Transmitir conocimiento a través del optimismo es la fórmula empática y natural que fluye en Mariano Bueno (Benicarló, 1958), “no lloremos por cortar una flor, pero sí pensemos en intentar saber qué siente y cómo se comunica con su entorno”, estos delicados pensamientos son motivo de parte de los estudios que Mariano lleva a cabo. Histórico y pionero en el mundo de la ecología de nuestro país, a muy temprana edad ya se interesó por la Agricultura Biológica y la Geobiología, fue miembro activo en el inicio de la década de los 80 del CAE, primera Coordinadora de Agricultura Ecológica en España.

Mariano Bueno, experto en agricultura ecológica y geobiología

Multidisciplinar en conocimientos prácticos y teóricos en Agricultura, Ecología, Biología, Física, Arquitectura, Psicología, Alimentación Sana y Salud Natural, autor de más de una docena de libros.

Le hemos disparado claveles y preguntas desde la Metralleta Ecológica.

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De la misma forma que nos vendían platos combinados con una buena foto, ahora nos venden viviendas, pero nadie informa de lo esencial…, por ejemplo, de  cómo se aíslan las paredes inyectando poliuretano expandido de alto riesgo cancerígeno. ¿Qué pautas se deben seguir al alquilar o comprar una vivienda “sana«?

Mariano Bueno
Una vivienda debería ser ante todo un espacio diseñado y construido para la vida; un espacio biótico, un lugar donde sentirnos bien y gozar o disfrutar plenamente de la salud, de la vida y de nuestra intimidad o de las relaciones con los seres queridos. El problema es que hoy día la mayoría de casas se han convertido en sí mismas en factores de agresión y fuentes de malestar y enfermedad.

En los años 80 se empezó a hablar del “Síndrome del Edificio Enfermo”, que en realidad debería llamarse el síndrome del edificio que enferma a sus moradores. Dolor de cabeza, malestar e irritabilidad, trastornos nerviosos, baja del sistema inmunitario e incluso enfermedades degenerativas, asociados a materiales con compuestos químicos tóxicos volátiles o persistentes (COVs y COPs), electricidad estática, instalaciones eléctricas y equipamientos generadores de campos electromagnéticos, e incluso radiactividad en algunos materiales comunes como el gres o los granitos.

Una vivienda sana ante todo deberá estar ubicada en un entorno saludable. Alejada de zonas de contaminación ambiental o acústica, o de tendidos de alta tensión y antenas de telefonía móvil. Sus paredes deberían ser higroscópicas -que puedan transpirar al igual que lo hace nuestra piel-, y ello se consigue con materiales naturales -microporosos- como la arcilla, la cal, el yeso o la madera. Y revestida con morteros o revocos naturales y pinturas a la cal o al silicato. Procurando minimizar la presencia de metales y estructuras de hierro -que alteran el campo magnético natural terrestre-, y buscando una ubicación para la casa -y especialmente para las camas-, exenta de intensas radiaciones terrestres -radiación gamma o partículas radiactivas- emanadas en la vertical de corrientes de agua subterránea o fallas geológicas, cuyos efectos geopatógenos acaban deteriorando la salud de sus moradores.

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Sigamos con el tema… construcciones mal orientadas, contaminación eléctrica y electromagnética. Danos un consejo para limpiar nuestros hogares y poder recuperar así el equilibrio.

Mariano Bueno
Es tan fácil como a la hora de ir a dormir desconectar todos los equipos eléctricos e instalaciones eléctricas de los espacios de descanso nocturno -el dormitorio-, resultando especialmente problemáticos los router Wi-Fi y los teléfonos inalámbricos, ya que emiten radiaciones de alta frecuencia las 24 horas del día. La orientación de la cabecera de la cama debería estar hacia el norte magnético, o en todo caso hacia el este, ya que son las posiciones en las que se consigue un descanso más reparador. Y procurar dormir con la máxima oscuridad, ya que ello -junto la ausencia de campos electromagnéticos- facilita la producción de melatonina durante la noche, cuyos efectos regeneradores celulares y anticancerígenos son bien conocidos.

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Se acerca el verano, se disparan las ventas de aerosoles para eliminar mosquitos. ¿Cómo podemos combatir de forma sostenible a los insectos sin ser víctimas ni verdugos?

Mariano Bueno
Por extraña que resulte la respuesta, lo primero que tenemos que hacer es llevar un buen estilo de vida y una alimentación saludable, ya que se ha comprobado que los parásitos tienen cierta predilección por la sangre y los organismos debilitados o con deficiencias nutricionales.

La otra gran ayuda para mantener alejados mosquitos y otros parásitos, la obtenemos recurriendo a las plantas aromáticas y medicinales. Los aceites esenciales de orégano, romero, tomillo o ajedrea, tienen comprobados insectífugos e incluso insecticidas. Y las lociones corporales con extractos de melisa o albahaca, ejercen efectos ahuyentadores de mosquitos y otros insectos que puedan resultarnos molestos.

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Nómbranos 6 elementos tóxicos que debamos evitar en nuestro día a día.

Mariano Bueno
Por orden: quizá lo más tóxico sean los pensamientos negativos y una actitud pesimista ante la vida.

La falta de actividad física nos anquilosa y deteriora de forma dramática tanto nuestro cuerpo como nuestra mente, acortando años y calidad de vida.

El humo del tabaco es uno de los factores de riesgo que, cuando se abandona su adicción, más rápidamente se observan las mejorías de salud a todos los niveles.

Los alimentos refritos, los muy refinados y los ricos en hidratos de carbono simples -como azúcar y harinas blancas o arroz blanco-, aparte de estar relacionados con el incremento de diabetes y enfermedades metabólicas, tienen efectos inflamatorios y provocan serios desequilibrios nutricionales e incluso degenerativos.

Las radiaciones de alta frecuencia generadas por antenas repetidoras, teléfonos móviles y dispositivos inalámbricos; catalogadas por la OMS como posibles cancerígenas. Por lo que convendrá restringir su uso y evitar su exposición prolongada.

Los miles de compuestos químicos sintéticos presentes en nuestro entorno -en materiales de construcción, ropa, alimentos, cosméticos o detergentes, por ejemplo- están sobrecargando la mochila tóxica de nuestro organismo, por lo que deberíamos minimizar al máximo su presencia en nuestra vida cotidiana, optando por los alimentos y productos más sanos y ecológicos.

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