Botánica con especies arbustivas y arbóreas autóctonas (rosales silvestres, sabinas, higueras silvestres, etc.) en setos y lindes. Además, los árboles deben contar con la certificación ecológica y se consiguen a partir de un portainjerto autóctono, Pistacia terebinthus (cornicabra), no híbrido. Todo el proceso de la plantación es a raíz desnuda y manual. Todo ello, sumado a las condiciones climáticas idóneas, permite obtener pistachos biointegrales de sabor y calidad excepcionales.

Autora: Ariadna Coma, Periodista

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