Microorganismos vs fertilizantes químicos: al rescate del suelo microorganismes fertilitzants

Ante el aumento del calentamiento global y la actual crisis medioambiental, la agricultura se enfrenta a un doble desafío: producir alimentos de acuerdo a las condiciones climáticas venideras y hacerlo de forma más respetuosa con el entorno. Para afrontar ambos retos resulta fundamental replantear las prácticas agrícolas actuales; entre ellas las vinculadas a la fertilización de los cultivos.

Se nos acumulan los fertilizantes

En general, el sector agrícola se rige por una única premisa: producir constantemente y al máximo posible. Y para lograrlo emplea, entre otras sustancias, ingentes dosis de fertilizantes y abonos que aportan a las plantas los nutrientes que han perdido los suelos explotados.

Sin embargo, a los cultivos no les da tiempo a absorber las elevadas dosis de estos productos  y sus compuestos terminan depositándose en el entorno. Algunos se volatilizan y se acumulan en el aire, principalmente, en forma de óxido nitroso (un gas que aumenta el calentamiento global en un 300% respecto al dióxido de carbono). Otros penetran por lixiviación o por corrientes de agua en las aguas subterráneas. Las consecuencias de ello son alarmantes.

Por ejemplo, en España, los abonos nitrogenados han provocado que el 41% de los acuíferos catalanes hayan superado el límite legal de nitrocompuestos. O que en Aragón, 11 tramos de ríos y 36 sistemas de agua subterránea –más de un tercio del total- estén contaminados por nitratos, o en riesgo de estarlo. Del mismo modo, el Mar Menor lleva años sufriendo graves problemas de eutrofización –acumulación de residuos orgánicos en ecosistemas acuáticos– a causa de los fertilizantes y abonos agrícolas.

Los abonos nitrogenados han provocado que el 41% de los acuíferos catalanes hayan superado el límite legal de nitrocompuestos

Pese a ello, durante los últimos cinco años, el uso de fertilizantes nitrogenados, fosfatados y potásicos no ha parado de aumentar en nuestro país, según la Asociación Nacional de Fabricantes de Fertilizantes (ANNFE). Y lo mismo a escala global. La FAO vaticina que en 2018 se usarán más de 200 millones de toneladas en el mundo.

Frente a estas previsiones, se suceden las investigaciones para encontrar nuevas fórmulas de fertilizar los cultivos. Los microorganismos beneficiosos para el suelo, también conocidos como bioestimulantes o inoculantes microbianos, son una de las alternativas más prometedoras.

Esta tecnología se basa en preparados de microorganismos específicos que mejoran la salud del suelo, y, por lo tanto, el desarrollo de las plantas de múltiples formas: facilitando el acceso a nutrientes, fijando el nitrógeno atmosférico, mejorando la absorción de agua o actuando como agentes de control biológico. Además, cumplen con las carencias de los abonos convencionales: son biodegradables, renovables, no son tóxicos para la flora y fauna auxiliar y no generan residuos.

Microorganismos vs fertilizantes químicos: al rescate del suelo

Resultados prometedores

Recientemente un metaestudio, realizado por el Instituto de Investigación Orgánica (FiBL) y la Universidad de Basilea, examinó la bibliografía científica de 171 trabajos sobre bioestimulantes para evaluar el rendimiento de este tipo de fertilizantes.

Esta investigación, publicada en la revista Frontiers in Plant Science, concluyó que los inoculantes microbianos pueden mejorar la eficiencia de las plantas para captar fósforo y nitrógeno (elementos esenciales para el desarrollo de estos seres vivos). Y, en consecuencia, reducir los costes de fertilización e incrementar hasta en un 40% la productividad de las cosechas.

Además, los autores del trabajo observaron que, por lo general, los bioestimulantes  tienen un mayor rendimiento en áreas secas, como el mediterráneo o zonas tropicales secas de India o África. Una circunstancia que cuadra con el hecho de que también constataron que cuanto más elevado es el contenido de humus en el suelo (producido por la presencia de hongos y bacterias descomponedoras) más difícil resulta el establecimiento de los microorganismos introducidos de forma artificial, y por lo tanto la eficacia de los mismos.

Este resultado es de especial interés, ya que de cara al clima venidero, más seco y caluroso, el uso de inoculantes microbianos podría ser clave como estrategia de adaptación para cultivar plantas alimentarias.

El estudio también certificó la relación entre el contenido de fósforo del suelo y la eficiencia de los microorganismos introducidos. Con los datos obtenidos y las nuevas líneas de investigación actuales, los expertos confían que en un futuro se pueda llegar a producir cepas de microorganismos específicos en función de las necesidades de cada suelo.

Los expertos confían que en un futuro se pueda llegar a producir cepas de microorganismos específicos en función de las necesidades de cada suelo

Nuevo marco legislativo

Mientras tanto, los inoculantes microbianos van ganado terreno en todo el mundo. En Australia, Estados Unidos, México y otros países sudamericanos ya se han convertido en una práctica agrícola establecida.

En cambio, en España todavía no se han consolidado, debido, en gran medida, a que hasta finales de 2017, está tecnología no estaba incluida en la legislación que regula el uso de fertilizantes. No obstante, ahora que cuenta con un marco legislativo (Real Decreto 999/2017) y nuevas normativas de certificación es previsible que, en los próximos años, se comercialicen y empleen más estos productos.

Aun así, desde la Asociación Española de Fabricantes de Agronutrientes (AEFA) lamentan que este nuevo marco legal no incluya más tipos de bioestimulantes. Y subrayan el descontento de los productores por el alto coste de certificación y el desequilibrio de reparto de responsabilidades, cargadas fundamentalmente sobre los fabricantes.

De cara a 2020 el impulso del sector podría ser todavía mayor, una vez se apruebe el Reglamento Europeo para el uso de Fertilizantes y Bioestimulantes. A la espera de esta regulación, la ciencia continúa desarrollando esta tecnología que aspira a ‘revitalizar’ los terrenos agrícolas.

Autor: Juan Gayá, Periodista ambiental y científico

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