¿Qué tienen estas bebidas que están tan de moda? Lejos de los clásicos refrescos o de bebidas tan básicas como el agua, el mercado está lleno de opciones cada vez más variadas. Bebidas energéticas y bebidas funcionales ofrecen un gran abanico de beneficios y promesas. Es importante diferenciar las características de ambos tipos para poder valorar con criterio qué nos puede interesar o, todo lo contrario, qué puede no ser adecuado para nosotros.
Bebidas energéticas
Llevan ya unos 25 años en el mercado español y algo más en otros países europeos. Durante muchos años este tipo de productos se ha basado en una formulación basada principalmente en agua, azúcares y sustancias estimulantes como la cafeína y la taurina. Con el tiempo a estas bebidas se les fueron añadiendo otros ingredientes como vitaminas del grupo B, ginseng, L-carnitina, etc., y, por supuesto, aromatizaciones diferentes para ofrecer sabores al gusto de casi todos.
El contenido en cafeína puede ir de unos 80 mg por lata, lo que corresponde aproximadamente a un café expreso, hasta 200 mg según el producto y el volumen de la porción. A esto hay que sumarle el efecto excitante de los otros ingredientes.
Los fermentados tendrán un buen recorrido en los próximos años también en el sector de los refrescos naturales
Hay dos aspectos clave en cuanto a adecuación nutricional y posibles efectos adversos que hay que tener en cuenta. En primer lugar, las bebidas energéticas tienen, por regla general, una gran cantidad de azúcares añadidos y esto, obviamente, hace que no sean una opción saludable a la hora de beber algo. Por supuesto, hay algunas opciones sin azúcares añadidos, pero están cargadas de edulcorantes que tampoco acaban de ser lo mejor. En segundo lugar, tienen una cantidad elevada de cafeína y otras sustancias estimulantes que pueden no ser seguras para algunas personas o con un consumo no adecuado, sobre todo en gente joven.
Según un informe del año 2021 de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), el consumo de bebidas energéticas ha experimentado un aumento sustancial durante las últimas décadas, alcanzando en España el 2% del total de bebidas refrescantes.
Las bebidas energéticas, debido a su composición en estimulantes, afectan al sistema nervioso y alteran los ritmos circadianos
La AESAN indica que no son bebidas adecuadas para niños ni para mujeres embarazadas o en período de lactancia y recomienda que el consumo sea de bebidas energéticas con contenidos bajos de cafeína para evitar y disminuir la probabilidad de afectación del sueño y otros efectos adversos sobre la salud. Este informe de la AESAN se elaboró ya que unos años antes, en 2013, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publicaba un estudio sobre la compra de estos productos y alertaba de que aproximadamente el 68% de los entrevistados entre 10 y 18 años eran consumidores. De ellos, el 12% presentaban una ingesta “crónica alta”, con una media de 7 litros al mes, una auténtica barbaridad.
Las bebidas energéticas, debido a su composición en estimulantes, afectan al sistema nervioso y alteran los ritmos circadianos, especialmente el de sueño y vigilia e, incluso, tomadas en cantidades excesivas pueden llegar a provocar taquicardias e hiperexcitabilidad. Y esto es especialmente preocupante entre los adolescentes ya que, además, estas bebidas no aportan nada nutricionalmente, pero sí sacian, por lo que hacen que la dieta de los jóvenes sea más inadecuada mientras están hiperestimulados de forma “antinatural”.
Los riesgos se multiplican si se consumen bebidas energéticas junto a alcohol, puesto que se ingieren dos sustancias de manera simultánea y con efectos totalmente contrarios en el sistema nervioso, un estimulante y un depresor respectivamente. Esto es muy peligroso y los síntomas pueden comenzar por inestabilidad y mareos, pero al ser similares a los efectos que provoca el mismo alcohol, son difíciles de detectar y pueden llevar a no darles importancia y, en última instancia, esta mezcla puede ser un cóctel que, en casos graves, ha llevado incluso a paros cardíacos.
Actualmente encontramos versiones más soft de estas bebidas, con ingredientes más naturales y niveles menos elevados de estimulantes a base de ingredientes como el té verde, el té matcha, el mate o la guaraná. Pero en realidad estas propuestas han derivado a otra categoría de bebidas, las funcionales, porque los consumidores queremos cuidarnos cada vez más.
¿Qué entendemos por bebidas funcionales?
Son bebidas que se presentan como aliadas para la salud, ya sea para el intestino, el sistema inmunitario, para detoxificar o para despejar la mente durante el típico bajón de la tarde. Fuera de Europa, sobre todo en Estados Unidos, el auge de estas bebidas es imparable, con tal presencia en las estanterías de los supermercados que se hace casi imposible no consumirlas.
Fibras prebióticas, vitaminas, antioxidantes o ingredientes como el coco, el jengibre o la cúrcuma son ejemplos de componentes que suelen combinar. Y productos como la kombucha, una bebida fermentada a base de té, se podría incluir en esta categoría también al igual que el kéfir de agua. De hecho, los fermentados tendrán un buen recorrido en los próximos años también en el sector de los refrescos naturales.
Dentro de este grupo también encontramos las bebidas funcionales para mejorar la hidratación que suelen ser mezclas ligeras de jugos naturales y electrolitos, a veces con vitaminas y también otra subcategoría que es la de los shots, en pequeñas dosis concentradas que ofrecen un beneficio concreto, por ejemplo, mejorar la concentración sin necesidad de incorporar excitantes.
En Europa el mercado está emergiendo con propuestas muy variadas e interesantes que deben cumplir la normativa europea sobre las declaraciones de propiedades nutricionales y saludables de los alimentos para hablar de sus beneficios. Así que, ante un mercado con tantas propuestas lo más importante es leer bien los etiquetados para saber qué bebida puede encajar con lo que necesitamos.
Autora: Laura I. Arranz, Dra. Farmacéutica y Dietista-Nutricionista.
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