Agroecología y educación

La Asociación Vida Sana ha sido pionera en España en todo lo que concierne a la labor docente en agricultura ecológica. Llevamos a cabo, hace muchos años, los primeros congresos de agricultura ecológica, tanto técnicos como científicos, los postgrados en diferentes universidades y todavía continuamos con el master de Agricultura Ecológica en la Universidad de Barcelona, y, asimismo, hemos hecho una gran tarea en todo lo que tiene que ver con pedagogía y agroecología.

Desde nuestro proyecto MamaTerra, por otro lado, intentamos hacer llegar el interés por la agroecología a los más pequeños. Pero hay que luchar para que la alimentación ecológica entre por todas las vías posibles en las escuelas.

Y, cuando decimos que “hay que luchar para que la alimentación ecológica entre por todas las vías posibles en las escuelas”, no nos estamos refiriendo sólo a que los comedores escolares cuenten con menús “bio”. No. Vamos más allá. Editamos hace ya unos años la “Maleta pedagógica: de l’hort a casa” en lengua catalana con numerosos recursos pedagógicos para uso de maestros de escuelas de primaria y secundaria. Ahora acabamos de editar el juego “Ecosegell”, y, por otro lado, y con la colaboración de la Generalitat de Catalunya por un lado (a nivel autonómico) y con la Fundación Triodos (a nivel estatal), tenemos en marcha sendos premios para huerto escolar ecológico, sea cual sea su nivel y su financiamiento, público o privado. A lo que me quiero referir con este artículo es a que la agroecología, la alimentación orgánica, la salud preventiva… estén en los libros de texto y sean una prioridad para el sistema educativo en general.

Empezando por lo básico

Sólo de esta manera podremos garantizar que, en el futuro, tendremos una población consciente. Porque hay que empezar por lo básico. Y lo básico es la educación. Si no educamos a nuestros hijos en lo importante que es tener una alimentación sana, descontaminada, saludable… y en saber de dónde vienen los alimentos para que puedan ser declarados libres de químicos y de modificación genética, habremos sido derrotados en lo esencial. Aquí, la batalla se lleva a cabo en dos frentes principales.

Por un lado, en el ámbito de lo familiar. Es muy importante que los pequeños se forjen en un ambiente amoroso donde la alimentación tenga un papel de peso. No hay que comer cualquier cosa. No. Hay que comer bien, en familia, teniendo gratitud por los alimentos que ingerimos, dando las gracias constantemente por ellos, mostrando a los pequeños las diferencias entre unos productos y otros. Que se habitúen a escuchar conceptos como “alimentos ecológicos”, “locales”, “de temporada”, “alimentos de pequeñas empresas artesanales”, “comercio justo”…

La infancia

Toda energía que destinemos en este campo nunca será perdida. Es una apuesta segura. En la infancia de un niño se forja su personalidad de adulto. Está más que demostrado que, en general, aquello que vive un niño en su infancia será lo que desarrollará en el futuro, en su edad adulta. Así que, si crece en un ambiente de armonía y de belleza, de salud y de ecología profunda, eso es lo que demandará en su vida. Si vive en un ambiente de violencia y de insalubridad, es más que probable que vuelva a repetir esa atrofia en su vida personal y familiar. Hablemos con los profesores de nuestros hijos, enviemos cartas a los centros escolares y a los responsables de los programas educativos, seamos activos en las asociaciones de padres… Todo es poco.

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Grandes corporaciones

Y, en realidad, no solo bastaría con eso. No estaría de más que se explicara en las escuelas cómo las grandes corporaciones agroalimentarias están destruyendo los ecosistemas y la salud de las personas, además de los tejidos sociales tradicionales. ¿No estudian nuestros hijos cómo tales o cuales gobernantes llevaron a cabo un montón de barbaridades? Pues también estaría bien que se supiera quién está detrás de las grandes empresas, cómo se comunican entre sí, de qué manera crean lobbies para presionar a los gobernantes de los diferentes estados, qué productos son cancerígenos, qué son los disruptores hormonales, qué empresas son las más contaminantes… Y, ya puestos, que nuestros niños sepan que los tratados de libre comercio no son tratados y mucho menos libres… Son imposiciones para beneficiar siempre a las grandes transnacionales en detrimento de las pequeñas empresas locales. Y si hablamos de economía ¿no sería más importante que aprendieran cómo se forja una economía del bien común, en lugar de para qué sirven las hipotecas?

Ciudadanía crítica: la eco-patrulla

Una ciudadanía crítica se construye poco apoco desde la base, desde abajo. Una educación holística permite crear ciudadanos libres, informados, independientes. Pero dudo de que sea esta la voluntad política de nuestros gobernantes. A lo largo de la Historia, hemos visto cómo gobiernos de derechas y de izquierdas, en todos los rincones del planeta, han manipulado la información educativa para transformar a los alumnos en reos de determinados tipos de ideologías. Hoy, por si fuera poco, los centros educativos, cada vez más al servicio de las empresas, forman un tándem perfecto con los medios de “des-información”. Por lo tanto, nos queda mucho por hacer en este aspecto. Tanto en nuestros hogares como en las escuelas.

Y, si no viene la montaña a nosotros, iremos nosotros a la montaña. Es decir, educaremos a nuestros hijos en aquellos centros alternativos a la docencia convencional en los que sí se les hable de agricultura ecológica, de alimentos libres de pesticidas, de los peligros de la modificación genética, del respeto a la Naturaleza, de la PachaMama, de lo sagrada que es la vida… En su momento, como no encontrábamos alimentos libres de plaguicidas en el mercado, tuvimos que mover cielo y tierra para conseguirlos… Quizás ahora ha llegado el momento también de dar pasos en este sentido. No queremos que corrompan a nuestros niños desde la infancia, ni que les conviertan en piezas mudas del Sistema… Aunque hoy la alimentación ecológica es mucho más conocida que hace 30 años, la lucha no ha terminado…

Autora: Ángeles Parra, Directora de BioCultura, Presidenta de la Asociación Vida Sana
Bio Eco Actual Septiembre 2016

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