Ya no se puede negar, la producción en masa y el consumo de masas es inviable. La actual crisis ecológica de escala planetaria, nos ha obligado a admitir que los recursos del planeta no son inagotables.

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Estos recursos podrían satisfacer las necesidades de la humanidad, pero sólo si se utilizan de una manera razonable y racional, es decir, de una forma directamente opuesta al modelo de producción actual, que en sí mismo es una fuente de desequilibrio ecológico.

De acuerdo con un informe de WWF, la “huella ecológica” de la población mundial ha aumentado un 80% desde 1960, y ha superado así en un 120% la capacidad biológica de la Tierra. Esto nos lleva al agotamiento del capital natural de la Tierra.

La «huella ecológica» es la superficie (calculada en hectáreas) necesaria de recursos naturales para satisfacer las necesidades vitales de un individuo o población determinada, y la superficie necesaria para absorber sus residuos.

Los Estados Unidos y la Unión Europea consumen la mayor parte de los recursos naturales del mundo, con una “huella ecológica” de nueve y cuatro hectáreas por habitante respectivamente. China es el tercer país del mundo con mayor “huella ecológica”, aunque cada uno de sus habitantes sólo consume 1,6 hectáreas.

La actividad humana es responsable del desequilibrio de nuestro sistema ecológico, lo que genera un conjunto de fenómenos de extrema gravedad. El principal de ellos es el calentamiento global, que ya muestra su presencia con la multiplicación de los desastres naturales, el derretimiento de los glaciares, el aumento del nivel del mar y la desertificación.

Más allá del cambio climático, otros peligros ecológicos nos amenazan: la deforestación, la reducción de los recursos de los océanos, la pérdida de biodiversidad y la contaminación irreversible de muchos lugares de la Tierra.

Además, la lucha por el control de los recursos energéticos está dando lugar a conflictos armados, y los principales consumidores de energía siguen sin apostar por un cambio de modelo energético. En este modelo de desarrollo, en el que sólo podemos competir por el control de los recursos cada vez más escasos, jugamos con el futuro de la humanidad y nos pone en la cuerda floja.

Autor: Enric Cortiñas, Presidente de la Asociación de Naturalistas de Girona

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