En los últimos años se ha notado un aumento considerable de la presencia en el mercado de embutidos vegetales. Para darnos cuenta de ello, ya no es imprescindible que acudamos a tiendas o supermercados especializados, donde los encontrábamos únicamente hace poco tiempo, los embutidos vegetales ecológicos certificados están cada día más presentes en más expositores de productos refrigerados en muchos puntos de venta de alimentación general.
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Pero, ¿sabemos realmente cuáles de ellos son más saludables? Entre las diferentes alternativas que encontramos a los embutidos de origen animal, las diferencias pueden ser notables. Podemos descubrir productos loncheados similares al salami, la mortadela, el chorizo o incluso el jamón de York. Y se hace evidente que además de sus diferencias en cuanto a sabor, la composición no tiene nada que ver entre unos y otros.
Mientras que en algunos se percibe que el objetivo es imitar el sabor para conseguir una alternativa vegetal, en otros casos parece que la finalidad es principalmente funcional. De esta manera ocuparían el mismo lugar que sus análogos cárnicos en nuestra alimentación.
Entre los primeros, esos imitadores sensoriales, podemos encontrar mortadelas, salamis y todos aquellos nombres que nos recuerdan a esos productos de origen animal. Con ellos se apela a la sensación y experiencia en cuanto a sabor y textura sin centrarnos, al igual que sucede con los originales, en cómo de saludables son.
En cambio, respecto a aquellos que podríamos llamar imitadores funcionales, encontramos que priorizan la proteína, o al menos tendrán un aporte proteico mucho más elevado que los primeros.
Es necesario echar un vistazo a los ingredientes y, sabiendo identificar grasas, proteínas o aditivos, seremos capaces de elegir las alternativas más saludables
Composición, nivel de procesado e información nutricional
Este análisis nos hace pensar en la composición en cuanto a ingredientes de unos y otros, en el nivel de procesado y en la información nutricional. No hace falta decir que es necesario echar un vistazo a los ingredientes y que sabiendo identificar grasas, ingredientes proteicos o aditivos seremos capaces de elegir las alternativas más saludables.
Y es que no es lo mismo que nuestro embutido esté compuesto principalmente, y por este orden, por agua, grasa y saborizantes a que su ingrediente principal sea seitán o tofu y el 15% restante verduras y algo de grasa. Como ves, la cantidad de grasa y la calidad de esta puede marcar una gran diferencia, pero también la cantidad de sal y si los ingredientes son ricos en proteína o no.
Si atendemos a la proteína, ingredientes como el tofu, el seitán, la proteína de soja, de guisante, o de legumbres en general, nos darán a entender que nos encontramos frente a un producto proteico o, al menos, interesante en este sentido siempre y cuando estos ingredientes aparezcan al principio del listado de ingredientes y no al final, lo que indicaría una cantidad relativamente baja.
Por otro lado, cuando revisando ingredientes encontramos que la grasa aparece como primer o segundo elemento en la composición, es lógico pensar que ese embutido no va a ser demasiado saludable. Y no solo influye la cantidad de grasa sino la calidad de esta, siendo las grasas de colza y girasol las más habituales.
Al ser productos de origen vegetal, la grasa saturada no suele ser protagonista a menos que se utilicen aceites de coco o grasas vegetales muy procesadas e hidrogenadas, lo que reducen la calidad nutricional del producto.
Presencia de sal, conservantes o saborizantes
Al igual que sucede con procesados de carne, la sal está presente en mayor o menor medida, siendo algo a lo que debemos prestar especial atención. La OMS recomienda no superar los 5 gr de sal al día para adultos. Y encontramos que algunos de estos alimentos pueden acumular hasta 1,5 o incluso 2 gr de sal por 100 gr de producto.
Como estamos tratando de embutidos ecológicos certificados, no vamos a encontrar muchos de los conservantes y saborizantes que se encuentran en otro tipo de productos, pero sí que es frecuente que aparezcan féculas o almidones, colorantes o saborizantes naturales. Por lo general, estos últimos serán verduras o especias que no presentan ningún problema. Mientras que si un embutido contiene una gran cantidad de almidón tan solo nos indicará que su densidad nutricional no es tan elevada y es más rico en hidratos de carbono.
Dos ejemplos en cuanto a ingredientes
Producto A: 79% de seitán, aceite de girasol alto oléico, pimienta, extracto de levadura, especias y sal.
Producto B: agua, aceite de colza, fécula, clara de huevo, especias, verduras, azúcar, gelificante, aceite de girasol y sal.
Mientras que el primero contiene un 30% de proteína y 11% de grasa, en el segundo vemos que la proteína supone el 6,4% y la grasa el 15%.
Como podemos ver, el producto A es claramente funcional mientras en el B, pese a ser vegetal y ecológico, es mucho más procesado y menos nutritivo.
En cuanto al procesado, algunos alimentos son básicamente tofu o seitán con algunos condimentos y saborizantes que suponen una alternativa saludable, sencilla y mucho más nutritiva, mientras que otros, aunque supongan una experiencia muy realista en cuanto a imitación del sabor y texturas, deberían considerarse como alimentos de consumo ocasional.
Los productos basados en tofu, seitán o proteínas vegetales son ideales para incluir en desayunos o meriendas
Elegir los mejores
Embutidos ricos en proteína y con grasas saludables, basados en tofu, seitán o proteínas vegetales son ideales para incluir en desayunos o meriendas tanto para adultos como para niños. Sobre unas tostadas con tomate y hojas verdes, un bocadillo completo, perfectos para que los pequeños lleven un bocadillo al colegio o para enriquecer ensaladas o salteados con verduras.
Estos productos pueden suponer una opción muy interesante nutricionalmente a la vez que atractiva y sabrosa, siempre y cuando revisemos su composición y prioricemos alimentos poco procesados con ingredientes lo más naturales posible.
Autor: Iván Iglesias, Chef y Profesor de Cocina Vegana.
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