El caracol de tierra (Helix Aspersa) es una de las especies de la familia de los helícidos más abundante en la biodiversidad de nuestro entorno, es habitual encontrarlo tanto en zonas forestales como en huertos, jardines y parques, ya que se alimenta de hierba y hojas frescas. Seguramente, es uno de los animales autóctonos más curiosos y simpáticos de nuestro paisaje. Con todo, ¿comer caracoles?

Comer Caracoles, ¿gastronomía o barbaridad?

Sus características como la concha, los cuernos y su peculiar forma de desplazarse le han convertido en uno de los animales más célebres de nuestra tradición literaria popular, pero eso, desgraciadamente, no le ha salvado de la crueldad que los seres humanos ejercen sobre los demás animales en nombre de ciertas tradiciones culinarias.

En muchas ocasiones, los occidentales nos escandalizamos cuando oímos hablar de algunas prácticas culinarias asiáticas, las cuales consisten en tirar a la olla un gato o un perro para hervirlo en vivo y hacer caldo… estas prácticas, bien escalofriantes y abominables, seguro no dejan indiferentes a quienes quizás consideran un placer gastronómico de primera los caracoles a la lata o a la cazuela. En el seno de nuestra cultura gastronómica también preservan tradiciones crueles, como cocer en vivo los caracoles de tierra, los de mar o los crustáceos marinos, una muerte sin compasión.

En el seno de nuestra cultura gastronómica también preservan tradiciones crueles

Para cocinar los caracoles a la cazuela es necesario que estén purgados (ayunados durante un semana), lavarlos bien con agua fría, una pizca de sal y un chorrito de vinagre, una vez hayan expulsado la baba, para engañarlos, se  les introduce en una cazuela bien cubiertos de agua fría a fuego bajo. Cuando empiezan a sentir el calor y salen de sus conchas, se aumenta la intensidad del fuego, para hacer hervir el agua, por lo tanto, los caracoles empiezan a ser hervidos cuando aún están vivos.

Pasados ​​unos minutos, se les vuelve a cambiar el agua y cuando están tiernos ya están listos para servir, con alioli o vinagreta. Otra receta tradicional, son los caracoles a la lata, en este caso son introducidos aún vivos en el horno para ser cocinados en su propia baba.

Según un estudio llevado a cabo por las Universidades de Exeter (Inglaterra) y Calgary (Canadá) los caracoles también pueden sufrir estrés en situaciones desfavorables y son animales con sensibilidad y memoria, que deben sentir un gran sufrimiento cuando son hervidos vivos.

Que seamos especies morfológicamente tan diferentes, quizás dificulta la capacidad de generar empatía hacia un animal tan inofensivo pero, en realidad, el dolor que podemos experimentar es igual para todos.

Autora: Helena Escoda, activista por los derechos de los animales

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