En todas las estaciones del año, el Sol nos da vida. Tomar el sol es gratificante porque nos sube la serotonina y esto significa más alegría y bienestar. La luz solar actúa como antidepresivo y pasar tiempo al aire libre nos beneficia tanto en la salud física como mental.

Estos beneficios se pueden ver anulados si no nos protegemos adecuadamente, ya que, como sabemos, los rayos ultravioleta UVA y UVB pueden perjudicar las células de la piel y esto puede causar envejecimiento prematuro, quemaduras e incluso terminar en mutaciones con consecuencias graves como diferentes tipos de cáncer.
Protectores físicos y protectores químicos
Los protectores químicos son los que penetran en la piel y absorben los rayos para después expulsarlos fuera convertidos en calor. Para ser efectivos deben aplicarse media hora antes de la exposición y aplicarlos a menudo porque el sudor, el agua o simplemente el paso del tiempo lo hace necesario. Pueden producir irritaciones y alergias, pueden ser disruptores endocrinos y además son perjudiciales para el medio ambiente, ya que se ha demostrado que algunos de sus ingredientes, como la oxibenzona y el octinoxato, dañan los ecosistemas marinos y ya está prohibido su uso en algunas playas.
Los protectores físicos son los que forman una barrera sobre la piel e impiden la entrada de los rayos. Con su ingrediente principal óxido de zinc, o dióxido de titanio, son un filtro mineral y su efecto es inmediato, por lo que es ponerlos y estar protegidos, aunque también es necesario renovarlos si se entra y sale del agua, se suda mucho o se está mucho tiempo al sol. Estos protectores no causan irritaciones ni alergias y no perjudican la vida marina ni los arrecifes de coral.
Mucho mejores para la salud propia y del medio ambiente, los protectores físicos han tenido algún aspecto menos aplaudido como por ejemplo el rastro blanco que quedaba en la piel o impedir la producción de vitamina D al no dejar pasar los rayos, pero estos han sido dejados atrás por la aparición de una nueva generación de productos que ya tienen una textura fluida y añaden aceites antioxidantes que protegen y reparan la piel y ayudan a que el bronceado dure más tiempo. Con factor protector SPF 30 y SPF 50, destacan los de óxido de zinc con algas marinas, aceite de palmera datilera con propiedades antioxidantes y reparadoras y con uva, que estimula los receptores de vitamina D.
Los protectores físicos no causan irritaciones ni alergias y no perjudican la vida marina ni los arrecifes de coral
Para los más pequeños se recomienda la crema solar SPF 50 de alta protección y sin perfume, con los ingredientes mencionados y con una textura ligera que permite renovar su aplicación cada dos horas para garantizar el nivel de protección para las pieles sensibles de los bebés y niños pequeños.
Para después del sol, y de limpiar y secar la piel, se recomienda siempre la aplicación de un buen after sun certificado ecológico que calme y prolongue el bronceado como la gama que incorpora aloe vera, manteca de karité, algas marinas y uva.
La producción de vitamina D
Nuestro cuerpo sintetiza la vitamina D al contacto con el sol. ¿Qué ocurre pues si nos ponemos una protección alta que tapa totalmente los poros y evita esta producción? Podemos optar por tomar primero el sol un rato sin protección a primera hora de la mañana o bien utilizar la nueva generación de protección solar certificada ecológica muy efectiva que, después de investigar en colaboración con farmacéuticos, ha encontrado la solución al incorporar activos procedentes de la uva que promueven la síntesis natural de la vitamina D y con una textura fluida que hace muy agradable la aplicación.
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Autora: Montse Mulé, Editora
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