Nuestra salud depende del bienestar de todos los ecosistemas que nos rodean, incluido el suelo. Cada vez somos más conscientes de la importancia de cuidar el medioambiente y de ser sostenibles, pues eso es imprescindible para mantener la salud del planeta y de nosotros mismos. Y, aunque no se hable tanto de ello, es de vital importancia mantener la salud de nuestros suelos, en ellos radica la esencia de la vida en forma de nutrientes y otras sustancias que se trasladan a los alimentos que comemos. Si el suelo se empobrece y pierde su salud, nosotros también.

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Sin suelo no hay vida

El suelo es el sustrato donde crece la vida, en él se desarrollan las plantas y con ellas todo el resto de las especies vivas en el planeta. A nadie se le escapa el hecho de que en un desierto es muy difícil, por no decir imposible, sobrevivir sin recursos externos, pues no se puede obtener nada de alimento de la tierra. En nuestra Tierra hay zonas llenas de vida, como las selvas del Amazonas o los bosques de Europa, zonas dedicadas a la agricultura, cada vez más extensas e intensivas por la gran demanda y crecimiento de la población y zonas desérticas en las que ya nada puede crecer y nada se puede plantar. El suelo es un ecosistema vivo, en su salud participan muchos elementos como la presencia de hojarasca, microorganismos, como hongos y bacterias, e incluso pequeños animales, como las lombrices, que hacen que las condiciones de temperatura, humedad y oxigenación sean buenas y el nivel de materia orgánica y minerales sea óptimo. Eso es un suelo fértil, con una buena salud que garantiza la nuestra y la de otros seres vivos. Sin suelo no hay vida.

Un suelo fértil con una buena salud garantiza la nuestra y la de otros seres vivos

Ya desde la década de 1940 se empezó a estudiar el impacto de las técnicas agrícolas en la calidad del suelo, mostrando entonces ya que éstas podían afectar a la densidad de nutrientes de los cultivos. A partir de ahí la controversia estaba servida sobre las diferencias nutricionales entre los cultivos orgánicos o ecológicos y los convencionales. Estudios más recientes nos muestran que las diferencias más consistentes entre los cultivos ecológicos y los convencionales concluyen que los cultivos convencionales contienen mayores niveles de pesticidas, mientras que los cultivos ecológicos contienen niveles más altos de sustancias bioactivas como los polifenoles que muestran propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que protegen nuestra salud. La agricultura ecológica es más respetuosa con el medio ambiente, menos intensiva y tiende a mantener algo mejor la salud del suelo respecto a las prácticas agrícolas convencionales que lo degradan progresivamente. Sin embargo, ambos métodos dependen de eliminar la «maleza» del suelo y eso, en cualquier caso, altera su salud, reduciendo su materia orgánica y su biodiversidad y limitando su capacidad de aportar esos nutrientes y sustancias positivas para nuestra salud. De todos modos, en ambos casos se puede mejorar esa situación con técnicas que aseguren una buena cantidad de materia orgánica, con el uso de compost, el enriquecimiento microbiano y asegurando la presencia del mantillo o humus. Por eso, los efectos de la agricultura en la densidad nutricional de nuestros alimentos no dependen únicamente de si se trata de la práctica convencional o la ecológica.

Los cultivos ecológicos contienen niveles más altos de sustancias bioactivas que muestran propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que protegen nuestra salud

Varias comparaciones realizadas en estudios independientes indican que las prácticas agrícolas regenerativas o agricultura de conservación mejoran los perfiles nutricionales de los cultivos e incluso del ganado. Las prácticas regenerativas que combinan el barbecho o descanso de la tierra durante un tiempo, los cultivos de cobertura con plantas herbáceas en alternancia con los cultivos o en coexistencia y la rotación de las especies cultivadas, produjeron cultivos con niveles más altos de materia orgánica del suelo y niveles mayores de ciertas vitaminas, minerales y sustancias bioactivas. Curiosamente, esas eran las prácticas habituales en la generación de nuestros abuelos, el desarrollo ha ido más allá de las capacidades de la tierra. Para comer alimentos más ricos nutricionalmente y que eso repercuta positivamente en nuestra salud, debemos cuidar nuestros suelos.

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¿Qué podemos hacer?

El suelo fértil se está extinguiendo. Hasta la fecha, la agricultura ha degradado hasta un tercio de las tierras agrícolas potenciales del mundo y, según un informe reciente de las Naciones Unidas, la humanidad sigue camino de degradar otro tercio de la producción agrícola mundial en el transcurso de este siglo. Parece ser que, a menos que cambiemos la forma cómo gestionamos el suelo, más del 90% podría degradarse de aquí a 2050, y la crisis alimentaria mundial será inevitable (Frontiers in Sustainable Food Systems). Es momento de pasar a la acción.

Las cuestiones ecológicas son de máxima prioridad y así deberían serlo para los gobiernos de todo el mundo

Hace muchos años que se lucha por una humanidad más respetuosa con el medioambiente, pero ahora las cuestiones ecológicas son de máxima prioridad y así deberían serlo para los gobiernos de todo el mundo. Cada uno de nosotros puede colaborar en que esto sea así y cuantas más personas seamos conscientes de la importancia de este tema, mejor. El hecho de consumir comida ecológica o de producción integrada y especialmente de pequeños productores locales que tengan esta sensibilidad y cuiden el suelo que cultivan es una ayuda, pero no es suficiente. En la actualidad, los dos instrumentos más importantes con los que contamos son nuestra voz y nuestro voto. Nuestra voz para mostrar a los gobiernos nuestra preocupación por el suelo, para concienciar a cuantas más personas mejor sobre el problema y también sobre los beneficios de solucionarlo. Y nuestro voto electoral, para elegir a aquellos que realmente se encargarán de implementar políticas en esta dirección. Todo por un planeta más sostenible, un suelo rico y fértil y una mejor salud de todos.

Autora: Laura I. Arranz, Doctora en Nutrición, farmacéutica y dietista-nutricionista | www.dietalogica.com

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