Los humanos somos inquietos, vamos de un lugar a otro constantemente tanto si hace falta como si no. Si a esto añadimos la llegada de las vacaciones de verano, cuando muchos de nosotros queremos dejar atrás por unos días lo cotidiano, tenemos un gran hormiguero en movimiento.

Vacaciones, otras formas de viajar

Pienso en aquellas imágenes de coches y gente pasando semáforos o subiendo y bajando escaleras mecánicas en velocidad aumentada que hace que parezcamos hormigas arriba y abajo.

Disfrutar de unas buenas vacaciones no debe significar ir a conquistar el mundo. Pasar unos días leyendo bajo un árbol y haciendo excursiones a pie o en bicicleta o participando en estancias artísticas, creativas o de crecimiento personal, cultural, etc. en zonas cercanas a donde vivimos (en el campo si somos de ciudad, en la ciudad si vivimos en el campo) es la forma más sostenible de hacer vacaciones.

El turismo se ha convertido en una nueva forma de colonización. Los precios de volar a algunos destinos, muchas veces subvencionados por los propios territorios receptores, ha propiciado el incremento desmesurado de los vuelos comerciales. Se ha perdido el placer del viaje lento, el lujo de alejarse y acercarse poco a poco, haciendo del viaje el objetivo, más que la llegada a destino.

«Las emisiones de gas invernadero en la atmósfera producidas por la aviación en la Unión Europea se han incrementado en un 86% del año 1990 al 2006»

Si lo que queremos es visitar un país a más de 2000 km y disponemos de pocos días, la única opción será la de coger un avión, pero será bueno conocer el impacto ambiental de tomar una u otra decisión. El uso masificado de los vuelos comerciales está convirtiendo este medio en un factor contaminante de primera magnitud. Contaminación acústica por una parte y contaminación por emisiones de gases de efecto invernadero por otra.

Según el Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) la aviación civil es la responsable del 3’5% del cambio climático ocasionado por el hombre. Las emisiones de gas invernadero en la atmósfera producidas por la aviación en la Unión Europea se han incrementado en un 86% del año 1990 al 2006. Además del dióxido de carbono, se emite óxido nítrico, dióxido de nitrógeno, óxidos de azufre y metales pesados ​​como plomo, radicales como hidroxilos, y otras partículas y gases.

La única forma de reducir el impacto ambiental de la aviación civil es restringir la demanda, ya que la sustitución de unos combustibles por otros es salir del fuego y lanzarse a las brasas. Por ejemplo, si la elección es el etanol de maíz, que fue la que hizo el gobierno de los Estados Unidos, el resultado ha sido el aumento del precio de los alimentos básicos ya que se cultiva maíz para uso combustible en lugar de alimentario y causa a corto plazo una mayor degradación del suelo.

Pero el turismo puede tener un impacto positivo en la economía del territorio receptor, siempre y cuando se respeten algunos puntos básicos: alojarnos en hoteles o residencias locales, comer productos de comercio justo, interesarnos por las culturas y formas de vida de los pueblos que visitamos, respetando siempre la fauna y la flora, y en definitiva siendo conscientes del impacto ambiental de nuestro viaje.

Según la UNESCO «El desarrollo del turismo sostenible debe ser ecológicamente sostenible a largo plazo, económicamente viable, y también ética y socialmente equitativo» (Bresce, 2009).

Autora: Montse Mulé, redactora y eco-activista

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