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El conocimiento de las plantas medicinales, sus virtudes, y los remedios elaborados con ellas, han sido adquiridos a través de los siglos por transmisión oral de nuestros antepasados.

La naturaleza que nos rodea es como un gran botiquín natural: a principios de marzo ya podemos encontrar las primeras plantas floridas, como el romero en las zonas mediterráneas.

Mientras que avanza la primavera y hasta principios de octubre, nacen una gran variedad de hierbas y flores con las que se pueden elaborar bálsamos caseros naturales e infusiones. Es el turno del diente de león, el tomillo, la salvia, la menta, la ajedrea, la rosa silvestre, la amapola, o el orégano. El hipérico, que florece en junio, es muy valorado por sus virtudes para la piel y contra la depresión. La cantidad de plantas con propiedades medicinales es infinita y varía de unas zonas a otras.

Pero, ¿a cuándo se remonta su utilización? A medida que las técnicas de análisis de restos arqueológicos evolucionan y mejoran, encontramos más pruebas de que en la prehistoria la dieta no era fundamentalmente carnívora y se hacen presentes una gran tipología de plantas como frutos secos, herbáceas, verduras y variedades medicinales.

El análisis molecular del sarro de las dentaduras de los neandertales que vivieron hace más de 50.000 años en la Cueva del Sidrón (Asturias), confirma la gran variedad de plantas vegetales que consumían. Entre los restos aparece la camomila (chamaemelum nobile) y la aquilea (achillea millefolium), de escaso valor nutritivo. La camomila, que alivia las afecciones de los órganos del aparato digestivo, como los dolores estomacales, y la aquilea, para curar las heridas y parar las hemorragias. Otros estudios genéticos realizados en este yacimiento confirman que los neandertales podían percibir el gusto amargo de estos vegetales, lo cual hace pensar que conocían las propiedades curativas de estas plantas. El nuevo análisis permite añadir datos sobre la dieta y los hábitos de vida de estos homínidos.

En cuevas paleolíticas del Sudeste de la Península se encontró cola de caballo (equisetum arvense), para estimular la producción de orina, remineralizar los huesos y cortar las hemorragias.

En los restos neolíticos de enterramientos de la Cueva de los Murciélagos (Granada), entre las piezas de un ajuar fúnebre, se hallaron residuos de adormidera (papaver somniferum), utilizada como calmante y tranquilizante. En las minas neolíticas de Can Tintorer (Barcelona), también se encontraron rastros de opiáceos entre los dientes de dos individuos adultos masculinos enterrados. Estas señales también se pueden relacionar con otros tipos de actividades o prácticas sociales que conlleven la utilización de plantas, como pueden ser las prácticas rituales o funerarias.

De la Edad del Bronce, en el yacimiento de Cabezo Redondo de Villena (Alicante) se desenterraron desperdicios de semillas de viborera (echium vulgare), utilizada contra las mordeduras de víboras.

herbes remeieresY así, podríamos poner múltiples ejemplos de plantas medicinales utilizadas posiblemente con fines terapéuticos en multitud de yacimientos arqueológicos.

El conocimiento de estas plantas ha perdurado en nuestra historia desde la prehistoria, pasando por los monasterios medievales, las “meigas” gallegas o las “trementinaires” catalanas de finales del siglo XIX, hasta su conocimiento y uso en la actualidad.

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