El aloe vera es uno de los ingredientes naturales más habituales en la cosmética veraniega. Por aquello de que refresca, calma, hidrata, regenera y descongestiona la piel, está presente en la mayoría de las bolsas de playa.

Extracto de aloe
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La magia se debe a su composición rica en polisacáridos (como el acemanan o los mucílagos) que forman una especie de escudo invisible sobre la piel, atrapando la humedad y manteniéndola fresca y elástica durante horas. Estos, junto a otros componentes antiinflamatorios (fitoesteroles y ácido salicílico), regeneradores (aminoácidos) y antioxidantes (vitamina C, b-caroteno, selenio…) calmarán la piel enrojecida por el sol y la ayudarán a repararse como pocos ingredientes pueden hacerlo.

Además, esa acción antioxidante también nos ayuda a mantener la piel joven, luminosa y protegida, especialmente en verano, cuando la piel está más expuesta a la radiación UV, al calor, al salitre y al cloro.

¿Puede existir algo mejor? Pues, depende de las circunstancias… ¿Conoces el extracto seco de aloe vera? Se trata de un ingrediente obtenido al eliminar cuidadosamente el agua del gel fresco. Concentrando 200 veces el jugo, el resultado es un polvo (el extracto seco 200:1 de aloe vera).

Este puede mantener sus componentes bioactivos en altas concentraciones, sin necesidad de conservantes ni refrigeración. ¿Las ventajas de usar el extracto seco en verano? El polvo es más estable que el gel fresco, no necesita cadena de frío ni conservantes extra porque tiene un riesgo muy bajo de contaminación.

Ocupa poco espacio (¡200 veces menos!) porque es eficaz, con muy poca cantidad y altamente dosificable. Y el hecho de no llevar agua, permite que puedas llevarlo incluso en el equipaje de mano del avión.

Gracias a su alta concentración, es un activo potente que permite aumentar la eficacia rápidamente. Además, es fácil de formular: al reconstituirse simplemente con agua mineral o destilada, recupera su funcionalidad como gel, siendo ideal para remedios naturales lejos de casa.

Vamos a ver algunas ideas de cómo usarlo

Para empezar, podemos preparar jugo de aloe reconstituido con 1 cucharadita de café de extracto seco en 1 vaso de 100 mL de agua mineral o destilada. Esto será la base para elaborar el resto de recetas. Si no consumimos lo que preparemos, se debe conservar en nevera, y usar en 48h como máximo.

Si venimos de tomar el sol y nuestra piel está acalorada o irritada, podemos añadir este jugo directamente sobre la piel, las veces que sean necesarias. También nos servirá para calmar picaduras de mosquito o quemaduras leves.

Si disponemos de un frasco con pulverizador, podemos crear un agua refrescante para las piernas preparando el reconstituido con una infusión de hojas de menta fresca (ya fría).

Para hidratar la piel, tras la jornada de playa, podemos elaborar una mascarilla hidratante facial exprés, simplemente mezclando 1 cucharadita de agua o leche, con una pizca de extracto seco de aloe y 1 cucharadita de yogur natural. Si tenemos la piel tirante y seca, además, podemos añadir unas gotas de aceite de oliva. Aplicamos durante 20 minutos y retiramos con agua clara.

Y, por último, para reparar y revitalizar nuestro cabello castigado por el cloro y el sol, sólo tenemos que mezclar 1 cucharada de queso fresco batido natural o yogur, 2 de jugo y media de aceite de oliva, hasta formar una crema que aplicaremos 20 minutos antes del lavado normal.

Bueno, pues ya hemos recordado porqué el aloe es el aliado perfecto para la piel en verano… y cómo el extracto seco no sólo concentra sus bondades, sino que las hace más accesibles para tu verano del siglo XXI.

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Autora: Beatriz Lavado, Especialista en Cosmética Natural

 

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