Cuando se habla de agricultura ecológica en el mundo, a menudo pensamos en Europa o en grandes mercados de consumo. Pero el mapa global es mucho más diverso. Hoy, la agricultura ecológica se extiende por más de 180 países y ocupa cerca de 100 millones de hectáreas, cuyo mercado global supera los 145.000 millones de euros. En ese contexto global, África tiene una presencia todavía modesta, pero en crecimiento.
En el continente africano, más de 2,8 millones de hectáreas se cultivaban
con criterios ecológicos en 2024.
Esta superficie representa aproximadamente cerca del 3% de toda la tierra ecológica del planeta. Aunque es una proporción relativamente pequeña, si la comparamos con otras regiones, como Oceanía o Europa, que concentran grandes extensiones, el crecimiento africano en la última década ha sido notable.
Si ampliamos el foco, aparece una realidad asombrosa: una parte muy importante de los agricultores ecológicos del mundo son africanos.
Esto nos habla de la importancia de los pequeños productores y las cooperativas rurales en el desarrollo del sector. En muchos países africanos, la agricultura ecológica no se ha basado en grandes explotaciones, sino en redes de campesinos que trabajan conjuntamente para acceder a la certificación y a los mercados internacionales.
Sin embargo, la agricultura ecológica todavía ocupa una parte muy reducida del conjunto de la agricultura africana: alrededor del 0,2% de la superficie agraria total. Esta cifra contrasta con la media mundial, que supera el 2%, y sobre todo con Europa, donde la transición hacia modelos ecológicos está mucho más avanzada gracias a políticas públicas, demanda interna y regulaciones consolidadas.
Pese a esta diferencia, África muestra características singulares. En algunos países, la presencia de agricultura ecológica es sorprendentemente alta en relación a su dimensión. Un ejemplo destacado es São Tomé y Príncipe, donde más de un 22% de la tierra agrícola es ecológica, una de las proporciones más elevadas del mundo. Otros países, como Togo y Sierra Leone, también presentan porcentajes elevados.
Una parte importante de la producción ecológica africana está orientada a mercados internacionales
Si miramos dónde se concentra la producción ecológica africana, observamos que solo unos pocos países acumulan casi la mitad de toda la superficie. Uganda, Burkina Faso, Etiopía y Togo lideran esta lista, con iniciativas agrícolas y proyectos vinculados a la exportación. De hecho, parte importante de la producción ecológica africana está orientada a mercados internacionales.
Efectivamente, una de las claves de la situación africana es el papel de la exportación. Una parte importante de la producción ecológica está orientada a los mercados internacionales, especialmente europeos. Productos como el café, el cacao, la soja, el aceite de oliva o las frutas tropicales a menudo se cultivan pensando en consumidores que se encuentran a miles de kilómetros de distancia. En cierta medida, la agricultura ecológica africana está profundamente conectada con los hábitos de compra de los consumidores europeos.
Esta situación pone de manifiesto hasta qué punto la agricultura ecológica africana depende de las dinámicas globales. Lo que ocurre en los campos africanos a menudo está condicionado por decisiones reguladoras, tendencias de consumo o cambios de mercado que se producen en Europa o en otras regiones del mundo. Así, podemos comentar cómo los datos más recientes muestran que la superficie ecológica africana disminuyó en 2024 respecto al año anterior, y este bajón se explica en parte por la nueva legislación europea sobre importaciones ecológicas, que quiere garantizar que los alimentos ecológicos que se importan cumplan los mismos estándares previstos por los productores europeos.

Para muchas cooperativas africanas, adaptarse a estas normas puede resultar complejo y costoso, especialmente cuando se trata de pequeños productores con recursos limitados.
Por último, es interesante comentar que, en realidad, en muchas zonas rurales africanas, una parte de su agricultura tradicional se basa en prácticas agroecológicas, con unas producciones que acuden al mercado local, aunque formalmente no se comercializan como ecológicas. Transformar ese potencial en un sector estructurado que beneficie tanto a los agricultores como a los consumidores locales puede ser uno de los retos del continente africano. Pero esta evolución comportaría, en muchos casos, que la mayoría de estas producciones que podrían certificarse ya no se destinarían a los mercados locales y, además, deberían cambiarse los esquemas de producción tradicional, basados en una diversidad de productos de consumo local, para implantar los productos demandados por los mercados de destino.
El futuro de la agricultura ecológica africana puede depender del equilibrio de seguir participando en un mercado internacional en expansión que ofrece importantes oportunidades económicas, sin dejar de construir sistemas alimentarios locales más fuertes que permitan que una parte de esta producción se consuma en el mismo continente.
Autor: Isidre Martínez, Ingeniero Agrónomo.
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