En 1962, Rachel Carson nos alertaba de los efectos nocivos de la contaminación química sobre el medio ambiente, y nos avisaba de un grave peligro, la primavera estaba perdiendo sus sonidos. La desaparición de las abejas.

Las abejas siguen desprotegidas ante los insecticidas abelles insecticides

Un libro escrito hace 50 años, y que dio nacimiento al ecologismo moderno, se ha convertido en un libro profético. Carson hizo una llamada de alerta sobre el uso de plaguicidas, herbicidas y fungicidas, especialmente sobre los efectos del insecticida DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano), pero nunca nos habríamos imaginado que su alerta se pudiera llegar a cumplir totalmente.

Como nos advirtió Carson, las abejas de todo el mundo están desapareciendo, el uso de plaguicidas químicos en la agricultura es la principal amenaza para estos insectos. Las abejas se envenenan al consumir polen y néctar contaminados mientras se alimentan en los cultivos tratados con sustancias como los “neonicotinoides». Hace unas semanas la Comisión Europea prohibía el uso temporal de estas sustancias, y se espera que esto pueda parar la desaparición del 30% de las colonias de abejas europeas.

Estos insectos no sólo fabrican miel, también son fuente de vida polinizando cada año un 84% de las plantas y cultivos del mundo. Einstein dijo que si desapareciesen las abejas, en cuatro años lo haría la humanidad; yo no puedo afirmar esto, aunque su desaparición provocará una disminución de la producción agraria y una reducción en la variedad de alimentos.

«Somos responsables de la supervivencia de las abejas, y la única posibilidad que tenemos es consumir productos ecológicos»

En España, si desaparecen las abejas no podremos tener muchos de los árboles frutales actuales, aunque tenemos una cierta ventaja respecto a otros países europeos, tenemos pájaros o mariposas que también son polinizadores, en cambio en países centroeuropeos no tienen casi polinizadores alternativos.

Debemos añadir que los monocultivos que crea la agricultura intensiva, conllevan una pérdida de la biodiversidad y la disponibilidad de alimento y hábitats intactos para las abejas silvestres y otros polinizadores. Somos responsables de la supervivencia de las abejas, y la única posibilidad que tenemos es consumir productos ecológicos. La agricultura ecológica nos permite alimentarnos sin utilizar sustancias nocivas para las abejas y otros insectos.

Autor: Enric Cortiñas, Presidente de la Asociación de Naturalistas de Girona

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