Hoy en día como señal de prosperidad las personas consumen mucha carne y productos lácteos. La producción mundial de carne y la producción lechera se duplican a pasos agigantados año tras año. Es la industria del sector terciario con el crecimiento más rápido y el medio de subsistencia de unos 1.300 millones de personas. Además, supone el 30% de la producción agrícola mundial.

El sector porcino, sin control en Castilla y León

La contrapartida, además del maltrato a los animales, es el coste medioambiental que no tiene precio: según informes de la FAO, el sector ganadero genera más gases de efecto invernadero que el sector del transporte y es una de las principales causas de contaminación ambiental, del suelo y de los recursos hídricos.

Según esta organización, este sector es responsable del 9% del Co2 procedente de las actividades humanas y produce el porcentaje más alto de gases de efecto invernadero más perjudiciales: 65% de óxido nitroso, 37% de metano y 64% de amoníaco. Todo esto procede de los excrementos y del sistema digestivo del ganado vacuno y porcino, que contribuye de forma importante a la lluvia ácida.

La FAO también explica que la ganadería utiliza el 30% de la superficie terrestre del planeta y la extensión para producir forraje es del 33% de toda la superficie cultivable. La tala de bosques es una de las principales causas de deforestación y pérdida de biodiversidad.

La producción pecuaria es una actividad capitalizada intensiva, especulativa y que busca maximizar los beneficios y solo necesita el suelo imprescindible para construir las naves como cualquier actividad industrial, llegando a ser un problema cuando existe una localización masiva en municipios o espacios concretos, sin las mínimas condiciones higiénico-sanitarias y a veces en el mismo seno del núcleo urbano. La población humana ve peligrar su calidad de vida y el ambiente más cercano que la rodea, con las granjas próximas.

El problema se agrava con el ganado porcino y la gran cantidad de excrementos que genera que no pueden ser asimilados por la agricultura, causando una contaminación muy peligrosa de las aguas superficiales y subterráneas, además de alterar significativamente la calidad del aire. Una posibilidad de descontaminar seria la producción de energía, procesar los purines para obtener gas metano que después se convertiría en energía eléctrica y térmica; aunque es una opción con un elevado coste.

Otra medida sería reordenar el territorio en zonas con gran intensidad ganadera, descongestionar zonas de valles cercanas a los núcleos urbanos y trasladarla progresivamente a sectores más elevados de una manera sostenible, para aliviar la contaminación de esta actividad nociva e insalubre en zonas bajas.

Otras soluciones serían el pago por servicios medioambientales en el uso del suelo para limitar su degradación, mejorar la dieta de los animales para reducir la fermentación intestinal y las consiguientes emisiones de metano y establecer plantas de biogás para reciclar el estiércol. Sería conveniente mejorar la eficacia de los sistemas de riego, hacer pagar el coste total del agua e introducir impuestos para desincentivar la concentración de esta industria a gran escala cerca de zonas habitadas.

Según la FAO el coste medioambiental por cada unidad de producción pecuaria tendría que reducirse a la mitad, tan solo para impedir que la situación empeore.

Autora: María Cacheda, divulgadora científica

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