Siguiendo los pasos de la alimentación ecológica, el desarrollo de la cosmética natural surge más de la demanda de los consumidores que no de las propuestas de una industria, la cosmética, muy centrada en la obtención de beneficios. Hoy hablamos de las directrices ISO.

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Los consumidores concienciados empezaron a demandar una cosmética que también fuera respetuosa con la salud y con el medio ambiente, y para ello exigían una garantía igual a la que, desde 1992, disponen los alimentos ecológicos.

Así fue como varias entidades privadas que certificaban alimentos ecológicos empezaron a publicar y certificar bajo normas que definían la cosmética econatural. Desde entonces proliferaron muchas normas, similares entre ellas, pero con algunas diferencias, publicadas por Ecocert, Soil Association, ICEA, etc.

Esta proliferación y diferenciación en el mercado ha creado cierta confusión entre los consumidores, y por esto, desde hace tiempo ha habido distintos intentos de unificar criterios y ofrecer a los consumidores una única norma. Cosmos es el ejemplo más claro de ello. Al mismo tiempo, se exigía a las autoridades que diesen una definición clara y fue entonces cuando la Comisión Europea pidió ayuda a Cosmetics Europe, la asociación europea de la industria convencional, y ésta sugirió que lo mejor es hacerlo a través de un grupo de trabajo de ISO para darle una proyección más internacional.

El problema es que la primera propuesta surge de la industria convencional, elaborada por expertos que desconocen totalmente el sector de la cosmética econatural. Por ello se incorporan como expertos asesores algunas entidades como Cosmos y NATRUE. Pero estas entidades no tienen voto, sólo lo tienen los miembros nacionales de ISO.

Hasta ahora, sólo se ha publicado la primera parte de la Guía ISO 16128 que incluye las definiciones. Falta desarrollar la segunda parte que recogerá los criterios. Hay que dejar claro que ni siquiera cuando se publique la segunda parte de la ISO 16128, ésta será una Norma que se podrá aplicar directamente en la certificación de productos cosméticos; será solamente la base sobre la que se podría desarrollar una norma aplicable en la práctica.

Por otra parte, desde el punto de vista del sector de cosmética econatural, ya en esta primera parte, encontramos problemas de concepto muy graves. Destacamos algunos como ejemplo:

  • Acepta que se utilicen ingredientes modificados genéticamente porque en algunos países se consideran naturales.
  • Permite el uso de ingredientes de origen animal que provienen de animales que se matan como tiburones y focas cuando las normas existentes sólo permiten ingredientes de animales que no se matan para conseguirlos, como la miel de abejas, la lanolina de la lana o la baba de caracol.
  • No incluye unos criterios específicos para los perfumes, con lo cual los perfumes sintéticos se podrían usar sin restricción del mismo modo que los perfumes de origen totalmente natural.
  • No incluye criterios para los conservantes, por lo que se podrían utilizar conservantes prohibidos en todas las normas actuales de cosmética natural y usados en la cosmética convencional, como parabenes, fenoxietanol, etc.
  • Muchas de sus normas son solamente recomendaciones. Por ejemplo, recomienda utilizar disolventes naturales o química verde en los procesos de obtención del producto. Pero no es obligatorio como lo es en las normas privadas actuales.

Y así podríamos encontrar muchas otras lagunas que convierten a esta guía en la pariente descafeinada de las definiciones que se encuentran en las normas ya existentes. Aunque todavía no sea una verdadera norma bajo la cual certificar, la intención es que llegue a serlo. El problema es que ISO tiene fuerza y prestigio. Va a entrar en el mercado, no a unificar y clarificar, sino a competir deslealmente con otras normas mucho más estrictas y cuyos criterios se han desarrollado partiendo realmente de las bases de la producción ecológica y la “química verde”, generando mucha más confusión entre los elaboradores y los consumidores, más aún si tenemos en cuenta que la principal promotora en España es la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética (Stanpa), que reúne a las empresas de cosmética convencional.

Autora: Nuria Alonso, Directora de Organic Assignments CB y The Organic Standard Journal (TOS). Miembro del Proyecto Ecoestética.

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