El SIBO o sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO por sus siglas en inglés) es un problema cada vez más común en la salud digestiva. El SIBO se manifiesta como consecuencia de algo, no es de por si una enfermedad como tal. Aparece porque en el intestino grueso se produce algún trastorno que hace migrar a las bacterias al intestino delgado. En el intestino delgado es donde se produce la absorción de nutrientes y de agua. Se estima que afecta entre el 6-20% de la población general, y la prevalencia aumenta si también existen otras patologías.

Mini guía SIBO
123rfLimited©serezniy. Plato saludable con trigo sarraceno

Síntomas y causas

En el intestino habita la flora bacteriana o microbiota que está formada por alrededor de 100 millones de bacterias de unas 400 especies distintas, que participan en infinidad de funciones de los distintos órganos del ser humano y, se encargan de mantener un buen estado de salud. La mayoría de estas bacterias están en el colon o intestino grueso, y solo unas pocas en el delgado. El sobrecrecimiento bacteriano se produce cuando las bacterias que viven normalmente en el colon proliferan hacia una zona en donde solo deberían estar unas pocas y esto provoca diversos síntomas, los cuales dependerán del tipo de microorganismo que se encuentre sobrecrecido en el intestino delgado (¡recordar que mide más de seis metros!). Los más frecuentes, son: hinchazón, distensión abdominal, gases, diarrea, estreñimiento, dolor abdominal, sensación incómoda de saciedad después de comer, náuseas y eructos, mal aliento y en ocasiones pérdida de peso por malabsorción y déficits de minerales y de vitaminas. Algunos de estos síntomas también están presentes en otras patologías, como: síndrome del intestino irritable, enfermedad de Crohn, diabetes, celiaquía, etc.

Las causas por las que comienza a haber un exceso de bacterias en el intestino delgado y se manifiesta el SIBO son muy variadas: el consumo continuado de antiácidos (omeprazol), ya que disminuye el PH ácido del estómago, el estrés sostenido, la toma de antibióticos, las cirugías que afecten al sistema gastrointestinal, la mucosa intestinal dañada, la insuficiencia pancreática o biliar, entre otras.

Aparece porque en el intestino grueso se produce algún trastorno que hace migrar a las bacterias al intestino delgado

Diagnóstico y tratamiento

La prueba más utilizada para realizar el diagnóstico es el «test del aliento», basada en la medición de los gases espirados producidos por las bacterias. El tratamiento del SIBO es, en principio, tanto farmacológico como dietético. También, han dado buenos resultados tratamientos con extractos de plantas medicinales. La recuperación puede ser rápida, unas pocas semanas, o lenta de meses e incluso años, dependiendo de la causa que lo ha producido, de lo alterada que se encuentre la mucosa digestiva y de otros factores.

Prevención: dieta sana

Para la prevención es importante mantener una buena higiene alimentaria (lavado de manos, evitar alimentos que puedan estar contaminados…). Adoptar una dieta sana, equilibrada, sin ultraprocesados, rica en fibras (alcachofas, arándanos, alubias, avena, cereales integrales,…) y baja en carbohidratos fermentables (leche, yogur y helados; frutas como mangos y sandías; verduras como cebollas, ajos y espárragos; frutos secos como nueces), incorporar regularmente probióticos (kéfir, kimchi, tempeh, kombucha, chucrut), puede ayudar a promover un equilibrio saludable de bacterias en el intestino, y a prevenir la recurrencia de este trastorno, sin olvidar la gestión del estrés. La dieta debe ser individualizada, ya que no todos los alimentos afectan por igual a todas las personas

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Autora: Dra. Marta Castells, Farmacéutica

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