antrax siberia

Greenpeace 06/08/2016
Ántrax en el Ártico (o cómo el cambio climático no es sólo más calor).

El cambio climático no plantea escenarios de riesgo. Las proyecciones ya son realidad. Mucho se ha escrito sobre alguna de las transformaciones del cambio climático en forma de plagas y enfermedades infecciosas asociadas a insectos tropicales o como portadores de los virus que, debido al cambio en las temperaturas u otros patrones como la humedad, pueden extender su impacto a zonas geográficas nuevas.

Pero el caso que ha saltado esta semana es sustancialmente diferente. Y de terribles consecuencias. Un brote de ántrax ha matado a un niño en Siberia. Hay 90 pastores nómadas de renos de la comunidad indígena Nénets, incluídos más de 40 niños, ingresados. El brote ha matado a 2.300 renos y con ellos su fuente de subsistencia. Una comunidad indígena, víctima directa del cambio climático. Y muy directa. Los Nénets han pastoreado en la península de Yamal desde hace 1.000 años. El gobierno de Yamalo-Nenets, reconoce que posiblemente el incidente en su tierra sea debido al calor extremo: ¡la temperatura de casi la totalidad del mes de julio ha sido superior a los 35ºC! Sí, en esta zona dentro del círculo polar ártico.  

Las regiones árticas y subárticas con tierras congeladas (permafrost) suponen alrededor del 25% de la tierra. En conjunto estas extensas áreas albergan no sólo una enorme cantidad de agua(entre los mantos de hielo y los glaciares almacenan alrededor del 70% del agua dulce del planeta) sino también grandes cantidades de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y el metano. 

Y esa tierra, antes permanentemente helada, cada vez lo es menos. Y no solo almacena gases de efecto invernadero. El permafrost había dejado enterrados los cadáveres de los animales muertos por un brote hace decenas de años. Esos cadáveres, ahora sin hielo, sin permafrost, expuestos en la superficie son la plataforma de lanzamiento perfecta para que las infecciones se extiendan de nuevo. Según el Servicio Federal ruso de Protección del Bienestar o en ruso,Rospotrebnadzor, la última epidemia de ántrax en esta región se registró en 1941 y en esas fechas quedaron enterrados miles de cadáveres de animales. Hasta hoy.

El ántrax puede sobrevivir en el suelo casi 100 años y los científicos nos están advirtiendo que el permafrost puede albergar otros virus peligrosos. La desaparición del permafrost abre también nuevos suelos para la minería. Las explotación minera también pueden conducir a la propagación de infecciones.

Creo que una gran parte de nuestros políticos no acaban de entender la urgencia que debe suponer la lucha contra el cambio climático. Mientras por aquí siguen enzarzados en discusiones sin lograr llegar a acuerdos, los pactos reales de gobierno deberían considerar como prioritario garantizar que reducimos las emisiones de gases de efecto invernadero a cero y que las temperaturas no aumentarán nunca más de 1,5ºC. Ese fue el acuerdo que celebramos en París el pasado diciembre y la solución para frenar efectos como la reaparición del ántrax.

Autora: Pilar Marcos, Trabaja por la protección del Ártico con Greenpeace. Bióloga marina y MSC en gestión de recursos naturales.
Fuente: Greenpeace  – www.greenpeace.org

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