La fruta ecológica, al no tener conservantes, madura más rápido. ¡No la tires! Puedes aprovecharla en recetas deliciosas y llenas de nutrientes. Comer frutas ecológicas frescas y de temporada es la mejor forma de aprovechar sus vitaminas, minerales y antioxidantes. Además de su maravillosa hidratación isotónica, y su fibra soluble, tan depurativa y beneficiosa para la microbiota intestinal. Pero en ocasiones, madura demasiado deprisa, por lo que te presentamos trucos para tomarla cuando está en ese punto.

- Agua aromatizada. Además de la tradicional agua de limón, se puede añadir al agua cualquier otra fruta madura y troceada, para crear refrescos naturales de diferentes sabores.
- Asadas. Al horno o en freidora de aire, manzanas, peras y membrillos son un postre muy apetecible, acompañadas de canela, clavo, cardamomo o jengibre.
- Chutneys. Estas conservas agridulces se elaboran con frutas exóticas como mango o tamarindo, pero también aceptan melón, melocotón, higos y manzanas. Se suelen combinar con verduras y tienen una consistencia más gruesa que las confituras. Llevan vinagre, aceite y especias de sabor intenso.
- Batidos. Tritura la fruta con bebida vegetal o yogur, kéfir o aguacate. Puedes agregar semillas de chía o trozos de frutos secos. Es la merienda ideal.
- Congeladas. Las bayas, como arándanos, frambuesas y moras permiten una congelación directa, así como los gajos de mandarina y las rodajas de plátano. Los zumos de naranjas y limones se congelan en cubitos, para añadir a bebidas y ponches. Sus pieles se rallan y congelan para aromatizar postres.
- Deshidratadas. Se corta la fruta en láminas muy finas y se colocan en una bandeja de horno con ventilador a 120ºC durante 60 minutos, o 40 minutos si usas una freidora de aire. Adquieren una textura de snack crujiente dulce y delicioso. También puedes deshidratar las pieles de frutas para usarlas en infusiones.
- Ensaladas. Manzanas, naranjas, mandarinas, higos, uvas, melón, pera, granada… Cualquier fruta aporta un contraste dulce muy atractivo con los sabores amargos y salados de las ensaladas.
- Helados. Además de los polos de zumo, las frutas son una base ideal para helados saludables, tan solo añadiendo aceite de coco, una bebida vegetal o yogur y llevándolas al congelador.
- Macedonias. Son las elaboraciones más populares, sólo necesitamos cortarlas en trozos pequeños. Permite armonizar las texturas y el aroma de sus zumos al mezclarse.
- Mermeladas. Sólo hay que cocerlas y triturarlas. Se suele añadir azúcar o panela, pero puede sustituirse por endulzantes no calóricos y añadir agar-agar o pectina para que adquieran consistencia. En su forma tradicional, se meten en botes de vidrio y se hierven al baño María, para conservarlas durante meses.
- Pinchitos. Combinando trozos de frutas, permiten jugar con la vistosidad y la variedad de sabores.
- Repostería. Plátanos, manzanas, melocotones o cualquier fruta madura aportan consistencia, sabor y dulzor naturales a los bizcochos y permiten prescindir de azúcares añadidos.
- Salsas. Aportan un inesperado toque acidulado muy apetecible. Es un clásico el alioli de membrillo.
- Tibi o Kéfir de agua. Se añade fruta al agua junto con el hongo Tibi, que se alimentará de los azúcares de las frutas maduras, fermentando y creando un refresco probiótico.
- Zumos. Son la solución más fácil. Se elaboran con una sola fruta, mezclando diversos tipos, o con verduras, hierbas y especias.
Autora: Mercedes Blasco, Nutricionista, Máster en Nutrición y Salud
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