Vivimos tiempos de transformación y de grandes retos globales. Y de ello no escapa el sector agroalimentario, en el que España es líder europeo. Aunque éste representa un 9,2% del PIB, el 11,4% del empleo y casi un 20% de las exportaciones, el sector debe reducir su huella ecológica de manera urgente para no perder su liderazgo, ya que, a día de hoy, es el tercero que más emisiones de gases de efecto invernadero genera en España (un 12% del total) y el principal consumidor de agua (80% del total).

Urge transformar nuestro sistema de producción y consumo y, en este contexto «la producción, distribución y el consumo ecológico suponen un vector clave para que España lidere el mercado agroalimentario europeo, contribuyendo a la descarbonización de la economía y al cumplimiento de los objetivos de reducción de emisiones del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2023-2030. Para ello, uno de cada diez productos que se consuman en 2030 deberá ser ecológico». Así se recoge en el «Decálogo del sector de la producción, distribución y consumo ecológico» elaborado por ASOBIO (Asociación Española de Elaboradores y Comercializadores Ecológico) y Ecovalia (Asociación Profesional Española de la Producción Ecológica), presentado el pasado 27 de marzo a la prensa en la sede de Herbolario Navarro de la calle Fuencarral de Madrid.
Un decálogo que llega tras un año récord para el sector agroalimentario ecológico en el que España fue el país europeo con mayor producción ecológica, con casi 3 millones de hectáreas y 58.500 productores certificados y más de 4000 tiendas especializadas. «El consumo ecológico lleva años creciendo por encima del convencional”, ha destacado el presidente de ASOBIO, David Caré. «Con una facturación superior a 3.000 millones de euros, este volumen «se puede triplicar» con políticas y medidas concretas de apoyo y llegar a los a los 10.000 millones para 2030″.
ASOBIO y Ecovalia presentan el decálogo de la producción distribución y consumo ecológico
Es por tanto una oportunidad de incentivar políticas y desarrollar un plan nacional del sector ecológico que permita fortalecer este liderazgo en la producción y trasladarlo al consumo.
«Dejar de coger el avión tiene menos impacto que lo que comemos en casa»
Con esta frase, recalcaba David Caré la importancia y urgencia de impulsar la producción, distribución y consumo ecológico para adaptarnos a los retos medioambientales, económicos y de sostenibilidad como los que se recogen en el Informe de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial de 2024.
«Si no transformamos nuestro sistema de producción y consumo, corremos el riesgo de perder nuestro liderazgo, limitar nuestro crecimiento y no alcanzar los objetivos de Europa. Acelerar la implantación de un modelo de producción y consumo ecológico es cada vez más urgente si queremos reducir los efectos sobre el medio ambiente, frenar la degradación del suelo y garantizar los mejores estándares de bienestar animal y regeneración de los cultivos» destacaban los presidentes de ASOBIO y ECOVALIA.

Además, reclamaba Álvaro Barrera, presidente de Ecovalia, «se debe fomentar el acceso a los productos ecológicos y, a la vez, dar a conocer los beneficios de su consumo a nivel socioeconómico, medioambiental y salud personal». «Sabemos», añade Barrera «que el nuevo consumidor menor de 30 años, está mejor informado y apuesta por un mundo mejor».
España líder en producción ecológica pero aún rezagada en consumo interno
El decálogo llega tras un año récord para el sector agroalimentario ecológico en el que España fue el país europeo con mayor producción ecológica, con esos casi tres millones de hectáreas y 58.500 productores certificados. «El sector bio ha aguantado y se ha recuperado de la última crisis más rápido que el convencional», añadía David Caré. Sin embargo, España continúa siendo una de las economías con menor consumo interno de productos ecológicos en la Unión Europea.
Y es que España es uno de los tres países europeos que no ha desarrollado un plan nacional del sector ecológico. Desde hace años, somos líderes en producción ecológica y aunque el consumo ecológico se ha más que duplicado en los últimos 7 años, la cuota de consumo en 2023 todavía representa solo un 3,5% del total1, muy por debajo de países como Austria o Dinamarca que superan el 10%2 o de Francia y Alemania que duplican la cuota española. La falta de incentivos para reducir el precio, la disparidad de disponibilidad de diferentes tipos de puntos de venta y el aumento de prácticas como el greenwashing son algunos de los obstáculos que dificultan el equilibrio entre producción y demanda.
El decálogo propone aplicar un IVA reducido para bajar los precios de los productos eco e incentivos fiscales a los puntos de venta con más oferta ecológica para aumentar su disponibilidad en grandes superficies y su atractivo en tiendas especializadas, pioneras del sector.
Reforzar el papel de la Euro Hoja y combartir el greenwashing
Otra propuesta destacada es regular conceptos como ‘sostenible’ o ‘regenerativo’. «Los consumidores tienen derecho a no ser engañados y en ello jugáis un papel muy importante los medios de comunicación», apuntaba Victoria Fernández-Armesto, socia de Casa Grande de Xanceda, empresa elaboradora ecológica de Galicia y miembro de ASOBIO. «La Euro Hoja, además de certificar la sostenibilidad, permite combatir la competencia desleal para los productores».

Así la segunda propuesta del decálogo, «Impulsar campañas de promoción de productos certificados» incide en reivindicar la Euro Hoja como ese sello de garantía que asegura que se cumple con los estándares de protección al medio ambiente, mantenimiento de la biodiversidad, bienestar animal y producción y elaboración con sustancias y procesos naturales.
Otra de las garantías de la producción ecológica es que no emplea pesticidas ni antibióticos, evitando así la alteración de la microbiota del suelo y contribuyendo a la regeneración y calidad del mismo.
Como se indica asimismo en el decálogo, «los productos ecológicos garantizan un impacto ambiental mínimo, aseguran un 30% más de biodiversidad en la superficie cultivada y capturan hasta 10 toneladas de CO2 por hectárea, más que las cultivadas de forma convencional, contribuyendo a la regeneración y el aumento del rendimiento del suelo». Según el estudio de Ecovalia de 2018 «Producción ecológica mediterránea y cambio climático», «las tierras que producen de forma ecológica reducen la huella de carbono por cada kilogramo de producto ecológico hasta un 60%».
Fomento de la actividad económica local y el relevo generacional
Uno de los puntos que también se ha destacado es que un 87% del empleo eco se crea en municipios de menos de 50.000 habitantes con necesidades de fijar población. Además las últimas crisis han puesto en valor la importancia del modelo ecológico para la economía del país. Como ha destacado David Caré, «el precio de la cesta ecológica ha crecido dos puntos menos que la convencional. Los productos eco son más resilientes a la inflación y dependen menos de la incertidumbre geopolítica porque la mayor parte de la producción es local».
El decálogo propone un plan de formación a todos los niveles que incorpore prácticas de digitalización e investigación para fomentar el relevo generacional y modernización de un sector agroganadero donde la edad media es superior a 60 años. Se destaca cómo, de nuevo, la producción ecológica puede ser un gran aliado ya que es un sector renovado y alineado con las preocupaciones de los más jóvenes.

Las diez propuestas del decálogo
- Reforzar el papel de la Euro Hoja y combatir el greenwashing, regulando conceptos como ‘sostenible’ o ‘regenerativo’ y evitando prácticas que pueden llevar a confusión a los ciudadanos.
- Impulsar campañas de promoción de los productos certificados que reivindiquen la Euro Hoja como certificado de sostenibilidad y pongan en valor la calidad de los productos acreditados para aumentar su atractivo en canal especializado, online y supermercados.
- Fomentar la formación en el sector ecológico, tanto en formación básica, incluyendo en todos los planes de estudios contenidos sobre la producción ecológica y sus ventajas; como para los profesionales del sector, con FP duales y programas de incorporación profesional.
- Introducir incentivos fiscales y económicos para los productores, reforzando los fondos de la PAC con ayudas nacionales e incentivos fiscales para la conversión hacia modelos de producción sostenibles.
- Favorecer la obtención de certificados ecológicos, financiando los costes de inspección y certificación y avanzando hacia la armonización de los procedimiento y costes en todo el territorio.
- Fortalecer la digitalización e innovación mediante cuotas específicas para el sector ecológico en programas de digitalización existentes e iniciativas como sandboxes y espacios de experimentación.
- Impulsar un programa nacional de asesoramiento técnico para favorecer la conversión de nuevos profesionales y apoyar a productores ecológicos en la mejora de sus rendimientos y la aplicación de mejores prácticas.
- Impulsar un IVA superreducido a los productos ecológicos, con el objetivo de que el consumo de productos sostenibles sea también más asequible y estos se conviertan en habituales en la cesta de la compra como ya lo son algunos productos eco.
- Establecer un objetivo de consumo de productos ecológicos en cocinas públicas de al menos un 25%, acompañado de criterios y estándares mínimos en licitaciones públicas.
- Incentivar una oferta básica de productos ecológicos en los puntos de venta, planteando bonificaciones fiscales graduales en base a la oferta de productos eco o el peso de estos sobre la facturación total.
Referencias:
- «Anuario de Estadística sobre producción ecológica», Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimenación, 2024.
- Datos sobre sostenibilidad y agricultura ecológica Eurostat.
Autora: Marta Gandarillas, Periodista especializada en Salud Natural, Titulada superior en Naturopatía y Terapeuta de Jin Shin Jyutsu
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