Pilar Rabasseda

Desde la edad de piedra, el hombre ha asentado su vivienda sobre el agua. La protección frente al peligro y la proximidad de alimento han hecho de éstos asentamientos un modo de vivir que se ha desarrollado en paralelo en muy diferentes y distantes culturas de todo el mundo; un modo de vida que sigue vigente en nuestros días.

Casas hechas a base de materiales vegetales propios de la zona, sustentadas sobre pilotes de madera hincados en el agua en forma de estaca; asentadas sobre el agua dulce de lagos o ríos, o salada a orillas del mar. Son construcciones llamadas “palafitos”, y su origen se remonta a la prehistoria.

En el lago Constanza, en Suiza, se han conservado restos de palafitos prehistóricos gracias al lodo. En 1922 se reconstruyeron y hoy día son visitables. Es uno de los 100 antiguos asentamientos de éste tipo que se conocen en Europa. Cazadores, recolectores, comerciantes y pescadores, los habitaron durante más de 4000 años.

Un tipo de hogar que implica un modo de vida, que ha pervivido durante miles de años y que a día de hoy, peligra en diferentes partes del mundo por el mismo problema: la contaminación del agua, la insalubridad de la misma y la disminución de la pesca.

La ciudad de Ganvié, a orillas del lago Nokoué, en Benin, está formada por unas 3.000 casas  tipo palafito, y una población de 25.000 habitantes, se la llama “la Venecia de África”. El pueblo tofinu, en su huida de los cazadores de esclavos, se refugió en el lago y sus marismas fundando “Ganvié”, que significa “estar a salvo”. Los habitantes viven de la pesca y del comercio, y disponen de un mercado flotante. Toda la vida y actividad de la ciudad discurre sobre el agua. A día de hoy,  la pesca ha disminuido a la vez que la contaminación del agua y la mortandad infantil han crecido.

Lejos de África, en el lago Titicaca, en Perú, las culturas Uru y Aymara viven en unas islas flotantes elaboradas con hoja de tatara. Y el mismo problema se repite. La pesca ha disminuido, la contaminación por vertidos de las actividades mineras y siderúrgicas ha aumentado, y las enfermedades por beber agua contaminada ponen en peligro a la población.

En el lago Inle, en Birmania, viven 100.000 personas, y representa una de las zonas mas ricas del país. Muchos de sus pueblos viven en viviendas palafíticas y disponen de huertos y jardines flotantes. Toda su vida se desarrolla sobre el agua, pero la contaminación de sus aguas también ha hecho saltar la alerta.

El agua, que en un origen dio seguridad, cobijo y alimento a estas culturas, se ha convertido en un peligro que las acecha.

Cases-flotants Habitatge-Sostenible Pilar-RabassedaNaciones Unidas y numerosas ONG’s se han puesto manos a la obra, pero es necesario que gobiernos y legislaciones tomen conciencia de la importancia y el valor de una correcta gestión del agua. A veces pensamos que la problemática del agua se centra sólo en su escasez, pero a día de hoy, pueblos que disponen de agua en abundancia sufren también a causa de la contaminación e insalubridad de la misma.

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