Comer menos carne para salvar el clima. La propuesta es tan clara como revolucionaria en una sociedad como la nuestra en que tradicional y equivocadamente se ha asociado el consumo de carne con desarrollo y riqueza. Analicemos el impacto climático que genera el consumo de carne.

Comer menos carne para salvar el clima. La propuesta es tan clara como revolucionaria en una sociedad como la nuestra en que tradicional y equivocadamente se ha asociado el consumo de carne con desarrollo y riqueza.

Impacto climático: el consumo de carne

Ahora, la crisis climática que afecta a nuestro planeta requiere actuaciones urgentes y contundentes, y una de ellas es la adopción de conductas como la disminución en el consumo de carne con el objetivo de reducir la emisión a la atmósfera de gases de efecto invernadero. Así lo destaca el informe especializado ‘El cambio climático y la tierra’ publicado este verano en Ginebra por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC por las siglas en inglés).

Las alusiones al desmesurado consumo de carne que se incluyen en el informe del IPCC han provocado un enorme revuelo internacional y una respuesta airada de buena parte del sector de producción y comercialización de productos cárnicos. En el fondo, no obstante, los expertos del IPCC no han hecho más que recopilar y actualizar datos que se conocen desde hace más de una década, y que indican que la ganadería es uno de los sectores con mayor impacto en el global de emisiones de gases como el metano (procedente en buena parte de la fermentación intestinal de los animales).

La ganadería intensiva es un problema ambiental

En 2006, la FAO publicó uno de los primeros y mejor documentados informes sobre los problemas ambientales de la ganadería intensiva (La sombra alargada de la ganadería) pero la respuesta internacional fue entonces de incredulidad y casi menosprecio. Ahora ha sido el organismo científico creado por la ONU para el estudio del cambio climático, el IPCC, quién vuelva a poner sobre la mesa la necesidad de replantear el futuro del consumo de carne entre la larga lista de acciones necesarias para atajar la crisis climática global.

El ganado es uno de los principales responsables de los graves problemas medioambientales de hoy en día

El documento de la FAO, de hace más de 10 años, explicaba que “el sector ganadero genera más gases de efecto invernadero -el 18%, medidos en su equivalente en dióxido de carbono (CO2)- que el sector del transporte, y también es una de las principales causas de la degradación del suelo y de los recursos hídricos”. “El ganado es uno de los principales responsables de los graves problemas medioambientales de hoy en día. Se requiere una acción urgente para hacer frente a esta situación”, aseguraba en 2006 Henning Steinfeld, Jefe de la Subdirección de Información Ganadera y de Análisis y Política del Sector de la FAO, y coautor del estudio.

Los cálculos de aquel momento indicaban que “la producción de carne se duplicará, desde los 229 millones de toneladas anuales en el período 1999/2001 hasta los 465 millones de toneladas en 2050, al tiempo que la producción lechera se incrementará en ese período de 580 a 1.043 millones de toneladas”.

Ulteriores informes sobre el impacto climático

El nuevo informe del IPCC indica, por su parte, que “el uso de la tierra para fines agrícolas, silvícolas y de otra índole supone el 23% de las emisiones antropógenas de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo, los procesos naturales de la tierra absorben una cantidad de dióxido de carbono equivalente a prácticamente una tercera parte de las emisiones de dióxido de carbono causadas por la quema de combustibles fósiles y la industria», según ha explicado Jim Skea, copresidente del Grupo de Trabajo III del IPCC, encargado de la preparación de este informe.

Si se contabilizaran también las emisiones relacionadas con el conjunto del sistema productivo de alimentos (transformación, transporte, residuos…), algunas estimaciones apuntan a que la aportación de este ámbito podría alcanzar hasta el 37% de la contribución neta de las emisiones totales, recuerda el informe de este organismo de la ONU.

En paralelo, entre un 25-30% de los alimentos producidos se pierden o se convierten en desperdicios, mientras que 821 millones de personas están desnutridas y unos 2.000 millones de adultos son obesos o tienen sobrepeso.

De forma global, los impactos intensivos de la agricultura y el sistema de producción de alimentos han agravado la erosión de los suelos y reducido la cantidad de materia orgánica presente en el terreno.

El uso de la tierra para fines agrícolas, silvícolas y de otra índole supone el 23% de las emisiones antropógenas de gases de efecto invernadero

Después de recordar que “algunos patrones alimentarios requieren más agua y tierra y provocan, en comparación con otras alternativas, más emisiones de gases que atrapan el calor», la profesora  Debra Roberts, copresidenta del Grupo de Trabajo II del IPCC, explicó que la propuesta que defiende este informe pasa por la aplicación a escala global de «dietas equilibradas basadas en alimentos de origen vegetal (como cereales secundarios, legumbres, frutas y verduras) y alimentos de origen animal producidos de forma sostenible en sistemas que generan pocas emisiones de gases de efecto invernadero; alternativas que presentan mayores oportunidades de adaptación al cambio climático y de limitación de sus efectos».

El informe del IPCC destaca que la modificación de los hábitos de alimentación es una de las alternativas -pero no la única- para avanzar en la lucha contra el cambio climático y la degradación del medio ambiente en general y de la calidad de los suelos en particular. Pese a la importancia que han dado diversos medios de comunicación al apartado de consumo de carne, el informe de este organismo de la ONU se muestra muy precavido a la hora de cuantificar la reducción estimada para conseguir beneficios notables en las emisiones que hasta ahora proceden de la cría de vacuno, ovino y porcino.

Informe del World Resources Institute

Para tener datos más concretos sobre este apartado, por ejemplo, debemos tener en consideración otro informe técnico, Creating a Sustainable Food Future, publicado también este verano por el World Resources Institute. En este estudio se afirma que, además de las mejoras tecnológicas y el mejor aprovechamiento de los recursos, “la mayor oportunidad relacionada con la dieta radica en limitar el crecimiento global de la demanda de carne de vacuno y ovino”. En concreto se propone que los habitantes de los países desarrollados reduzcan un 40% el consumo de carne de ganado vacuno, en relación al consumo de 2010, con el objetivo de alcanzar los objetivos globales de lucha contra el cambio climático en el horizonte de 2050.

Documentación:

Autor: Joaquim Elcacho, Periodista especializado en Medio Ambiente y Ciencia

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Bio Eco Actual Diciembre 2020

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