La agricultura sin labranza, adoptada para reducir la erosión del suelo y mejorar la sostenibilidad, está ganando popularidad, especialmente en EE.UU.. Presentada como una solución respetuosa con el medio ambiente, esta práctica evita el laboreo, pero un reciente informe de Amigos de la Tierra pone de manifiesto las contradicciones de este planteamiento. A pesar de sus promesas medioambientales, la técnica de la siembra directa se basa en un uso masivo de pesticidas químicos, con graves consecuencias para la salud humana y el medio ambiente.

El 93% de las tierras de maíz y soja cultivadas sin labranza se tratan con herbicidas, incluido el glifosato, conocido por sus efectos cancerígenos. El uso intensivo de pesticidas compromete la biodiversidad del suelo y perjudica a organismos vitales como las lombrices de tierra y los polinizadores. Además, la agricultura sin labranza no ha mostrado resultados significativos en el secuestro de carbono del suelo, mientras que sus emisiones de gases de efecto invernadero son comparables a las de millones de coches.
«A medida que la agricultura regenerativa gana centralidad en los debates nacionales sobre cómo hacer que Estados Unidos sea más saludable, es crucial que promovamos una agricultura verdaderamente regenerativa», afirma Kendra Klein, subdirectora científica de Amigos de la Tierra. «La siembra directa convencional, impregnada de pesticidas tóxicos que amenazan la salud de nuestros hijos, devastan el suelo y exacerban el cambio climático, nos está llevando en la dirección equivocada».
La agricultura sin labranza no ha mostrado resultados significativos en el secuestro de carbono del suelo, mientras que sus emisiones de gases de efecto invernadero son comparables a las de millones de coches
Las políticas agrícolas siguen apoyando la siembra directa como solución ecológica, pero esta visión es engañosa y tiene consecuencias negativas para el medio ambiente. Las grandes empresas químicas, como Bayer, incentivan a los agricultores a adoptar esta técnica mediante subvenciones y programas que asocian la siembra directa con la sostenibilidad, pero en realidad la vinculan al uso continuado de pesticidas. Esto crea una dependencia de los productos químicos, cuyos efectos nocivos se reflejan en la salud del suelo y la biodiversidad. Aunque la siembra directa reduce la erosión, su impacto medioambiental dista mucho de ser positivo, ya que fomenta el uso de herbicidas tóxicos que comprometen los equilibrios naturales y ponen en peligro la salud humana y animal. Las políticas agrícolas, por tanto, acaban alimentando un círculo vicioso que, en lugar de promover una verdadera sostenibilidad, favorece los intereses de las grandes industrias químicas.
La agricultura ecológica y regenerativa se considera la alternativa real, respaldada por numerosos expertos y organizaciones, entre ellas IFOAM – Organics International, que destacan los beneficios de estos enfoques para la salud del suelo, la biodiversidad y la mitigación del cambio climático. Además, cada vez más estudios científicos, realizados por universidades e institutos de investigación agrícola, demuestran que la agricultura ecológica y regenerativa es más eficaz a largo plazo que los métodos químicos convencionales para responder a los retos ecológicos y climáticos, reduciendo la dependencia de los pesticidas y fertilizantes sintéticos, tal y como confirman informes e investigaciones independientes.
El artículo No-till farming in USA: la falsa promessa di un’agricoltura sostenibile se publicó originalmente en GreenPlanet.

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