El agua es vida, sostiene los ecosistemas y al mismo tiempo regula el clima de nuestro planeta. Pero es también un recurso finito, y se debe conservar, la cantidad de agua dulce disponible representa menos del 1% del total. Todos juntos debemos ser conscientes del valor de uno de nuestros bienes más preciados, y sin embargo, muy escaso.

nomes aigua

La competencia por el agua plantea un riesgo cada vez mayor para la economía, las comunidades y los ecosistemas. Si el cambio climático sigue elevando las temperaturas medias de Europa y el estado español, cabe  esperar que la escasez de agua se agudice aún más en muchas zonas. Así pues, es esencial gestionar correctamente el agua disponible.

El consumo de agua embotellada puede ser uno de los factores que agrave la escasez en algunas zonas. El consumo de esta supone la privatización de fuentes y acuíferos, implica más emisiones a consecuencia del transporte, y un aumento de la generación de residuos.

La expansión de este negocio en los últimos años, exige a las grandes corporaciones de bebidas y alimentación (Coca Cola, Pepsi Cola, Danone, Nestlé… ) tener cada vez mayor acceso a los recursos hídricos, impulsando la privatización de cursos de agua y acuíferos.

Las cifras del negocio del agua hablan por sí solas. En 1970, el volumen anual de agua embotellada, que se comercializaba en todo el mundo, rondaba los 1.000 millones de litros. En 1980 se dobló el consumo. Sin embargo, es a partir de 1990 cuando el crecimiento ya es exponencial. En España, el sector tiene una facturación anual cercana a los 900 millones de euros, y nos encontramos entre los cinco países más consumidores per cápita de agua embotellada del mundo, con un consumo aproximado de 5.000 millones de botellas cada año.

Las botellas de agua son mayoritariamente de plástico, plástico que requiere de petróleo para su fabricación, y como las tasas de reciclaje y reutilización son muy bajas, la mayoría de estos envases termina en vertederos o son incinerados, con los impactos ambientales que esto provoca. La fabricación de estos envases en España significa unos 330.000 barriles de petróleo.

Hasta ahora, el marketing ha triunfado, y en algunos restaurantes españoles ya se ofrece una carta de aguas junto a la tradicional de vinos. Pero la industria tiene un grave problema, la creación de movimientos de objeción ante el consumo de agua embotellada en todo el planeta. Es una tendencia impulsada por grupos de consumidores que tienen por objetivo redescubrir a los ciudadanos el agua del grifo. Campañas como «Take Neau for an answer«, donde una organización holandesa vendía botellas de plástico vacías para que cada comprador la llenase con agua del grifo, conseguirán cambiar la tendencia de consumo .

Hay que pensar si estamos dispuestos a consumir nuestros acuíferos de montaña, y al mismo tiempo, queremos contribuir a un aumento del consumo energético y de residuos. Las alternativas son claras, debemos consumir el agua potable que nos llega a través de una infraestructura que gasta energía de forma económica, y nos ofrece las mismas garantías de salubridad.

Autor: Enric Cortiñas, Presidente de la Asociación de Naturalistas de Girona

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