El principal ingrediente del chocolate, el cacao, debe su origen a lo que los Aztecas llamaban la bebida de los dioses. La sensación de bienestar y energía que proporcionaba hizo que llegara a Europa en el siglo XVI, donde se endulzaba con miel para reducir su sabor amargo.

Una adicción muy amarga: los daños ambientales y sociales del cacao

Los portugueses fueron los responsables de que llegara a África Occidental, y de ahí que el 60% del cacao que se produce en el mundo proceda de Costa de Marfil y Ghana.

El cacao se ha convertido en una de las materias primas más demandadas del mundo, y es un negocio brillante para las siete multinacionales que controlan el 76% de la industria mundial de productos semielaborados del cacao. Según un informe de la empresa de estudios de mercado Euromonitor, las ventas globales de chocolate crecerán un 6,3% a un récord de 117.000 millones de dólares en 2014, apoyadas en el consumo en la región Asia-Pacífico, donde cada persona comerá el doble de chocolate que hace una década.

«En África 284.000 menores trabajan como cualquier adulto en el cultivo del cacao, y 12.000 lo hacen en condiciones de esclavitud»

El cacao puede ser cultivado bajo la sombra de los árboles nativos en paisajes similares a un bosque natural. Sin embargo, el crecimiento de la demanda está contribuyendo a talar los bosques primitivos para cultivar cacao más intensivamente, y se opta por sembrar híbridos de cacao que requieren una exposición total al sol y la aplicación regular de plaguicidas. Este tipo de cultivo está destruyendo los hábitats naturales de los principales países productores, y se pone en riesgo la salud de las comunidades locales a causa de los productos químicos utilizados que contaminan el suelo.

Para los pequeños agricultores, que producen la mayor parte del cacao, este cultivo también ha sido muy amargo. Mientras las empresas obtienen unos beneficios extraordinarios a partir de los productos elaborados con cacao, la mayor parte de las personas que trabajan en su cultivo en todo el mundo viven por debajo del umbral de la pobreza, con menos de 2 dólares diarios, cuando deberían ganar por su trabajo diez veces más, para salir de la pobreza extrema.

En Ghana y Costa de Marfil la tierra está muerta donde se ha cosechado intensivamente – ya no quedan nutrientes en el suelo – y algunos productores han vuelto a la explotación infantil para aumentar sus beneficios y compensar la falta de productividad de los cultivos. En África 284.000 menores trabajan como cualquier adulto en el cultivo del cacao, y 12.000 lo hacen en condiciones de esclavitud, según la Coordinadora Estatal del Comercio Justo.

A día de hoy sólo el 1% del cacao que se produce en el mundo es de comercio justo, y una cantidad todavía menor se produce de forma responsable con el medio ambiente.

Los consumidores debemos plantearnos el tipo de consumo que hacemos, escoger aquellas formas de consumo más justas, críticas y, porque no, transformadoras.

Autor: Enric Cortiñas, Presidente de la Asociación de Naturalistas de Girona

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