Margarita Campos (Madrid, 1951) es Presidenta del Comité de Agricultura Ecológica de la Comunidad de Madrid (CAEM). Presente en el mundo de la alimentación ecológica desde 1982, conoce muy de cerca el proceso que realizó el sector de la producción ecológica en España, apostando desde el CAEM por la certificación ecológica como garantía alimentaria.

Margarita Campos

¿En qué momento se encuentra el sector ecológico en la Comunidad de Madrid? ¿Cuáles son los principales desafíos?

La producción, transformación, importación y distribución de productos ecológicos no ha parado de crecer en la Comunidad de Madrid en los últimos 25 años. Cultivos tradicionales como el olivo y el viñedo suponen dos valiosas muestras de la producción ecológica de nuestra región y constituyen magníficos ejemplos de la elaboración, ligada a la tierra, de alimentos de alta calidad.

Pero, además, asistimos a un importante incremento de superficie certificada de cultivos ecológicos, tan novedosos en nuestra zona, como el pistacho. La industria elaboradora y, sobre todo, la importación y la distribución son los sectores de la alimentación ecológica con mayor proyección de crecimiento en nuestra Comunidad. También conviene significar que el aumento vertiginoso de la inflación en la zona euro provocado por la invasión de Ucrania, además de otros factores, y su repercusión en el precio de la energía y, en consecuencia, en el de los alimentos, está frenando, desde 2022 el crecimiento de nuestro sector a nivel estatal y, por ende, también en la Comunidad de Madrid.

«La producción, transformación, importación y distribución de productos ecológicos no ha parado de crecer en la Comunidad de Madrid en los últimos 25 años»

Con respecto a los desafíos con los que se encuentra la producción ecológica en nuestro entorno actualmente, señalaría, al menos, estos tres:

  • La presión que ejercen ciertas empresas energéticas para la instalación de placas solares en zonas agrícolas, a través de la compra o el arrendamiento a largo plazo de parcelas agrícolas por cantidades de dinero muy atractivas para sus propietarios, lo que unido a la falta de relevo generacional y a unas limitadas ayudas a la producción ecológica, en algunos casos está provocando al arranque de olivos, algunos de ellos centenarios, con la irreparable pérdida de patrimonio social, económico y paisajístico que esto supone. Es imprescindible encontrar el equilibrio coste-beneficio que permita la expansión de fuentes de energía limpias sin que ello signifique la ocupación de terrenos agrícolas de alto valor ambiental y cultural.
  • Los intentos de ocupación del nicho de mercado de los alimentos ecológicos, mediante el uso en las etiquetas y la publicidad de términos que sugieren al consumidor que el producto que adquiere es beneficioso para el medio ambiente y para su propia salud, ha sido una constante desde hace más de treinta años en nuestro país. Como ejemplo podemos poner el uso indiscriminado del término “Bio” por numerosas y renombradas marcas de alimentación a principios de los años 2000, cuando ya estaba regulado a nivel europeo, lo que, unido a la inacción de las distintas administraciones, provocó bastante daño al desarrollo de un incipiente sector ecológico en España. “Sostenible” es actualmente el término de moda en la práctica del greenwashing, a todos los niveles, incluido el de la alimentación. Su uso, no regulado, se ha generalizado, contribuyendo así a generar aún más confusión entre los consumidores. Todo esto nos obliga a trabajar sin descanso para que el consumidor esté correctamente informado y que sepa diferenciar, a través del reconocimiento de la Euro Hoja, los alimentos ecológicos de los que no lo son, aunque lo pretendan y carezcan de argumentos más allá del propio marketing. También es importante significar la aparición de nuevas certificaciones impulsadas por la gran industria alimentaria, con denominaciones llamativas y bien escogidas, sobre ciertas prácticas que ya son inherentes, por concepto y/o normativa, desde siempre a la producción ecológica certificada.
  • La normativa europea que regula la producción ecológica, tras su última renovación, que entró en vigor en enero de 2022, se ha vuelto más enmarañada, si cabe, que su predecesora, añadiendo dificultad para su comprensión por los agentes que deben aplicarla, especialmente los operadores ecológicos, y generando incluso cierto freno a la decisión de solicitar la certificación de sus cultivos, o de la actividad de elaboración o comercialización, para acceder al mercado ecológico. Por otra parte, la gestión de los incumplimientos supuestos de los operadores, se efectúa aplicando procedimientos específicos complejos que, a menudo, se alargan mucho en el tiempo, que requieren disponer de potentes recursos para su tramitación por las entidades de control y que, en ocasiones, terminan perjudicando seriamente a los últimos operadores de la cadena: comercializadores o distribuidores, que raramente son los responsables del incumplimiento. Los legisladores deben redoblar el esfuerzo para simplificar y clarificar la normativa, mejorando así su comprensión por todos y reduciendo las enormes cargas administrativas que hoy en día genera su aplicación. Si no lo hacen, el sector estará tan exhaustivamente reglado que podría morir de éxito.

¿Qué iniciativas está impulsando el CAEM?

Nuestra misión principal es el control y la certificación, por lo que una de nuestras acciones preferentes es facilitar el acceso a la información a los operadores, actuales y potenciales. Para ello, estamos inmersos en un proceso de mejora de nuestra web, buscando que su labor formativa e informativa sea aún más eficaz. También queremos avanzar en el proceso de digitalización de la entidad, desarrollando una plataforma web de tramitación online para operadores y que los trámites administrativos sean más ágiles y eficientes. Además, estamos desarrollando una nueva herramienta global de gestión administrativa y control de operadores, con vistas a una mayor eficiencia en la ejecución del proceso de certificación.

En cuanto a la promoción, para 2024 queremos poner en marcha varias iniciativas que acerquen la producción agroalimentaria ecológica al consumidor. Seguiremos insistiendo en el reconocimiento de la Euro Hoja como principal indicador de que el producto que el consumidor adquiere y consume es ecológico y está certificado, con todas las garantías que ello conlleva. En este sentido, también contemplamos acciones para dar a conocer la labor que desarrolla el CAEM como entidad certificadora pública.

¿Cómo ha evolucionado el número de operadores ecológicos? ¿Existe algún programa específico para apoyar la transición hacia prácticas más sostenibles?

En los últimos 10 años el número de operadores ecológicos en la Comunidad de Madrid ha crecido de forma constante. El aumento del número de operadores, a nivel registro, desde 2013 ha sido de un 44,33%, terminando el 2022 con 547 operadores, un 2,24% más que en el año anterior. La mayoría de nuestros operadores son productores, pero cada vez son más los comercializadores e importadores, que certifican su actividad.

«Queremos poner en marcha varias iniciativas que acerquen la producción agroalimentaria ecológica al consumidor»

En cuanto a la superficie en cultivo ecológico, ha pasado de las 9.383 ha en 2013 a las 13.783 ha de 2022, siendo el incremento del último año 15,6%. Las explotaciones agrícolas ecológicas madrileñas se dedican preferentemente a cultivos de olivar, cereal, viñedo y pastos, mientras que en ganadería destacan la carne de vacuno, la apicultura y la producción de lácteos. Por superficie sometida a control destaca el olivar con 4.143,30 ha, los cereales y leguminosas, con 834,17 ha y la vid, con 603,50 ha. Es destacable el crecimiento de los frutos secos que, en 2022 contaba con 234,41 ha y un crecimiento del 119% respecto a 2021.

La ganadería en nuestra Región también presenta una evolución favorable: el ganado vacuno de carne creció en número de cabezas un 6,52% del 2021 al 2022. La actividad ganadera que más destaca es la producción de leche de cabra, que ha tenido un aumento muy significativo en los últimos años. También es destacable el aumento en un 31%, del número de colmenas desde 2013. Actualmente contamos con 1.581 colmenas de apicultores ecológicos.

Con respecto al sector elaborador, importador y comercializador, nuestra localización geográfica como nudo de distribución nacional e internacional, ha influido notablemente en el crecimiento constante del número de operadores certificados de estos subsectores desde 2013, especialmente los importadores, con un crecimiento del 214% y los comercializadores, con un incremente del 382% en el periodo.

En cuanto a los programas de apoyo específico a la transición de agricultores convencionales a ecológicos, la Comunidad de Madrid, desde finales de los años 90, tiene implementadas ayudas a la conversión a la agricultura ecológica, cofinanciadas con la Unión Europea. Actualmente, los programas que se encuentran en vigor: son el 2019 – 2023 y el 2021- 2023, regulados por la “Orden 985/2018… para la concesión de las ayudas a la adopción y mantenimiento de prácticas y métodos de agricultura y ganadería ecológicas”.

¿Qué acciones se están implementando para estimular la demanda de productos ecológicos?

A pesar de que la mayor parte de nuestros recursos los destinamos a las tareas de control y certificación, mantenemos viva, en la medida de nuestras posibilidades, la labor de información y concienciación a los consumidores, pues son los que tienen el poder de elección frente a la oferta del mercado y de generar con sus decisiones el cambio en los hábitos de consumo.

«Mantenemos viva, en la medida de nuestras posibilidades, la labor de información y concienciación a los consumidores, pues son los que tienen el poder de elección»

También es muy importante la formación del consumidor, no sólo en cuanto a los criterios para la identificación de los productos ecológicos, sino en cuanto a la aptitud para la elección y compra de los productos agroalimentarios más saludables y, sobre todo, saber evitar los que tienen exclusivamente la apariencia artificiosa de saludables.

En 2024 queremos llevar un paso más allá nuestra iniciativa agroalimentaria #Ecolovers y convertirla en un punto de encuentro del consumidor con la alimentación ecológica. Pretendemos que #Ecolovers sea una comunidad en la que estén implicados, además de los consumidores, todos los demás actores de la producción agroalimentaria ecológica. No podemos perder de vista que la alimentación empieza en el campo y por eso, no sólo buscaremos formar a un consumidor responsable, sino que haremos visible la realidad del alimento ecológico, de quién lo produce y por qué. Buscaremos de esta forma fortalecer también la percepción del agricultor y del ganadero ecológico sobre los frutos de su esfuerzo y su implicación con los alimentos que producen y con el medio ambiente. Los ejes principales en los que trabajaremos serán: el reconocimiento de los alimentos ecológicos, las condiciones en las que se producen, las diferencias con respecto al producto convencional, los controles que se ejercen sobre ellos, y su repercusión sobre la conservación de los recursos naturales y el medio rural.

#Ecolovers tendrá un carácter digital, a través de la web y de las redes sociales, en las que desarrollaremos diferentes acciones para que sea un espacio de encuentro dinámico y participativo. También contemplamos realizar webinarios formativos para minoristas sobre el etiquetado y control de los productos ecológicos. Además, realizaremos acciones presenciales, en la medida de nuestras posibilidades, en asociaciones, colegios, etc., para desarrollar diferentes actividades de acercamiento a los alimentos ecológicos a través de talleres y charlas formativas.

¿Cómo veis el futuro de la producción ecológica?

La producción ecológica surgió en nuestro país cuando ciertos consumidores comenzaron a demandar productos saludables a agricultores concienciados, cultivados sin abonos solubles ni pesticidas de síntesis, apareciendo así los primeros grupos de consumo en Andalucía, Cataluña y Canarias. Posteriormente, cuando la superficie en agricultura ecológica y la producción aumentó, los mayoristas descubrieron los mercados centroeuropeos y del Reino Unido y, durante muchos años, la mayor parte de la producción eco española se consumía fuera de nuestras fronteras, el resto, a menudo producto de destrío, se vendía exclusivamente en tiendas especializadas y herbolarios a precios desproporcionados. El siguiente punto de inflexión se produce cuando la gran distribución comienza a interesarse por los alimentos ecológicos, básicamente por una cuestión de imagen, y en pocos años pasan a tener una importante presencia en todos los lineales de los hipermercados. A partir de aquí, el consumo interno aumenta considerablemente.

«#Ecolovers tendrá un carácter digital, a través de la web y de las redes sociales, en las que desarrollaremos diferentes acciones para que sea un espacio de encuentro dinámico y participativo»

La crisis económica que estalla en 2008 y se desarrolla en los años posteriores, no tiene ninguna repercusión significativa en el sector de los alimentos ecológicos, que aguanta el envite con firmeza. Sin embargo, la crisis inflacionista en la que ahora estamos inmersos, el incremento de los tipos de interés, el alto precio de la energía y el aumento desorbitado del coste de la cesta de la compra, sí que ha hecho mella en el sector, que, en general no atraviesa su mejor momento. El consumo de los alimentos más caros ha disminuido sensiblemente, y esto incluye los alimentos ecológicos que, salvo en canales de venta directa, siguen siendo algo más caros. El precio de venta siempre ha sido un tema de controversia dentro del sector, además de un argumento repetido sin cesar por nuestros detractores y, también hay que decirlo, un freno para su consumo, hoy, si cabe, más que ayer. Pero ¿qué parte de responsabilidad tiene el productor o el elaborador eco en los precios finales?; ¿se justifica el precio de venta por los costes de producción?, ¿son los márgenes de la gran distribución y demás minoristas especialmente altos para los productos eco? Seguramente todas estas preguntas tengan respuestas complejas, pero, lo que está claro es que el futuro pasa, si o si, por abaratar los precios de venta y democratizar el consumo, lo que redundará en su crecimiento. Y esto es responsabilidad de todos: productores de materias primas, elaboradores, intermediarios, distribuidores, minoristas…, y también gobiernos y legisladores, implementando ayudas a la producción mejor reguladas y con primas más altas, y servicios de certificación exigentes, eficientes y asequibles para el operador, o, ¿por qué no, gratuitos?

Por otra parte, tenemos en el horizonte, ya casi a la vista, el 2030, año en el que tendremos que evaluar el cumplimiento de algunos objetivos de la “Estrategia del Campo a la Mesa” del Pacto Verde Europeo, que señalaba a la agricultura ecológica como herramienta imprescindible para la transformación del sistema agroalimentario de la UE y establecía, para esa fecha, el ambicioso propósito de alcanzar un 25% de la SAU en cultivo ecológico. La mayor parte de los Estados Miembros estamos aún lejos del objetivo, por lo que es sumamente urgente seguir implementando políticas que nos acerquen a él.

Autora: Ariadna Coma, Periodista

Artículo publicado en el Anuario Profesional 2023 – Tendencias 2024.

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