Sabemos que la alergia es una reacción exagerada de nuestro organismo a un agente externo que en principio no es perjudicial pero que nuestro sistema inmune identifica como enemigo. Esto desata toda una cadena de reacciones que dan lugar a síntomas que van desde estornudos, lagrimeo, picor, rinitis, asma, urticaria, dermatitis, diarrea, dolor de garganta, a otros como intestino irritable, vasculitis, esofagitis o shock anafiláctico.

Además de las alergias estacionales hay otro tipo de alergias a agentes cotidianos, como alimentos, que también pueden tener diferentes grados y que se han disparado en los últimos años. El número de personas con algún tipo de alergia ha aumentado en todo el mundo, en especial en los países industrializados.
Un estudio de EEUU publicado en 2019 por la revista JAMA* (Journal of the American Medical Association) muestra que más de 32 millones de personas padecen al menos una alergia alimentaria, entre ellas unos seis millones de niños. Y otro de 2020 publicado en The Journal of Allergy and Clinical Immunology señala que “las visitas al hospital por alergias alimentarias se triplicaron entre 1993 y 2006 y entre 2013 y 2019, se registró un aumento del 72% en el número de niños hospitalizados por anafilaxia”.
En España, una investigación publicada en junio del pasado año por la revista de la Sociedad Española de Pneumología y Cirugía Torácica (SEPAR) en base a los datos de la Encuesta Nacional de Salud, “un 5,7% de los menores de 14 años de España tienen asma y un 11,4% alergia, principalmente rinitis alérgica. Si tenemos en cuenta que en España hay unos 6 millones de personas menores de 14 años, los datos indican que hay alrededor de 795.000 niños con algún tipo de alergia y 397.000 con asma”.
Aunque son múltiples las causas, diversas investigaciones coinciden en la hipótesis de que demasiada limpieza puede estar contribuyendo a que desarrollemos más alergias, asma, enfermedades inflamatorias del intestino y otros trastornos autoinmunes. Y es que la falta de exposición a bacterias, virus y alérgenos impide el desarrollo y maduración normal del sistema inmune.
La ultra higiene, los cambios en los hábitos alimentarios, el uso abusivo o inadecuado de los antibióticos, la exposición a tóxicos, el estrés o las alteraciones en la microbiota intestinal son algunos de los factores principales que los expertos atribuyen a dicho aumento.
Una herramienta milenaria y efectiva en el tratamiento y prevención de las alergias es la micoterapia o micomedicina. Los hongos medicinales, en general, contienen importantes moléculas con efecto antiinflamatorio, inmunomodulador y antioxidante. Como explica Carmen Salgado, licenciada en Farmacia y Experta Universitaria en Naturopatía, “su diversidad de compuestos bioactivos puede ofrecer una estrategia complementaria para el manejo de las alergias, ya que actúan de manera holística en el cuerpo, abordando tanto los síntomas como las causas subyacentes de las reacciones alérgicas. Además, se ha demostrado que algunos de estos compuestos como los beta-glucanos, pueden ayudar a modular la respuesta alérgica al fortalecer el sistema inmunológico y reducir la inflamación, asociada con las alergias”.
Uno de los hongos más destacados por su efecto inmunomodulador y con numerosos estudios clínicos e in vitro es el champiñón del sol (Agaricus Blazei Murril) debido a su mayor contenido en beta-glucanos y a sus efectos de reducción de los síntomas, tanto a nivel de prevención como durante el propio proceso alérgico. Otro hongo con una amplia bibliografía y estudios que lo avalan es el Reishi (Ganoderma Lucidum) que contiene más de 500 moléculas, entre las que se encuentran polisacáridos y triterpenos con acción antiinflamatoria, antihistamínica y antioxidante.

El Reishi junto a la Melena de León (Hericinum erinaceus) ayudan, además, por su efecto prebiótico, a regular el microbiota intestinal, tan vinculado a los procesos alérgicos y las intolerancias alimentarias. Según Salvador Talón, micólogo clínico y desde hace 23 años miembro del de la Sociedad Micológica de Valencia (SOMIVAL) “en el caso de la melena de león, además del efecto inmunomodulador y prebiótico, tiene la capacidad de ayudar a calmar, proteger y cicatrizar la mucosa intestinal, disminuyendo así la inflamación, la permeabilidad intestinal y, por tanto, mejorando las funciones inmunitarias, que son clave en las patologías autoinmunitarias y las alergias”.
El Cordyceps (Ophio Cordyceps Sinensis) que es muy conocido sobre todo por su efecto antiedad, también cuenta con diversos estudios sobre su acción en la función respiratoria y pulmonar, por lo que también se suele emplear en el asma.
La importancia de consumir hongos ecológicos certificados
Los hongos son grandes bioacumuladores y con una enorme capacidad adaptógena (se han descubierto hongos en la central nuclear de Chernóbil, en la Antártida y en las costas del Mar Muerto). Actúan como esponjas y pueden absorber todo tipo de residuos así que, si el suelo en el que se cultivan tiene restos de tóxicos, pesticidas o antibióticos los van a absorber y concentrar en su interior. Por este motivo es muy importante su certificación ecológica. “Es imprescindible”, puntualiza Salvador Talón “que siempre, tanto al comerlos como al tomarlos en forma de suplemento, nos aseguremos de que sean de agricultura ecológica y que se certifican los principios activos que contienen, porque acumulan tanto lo bueno como lo malo”.
Autora: Marta Gandarillas, Periodista especializada en Salud Natural, Titulada superior en Naturopatía y Terapeuta de Jin Shin Jyutsu
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