En los últimos años, la industria alimentaria ha empezado a incorporar tecnologías innovadoras para mejorar la conservación de los alimentos y alargar su vida útil. Una de estas innovaciones es el uso de nanopartículas en los materiales de envasado. Se trata de partículas extremadamente pequeñas —millones de veces menores que un grano de sal— que pueden aportar propiedades muy útiles a los envases. Entre las más utilizadas se encuentran el dióxido de titanio (TiO2 ) y el óxido de zinc (ZnO). A pesar de las ventajas que pueden ofrecer, el uso de estos materiales genera también preocupación y debate. Debemos preguntarnos: ¿estas nanopartículas pueden pasar del plástico al alimento? Y si esto ocurre, ¿es peligroso para la salud?

¿Qué son y para qué sirven?
Las nanopartículas de TiO2 y ZnO se utilizan en envases alimenticios porque tienen propiedades muy interesantes. Actúan como barrera contra la luz, el calor o la humedad, lo que ayuda a conservar mejor los alimentos. También tienen efectos antimicrobianos, es decir, pueden reducir la presencia de bacterias y hongos en el interior del envase. Además, pueden contribuir a mejorar la resistencia del material y reducir su peso.
Además, estos envases pueden formar parte de los llamados envases «activos», que no sólo contienen el alimento, sino que lo protegen activamente. Esto puede ayudar a reducir el uso de conservantes químicos y a disminuir el desperdicio alimentario, ya que los productos duran más tiempo en buen estado.
Hace falta más investigación para entender cómo se comportan estas sustancias dentro del cuerpo humano
¿Pueden pasar a los alimentos?
Ésta es la gran pregunta que preocupa tanto a investigadores como a autoridades sanitarias. En teoría, los materiales utilizados para envasar alimentos deben estar diseñados para que no suelten sustancias peligrosas. Pero cuando se trabaja con nanopartículas, las cosas se vuelven más complicadas. Los estudios realizados hasta ahora indican que sí puede haber cierta migración de estas nanopartículas hacia los alimentos, especialmente si se trata de productos calientes, ácidos o grasos, o si el contacto es muy prolongado. Sin embargo, la cantidad que puede migrar es muy pequeña, y todavía existen muchas dudas sobre si estas partículas llegan a los alimentos manteniendo su forma tan pequeña o si cambian antes de hacerlo.
Por si fuera poco, medir estas nanopartículas dentro de los alimentos es muy complicado, y los estudios que existen a menudo dan resultados diferentes. Lo que sí está claro es que hace falta más investigación para entender cómo se comportan estas sustancias dentro del cuerpo humano.
¿Son seguras para la salud?
En cuanto a los posibles efectos sobre la salud, las opiniones en la comunidad científica están divididas. En algunos estudios, se ha observado que TiO2 y ZnO pueden provocar daño celular, inflamación o estrés oxidativo (un desequilibrio en las células que puede favorecer enfermedades). Sin embargo, otros estudios indican que, en las dosis habituales, la toxicidad es muy baja y no supone un riesgo grave para la salud. Una preocupación adicional es que, debido a su pequeño tamaño, las nanopartículas pueden atravesar barreras naturales del cuerpo, como la pared intestinal, y llegar a órganos donde otras sustancias no llegarían. Todavía no se sabe por completo qué puede implicar esto a largo plazo.

¿Qué dice la normativa?
En Europa, los materiales que entran en contacto con alimentos deben ser seguros, y no pueden transferir sustancias que pongan en riesgo la salud de las personas. Sin embargo, la legislación específica sobre el uso de nanopartículas en envases todavía no está del todo desarrollada.
En cuanto al TiO2 , la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) anunció en 2022 que ya no lo considera seguro como aditivo alimentario, porque no se puede descartar que pueda provocar daños genéticos. Esto no significa que se haya prohibido en envases, pero sí ha encendido las alarmas. El ZnO todavía está autorizado como aditivo y en materiales de envasado, pero siempre bajo control y según las condiciones de uso.
Otro tema controvertido es que, en muchos casos, el consumidor no sabe si un envase contiene nanomateriales, porque no siempre se indica en la etiqueta.
En muchos casos, el consumidor no sabe si un envase contiene nanomateriales
¿Y qué ocurre con los alimentos ecológicos?
En el ámbito de la alimentación ecológica, el uso de nanopartículas está expresamente prohibido. Según la normativa europea, no se pueden utilizar nanomateriales ingenierizados ni en la producción ni en el envasado de alimentos ecológicos. El motivo es el principio de precaución, puesto que todavía no se sabe del todo si estos materiales son seguros a largo plazo.
Los productos ecológicos se basan en valores como la naturalidad, la transparencia y la sostenibilidad, y el uso de tecnologías muy novedosas y poco conocidas puede ir en contra de estos principios. Sin embargo, la investigación en este campo no se detiene, y ya se están estudiando alternativas más naturales y biodegradables que podrían ser aceptables en el futuro.
Prudencia y regulación
Las nanopartículas de TiO2 y ZnO pueden aportar beneficios interesantes al envasado alimentario, como mejorar la conservación de los alimentos y reducir el desperdicio. Pero también plantean dudas importantes sobre su seguridad, especialmente por el riesgo que puedan pasar a los alimentos y afectar a la salud de las personas. La ciencia todavía no tiene todas las respuestas, y por eso muchos expertos piden prudencia, mayor investigación y mejor regulación. Mientras no se conozcan bien todos los riesgos, lo más prudente es apostar por sistemas de envasado seguros, transparentes y respetuosos con el medio ambiente, sobre todo en el ámbito de la alimentación ecológica.
Autora: Irene Uclés, Tecnóloga de alimentos especializada en nutrición y microbiología alimentaria
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