Cuando hablamos de agricultura extensiva nos estamos refiriendo a un sistema de producción agroganadero donde se cultivan grandes extensiones de tierra incorporando el mínimo trabajo y capital por unidad considerada, así como de insumos (fertilizantes, pesticidas, piensos y medicamentos), tanto en relación a la superficie de tierra que se cultiva como de animales que se crían. Evidentemente, se trata de un concepto opuesto al de agricultura intensiva, que justamente se caracteriza por una elevada utilización de capital y trabajo por unidad, así por un alto uso de tecnologías agroproductivas.

Cuando hablamos de los cultivos extensivos, los más habituales son los cereales, como el trigo, la cebada o la avena; las leguminosas, como los guisantes o las lentejas; los llamados cultivos industriales, como el girasol, la colza o el cáñamo, e incluso podríamos incluir los forrajes, como la alfalfa, los habones y la esparceta. Los productos de cultivos extensivos a menudo se destinan a la alimentación del ganado o a la industria alimentaria.
En el caso de los cultivos hortícolas, así como los frutícolas, están destinados principalmente al consumo humano directo y en los que la frescura y la calidad juegan un papel muy importante. Se trata de cultivos que, muchas veces, se cultivan en superficies más pequeñas que las destinadas a los cultivos extensivos, donde se necesita mayor intensidad de trabajo por unidad de superficie y se utilizan técnicas de producción más intensivas.
La línea entre los métodos extensivos e intensivos, en ocasiones, no es nítida. Hay cultivos de cereales, por ejemplo, el maíz, que, debido a un uso intensivo de abonos, agua, herbicidas y semillas seleccionadas, está más cerca de un sistema intensivo que extensivo.
Los cultivos extensivos ecológicos utilizan tierras con una gestión minimizada de insumos químicos
Si consideramos las técnicas que se utilizan en el caso de los cultivos extensivos, a menudo se utiliza el barbecho, que es la técnica por la que la tierra se deja sin cultivar durante uno o más años, con el propósito de que pueda recuperar su contenido en materia orgánica, humedad, y limpiar el suelo de plagas y patógenos. Acabado el período de barbecho, se incorporan las hierbas y también estiércoles en el terreno y se prepara el suelo para la siembra de un nuevo cultivo. También se utilizan las rotaciones de cultivos, que consisten en ir alternando el tipo de cultivos en un mismo terreno a lo largo del tiempo, práctica que también tiene un efecto positivo en la sanidad de los distintos cultivos que se van sucediendo a lo largo de la rotación, lo que ayuda a mantener una buena estructura del suelo y una mejor nutrición de los cultivos.
En el caso de las técnicas más propias de los cultivos intensivos, como se ha dicho, estaríamos hablando de métodos de regadío que, especialmente en lugares perjudicados por la sequía, deben ser lo más eficientes posible, lo que siempre comporta mayor inversión, tanto a nivel de infraestructuras generales como en los propios campos. También hablamos de un uso elevado de abonos, ya que cuanto más intensiva es una producción, más nutrientes se exportan de los campos y es necesario devolverlos para evitar su agotamiento. También estaríamos hablando de uso de maquinaria específica según cultivos para trabajar el suelo, eliminar las hierbas y, por supuesto, de un elevado uso de fitosanitarios y herbicidas.

En producciones muy intensivas de fruta, encontramos sistemas de cobertura y protección contra las granizadas, y en horticultura, el uso de invernaderos para obtener gran cantidad de productos fuera de temporada. Finalmente, la forma más extrema sería la hidroponía, que es un método de cultivo de plantas hortícolas sin utilizar tierra alguna, donde las raíces se alimentan de soluciones químicas de nutrientes minerales dentro del agua.
Si consideramos las producciones ecológicas, veremos que tanto las producciones extensivas como las intensivas se pueden realizar de forma ecológica, si bien existen técnicas que no están permitidas, como la producción de plantas sin suelo o en contenedores, así como el uso de la mayoría de los pesticidas de síntesis y la prohibición total del uso de herbicidas químicos. Así pues, el problema más importante que puede ir asociado al uso de los métodos intensivos, que es la presencia de residuos nocivos no deseados, tanto en los alimentos como en el medio ambiente y en los campesinos que realizan los tratamientos, queda reducido al mínimo.
Estas prácticas no sólo benefician al medio ambiente, sino que también ofrecen a los consumidores alimentos más saludables y nutritivos
Así pues, la producción ecológica es un pilar fundamental para la sostenibilidad agrícola y la biodiversidad, ya que utiliza prácticas que respetan los ciclos naturales y promueve la salud del suelo, como la rotación o la asociación de cultivos, el uso de fertilizantes orgánicos y el control biológico de plagas. Los cultivos extensivos ecológicos utilizan suelos con una gestión minimizada de insumos químicos, mientras que la horticultura ecológica busca la diversificación de productos en espacios más reducidos. Ambas formas de producción juegan un rol clave en la preservación del ecosistema, ya que ayudan a mantener la fertilidad del suelo y reducir la erosión, así como a fomentar la presencia de insectos polinizadores y otros organismos beneficiosos.
Estas prácticas no sólo benefician al medio ambiente, sino que también ofrecen a los consumidores alimentos más saludables y nutritivos. Los esfuerzos de investigación y desarrollo en este ámbito son cruciales para mejorar la resiliencia de los sistemas de cultivo frente al cambio climático y para incrementar la producción de proteína vegetal, esencial para una dieta equilibrada y que pueda proveer de alimentación a una creciente humanidad.
Finalmente, y con el objetivo de promover la soberanía alimentaria y disponer de un territorio cercano cuidado por el campesinado, es necesario elegir productos ecológicos de proximidad, y si los podemos obtener a partir de sistemas de comercialización locales y de cadena corta, huyendo de la gran distribución, mucho mejor, puesto que el valor de los productos irá así a manos de sus auténticos protagonistas.
Autor: Isidre Martínez, Ingeniero Agrónomo.
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