huerto urbano

En España hoy existen más de 508 huertos urbanos. Un número que ha crecido desde el año 2000 en un 98%. La dificultad para encontrar vegetales que conserven su sabor original en las ciudades, pero también la necesidad de relacionarse con la naturaleza son dos de las fuerzas que invitan a los habitantes urbanos a cultivar y tener su huerto urbano.

Aunque el fenómeno que comenzó a desarrollarse en nuestro país a finales del siglo XX, responde también a una necesidad social. “La agricultura urbana cumple múltiples funciones sociales relacionadas con la cohesión social,  la participación, el acceso de sectores de población en riesgo de exclusión”, indica Gregorio Ballesteros, miembro de Ecologistas en Acción y de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica.

La crisis, su aliado

Pero si algo ha favorecido a que las ciudades se cubran de verde, ha sido el fin de la burbuja inmobiliaria. “La superficie y el número de huertos urbanos han crecido de forma significativa en los últimos años, principalmente desde el inicio de la crisis económica de 2008”, señala Gregorio.

Estas áreas se han visto favorecidas por nuevas legislaciones que ofrecen espacios vacíos en las ciudades para convertirlos en cultivos. Entre ellos el Pla Buits en Barcelona, que ya ha celebrado su segunda edición, y se encarga de repartir solares vacíos del municipio.

En 2013 Valencia vio como un espacio que iba a ser destinado a un complejo urbanístico, el proyecto Sociópolis, terminó convirtiéndose en 19.000 metros cuadrados dedicados a 150 huertos urbanos.

Que cada vez las ciudades sumen más superficie agrícola explotada por sus habitantes tiene muchos más beneficios que llenar la despensa

Estas son sus ventajas:

1. Dan más valor a lo que comemos

Quizá los huertos urbanos no sean suficientes para alimentar a todas las familias implicadas en ellos. Su superficie media oscila entre 50-75 metros cuadrados, llegando en zonas más congestionadas a reducirse a los 25 metros cuadrados. Pero la importancia no solo reside en la cantidad de cosecha que cada uno lleva a su hogar.

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Imagen: Cultivar los propios alimentos permite entender el valor nutritivo de los productos hortícolas frescos (Nick David / Getty)

El proceso de cultivo genera más conciencia sobre lo que ponemos sobre la mesa. “Mejoran nuestra percepción sobre la labor que realizan los agricultores. Además cultivar los propios alimentos permite entender y apreciar el valor nutritivo de los productos hortícolas frescos, cultivados de manera ecológica, y en perfecto estado de maduración”, comenta el experto.

2. Fomentan el compromiso

Poner en marcha un campo de cultivo, por pequeño que sea, requiere tiempo y paciencia. Por ejemplo, se necesitan tres meses desde que se planta una tomatera hasta recoger la cosecha.
“Requieren una dedicación más o menos constante, dependiendo de la época del año, con el fin de detectar los problemas o carencias que les puedan estar afectando”, añade el miembro de la SEAE.

3. Aprenderás a reciclar de verdad

Los residuos orgánicos de casa pueden convertirse en abono para el huerto. Es la técnica denominada como compostaje.

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Imagen: Los deshechos orgánicos del hogar pueden convertirse en abono para los cultivos (Wally Eberhart / Getty)

“Esta alternativa de gestión de los residuos biodegradables tiene dos ventajas: reduce el impacto ambiental causado por el transporte y permite que sea el propio productor del compost quien pueda utilizarlo, evitando la fabricación y utilización de otros productos”, apuntan desde la Comisión General de Medio Ambiente de la Comisión Europea.

4. Mejoran el entorno

Romper el impacto del cemento y los ladrillos con mantos verdes tiene repercusiones para la comunidad. Según uno estudio realizado en Baltimore y Maryland y publicado en el Journal of Culture and Agriculture, estas áreas proporcionan refugio contra el deterioro urbano y revitalizan barrios de la ciudad.

“Los huertos urbanos contribuyen a reducir las emisiones netas de dióxido de carbono­», asegura Gregorio Ballesteros, Miembro de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica.

Gregorio apunta también a las virtudes que tienen sobre el entorno; “Contribuyen a reducir las emisiones netas de CO y las que generan los actuales sistemas agroindustriales mediante la captura que realizan las plantas y los árboles”.

5. Fomentan los lazos sociales

Otra investigación desarrollada en una comunidad de Melbourne, concluyó que estas actividades llenan vacíos, reducen las tensiones existentes y fomentan la integración social entre grupos, que de otra forma, estarían segregados.

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Imagen: Cumple múltiples funciones sociales relacionadas con la cohesión social, la participación, el acceso de sectores de población en riesgo de exclusión (Maskot / Getty)

“Los huertos urbanos ayudan a crear redes y mejorar sensiblemente las relaciones sociales, ya que se trata de espacios donde la convivencia y el apoyo mutuo priman sobre la rentabilidad y la competitividad”, sostiene Ballesteros.

Fuente: SEAE – www.agroecologia.net

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