Vivimos en la época del clic. Todo lo queremos rápido: pedimos comida y en minutos la tenemos en la puerta, compramos algo en internet y llega al día siguiente, vemos una serie y no esperamos al siguiente capítulo porque preferimos hacer maratones perdiendo horas de sueño en detrimento de saciar nuestra sed de inmediatez.

La inmediatez nos enferma
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Esa forma de vivir se nos ha pegado tanto que ya la llevamos también a la salud. Lo veo continuamente en el herbolario: personas que entran casi con ansiedad pidiendo una solución inmediata. “Necesito algo que me baje el colesterol ya”. “Un producto para eliminar líquidos desde hoy mismo”. “Un complemento que me dé energía mañana”. Lo piden como si la naturaleza funcionara igual que la mensajería urgente, de un día para otro. La realidad es otra.

Lo que se vende en un herbolario son complementos alimenticios, y un complemento es eso: una ayuda, un apoyo a tu estilo de vida, no una pastilla milagrosa. Por mucho que empieces hoy con levadura de arroz rojo, mañana no vas a ver tu colesterol en niveles normales. Lo habitual es que se necesite constancia y un par de meses para empezar a notar resultados.

¿Por qué tenemos tanta prisa?

Mi sensación es que, en el fondo, sabemos que hemos descuidado nuestro cuerpo. Hemos comido mal, hemos dormido poco, hemos dejado de movernos, y de repente queremos que una cápsula repare en días lo que hemos dañado en años. Es como tapar un agujero en la rueda con cinta adhesiva: puede aguantar un poco, pero no resuelve el problema. En salud no existen los atajos. Lo que hace falta no es una “cura milagrosa”, sino un cambio de actitud. Entender que cuidarse es un trabajo diario. Comer mejor, descansar, moverse, aprender a manejar el estrés.

Hoy mismo puedes dar un paso, aunque sea pequeño: salir a caminar, beber más agua, preparar una comida más sana o acostarte un poco antes

Ahí sí tienen sentido los complementos alimenticios, como aliados a medio y largo plazo, no como sustitutos de la prevención. Por eso, cuando alguien me pide algo “para ya”, siempre intento ser claro: no hay nada inmediato. Lo inmediato puede servir para pedir un taxi o comprar un libro, pero no para recuperar tu salud. El cuerpo necesita tiempo, paciencia y constancia. La naturaleza tiene sus ritmos, y son lentos y continuos.

La levadura de arroz rojo puede ayudarte con el colesterol, la canela con el azúcar y el ginseng con la energía. Funcionan, sí, pero con tiempo y acompañados de cambios en tu vida. Tus problemas de salud no se solucionan en un día, ni en una semana; se trabajan cada día, con cuidado personal y con responsabilidad.

Nunca es tarde para empezar

Hoy mismo puedes dar un paso, aunque sea pequeño: salir a caminar, beber más agua, preparar una comida más sana, acostarte un poco antes. Cada gesto suma. Y con el tiempo, ese cuidado diario se convierte en un regalo enorme para ti y para tu cuerpo. La inmediatez es tentadora, pero la verdadera salud se construye con paciencia, con constancia y con amor propio.

Cada elección cuenta. No necesitas cambiarlo todo en un día, empieza con un objetivo y mantén la dirección hacia ese objetivo, cuando llegues a la meta, pasemos al siguiente. La naturaleza nos enseña que los árboles no crecen de golpe, lo hacen lentamente, con raíces firmes y profundas, lo mismo pasa con nuestra salud: se construye paso a paso, afianzando los progresos y respetando los resultados. No esperes a que el cuerpo grite auxilio: empieza ahora.

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La evidencia científica demuestra que las terapias naturales también curan

Autor: Roberto San Antonio-Abad. Presidente y responsable de Formación, de la Asociación Nacional de Profesionales y Autónomos de las Terapias Naturales (COFENAT)

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