Millones de personas en las playas de todo el mundo se aplican cada año entre 6.000 y 14.000 toneladas de crema solar para proteger su piel de los rayos del sol. Este gesto de autocuidado tiene consecuencias ecológicas graves, ya que los químicos presentes en los protectores solares se liberan al mar y afectan a los ecosistemas costeros y las zonas con arrecifes de coral.

Los contaminantes principales tienen por nombre oxibenzona, octinoxato, homosalato y octocrileno y han demostrado ser tóxicos para los corales, afectan al desarrollo de los peces y destruyen la biodiversidad marina. Además, no se disuelven ni degradan fácilmente por lo que se acumulan en los organismos marinos. Algunos países como Estados Unidos, concretamente en Hawaí han reaccionado prohibiendo la venta de cremas solares que contengan oxibenzona y octinoxato, y en zonas del Caribe, Sudeste Asiático y Mediterráneo se han empezado a tomar medidas, pero en España, país visitado por millones de turistas de playa, aún no existe ninguna regulación clara sobre el impacto ambiental de los protectores solares con filtro químico.
¿Qué podemos hacer? Optar por los protectores solares certificados ecológicos con filtros físicos como el óxido de zinc o el dióxido de titanio, en su versión sin nanopartículas, o estar a la sombra en las horas centrales del día y exigir la implicación de la administración en la protección del medio ambiente. Cada gesto cotidiano tiene un impacto y elegir qué nos ponemos en la piel es también elegir qué dejamos en el agua.
Autora: Montse Mulé, Editora
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