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VSF Justicia Alimentaria Global 18/03/2017
Los derechos de los campesinos también deben cultivarse.

VSF Justicia Alimentaria Global ha participado en el Congreso Internacional sobre Derechos Globales de Campesinos y Campesinas celebrado del 7 al 10 de marzo de 2017 en la ciudad alemana de Schwäbisch Hall, una localidad estratégica durante la Gran Guerra Campesina del siglo XVI.

El congreso ha contado con la participación de más de 400 campesinos, pastoralistas, apicultores, pueblos indígenas, migrantes y temporeros, mujeres del mundo rural, representantes de ONG, académicos, juristas y representantes políticos de más de cincuenta países, con el objetivo de intercambiar puntos de vista acerca del proceso actual de redacción de una Declaración sobre los derechos de los campesinos y campesinas y de otras personas trabajadoras del medio rural de Naciones Unidas.

Esta declaración comenzó a gestarse hace más de 15 años y ahora, bajo el impulso del Gobierno de Bolivia, ha vuelto a tomar partido en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. En mayo de 2017 se llevará a cabo la cuarta ronda de negociación y se espera que se establezcan las bases para que sea una referencia en la defensa de los intereses de los campesinos y campesinas frente a los intereses del agronegocio, de los Estados y del capitalismo global. El propósito no es otro que dar legitimidad a las demandas del movimiento campesino y visibilizar su valor social, cultural y ambiental, a la vez que establecer un marco para que las naciones desarrollen iniciativas legislativas estatales de protección al campesinado y al medio rural en las que se prioricen los derechos humanos y no los intereses de las multinacionales.

La agricultura está estrechamente ligada a la pobreza. Los pequeños campesinos y campesinas son uno de los colectivos más pobres de la población a nivel mundial y sufren de manera directa las consecuencias del capitalismo y el cambio climático. Por este motivo,buena parte del congreso se ha destinado a identificar las principales amenazas al medio rural que empujan a sus habitantes al éxodo rural y los condena a la pobreza. A esto se suma la doble discriminación que sufren las mujeres rurales por la inexistencia de justicia de género: no son sujeto de derechos, no tienen el control de la propiedad de la tierra y padecen una sobrecarga de trabajo laboral, familiar y emocional.

La concentración de tierras es cada vez más evidente en todos los países del mundo, impulsada por un modelo de desarrollo y de producción que destruye la biodiversidad y el medio ambiente y contribuye el cambio climático. El acaparamiento de tierras, la especulación alimentaria, la erosión y la contaminación del suelo, los agrotóxicos, la falta de acceso al agua, la privación del derecho a la autodeterminación cultural y del derecho a guardar e intercambiar semillas, la desprotección de la naturaleza o la criminalización son algunas de las principales problemáticas abordadas que deberán tratarse de manera prioritaria.  En definitiva, grandes corporaciones, en connivencia con los Estados, se apropian de los recursos naturales como la tierra, el agua y las semillas, y el campesinado se encuentra amenazado y criminalizado por defender sus derechos y el medio ambiente. 

La labor de los pequeños agricultores familiares para el bienestar colectivo es fundamental. La agricultura familiar enfría el planeta, puede abastecer a la población de alimentos nutritivos, locales y de calidad, protege la biodiversidad y el medio ambiente y contribuye a la preservación de la cultura y las condiciones de vida. Sin vida en el campo, no puede haber vida en el planeta.

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