Las abejas de la miel son uno de los pocos insectos que cuentan con la simpatía de los humanos desde hace miles de años. Las antiguas culturas de Egipto, China y América central ya aprovechaban el trabajo de estos insectos y, por ejemplo, en la cueva de la Araña, en Bicorp (Valencia), se conserva un grabado de hace más de 9.000 años donde se puede ver la figura de un hombre colgado de unas lianas recolectando miel de una colmena de abejas silvestres.

abejas miel

Sin embargo, en las últimas décadas, estos polinizadores incansables viven amenazados por todos lados. En los años 50’s y 60’s, el peligro principal surgió con el uso masivo de insecticidas como el DDT. A principios de la década de los 80, la nueva amenaza llevaba el nombre científico de Varroa destructor, un ácaro parecido a una pequeña araña -de sólo 0,4 milímetros de diámetro- que parasita las abejas hasta producir su muerte.

La lista de enemigos de las abejas es muy larga y, desde hace pocos años, incluye la temida avispa asiática (de nombre científico Vespa vellutina nigrithorax), un insecto nativo de China que se está extendiendo rápidamente por España (tras haber sido introducido accidentalmente en Francia) y que tiene una habilidad especial para capturar y alimentarse de abejas de la miel.

A escala global, sin embargo, el peligro más grave que afecta a las abejas es el cambio de modelo en la explotación de los campos y los cultivos. La agricultura intensiva, totalmente dependiente de productos químicos de síntesis como los insecticidas y los herbicidas, pone en peligro la supervivencia de las abejas en general y de la apicultura en particular.

Antes de entrar en detalle de esta amenaza, recordemos algunos datos que nos ayudarán a entender la importancia de las abejas. Hasta el 80% de los cultivos alimentarios del mundo dependen del trabajo de polinización que realizan las abejas, teniendo en cuenta que todo el mundo hay unas 20.000 especies de este tipo de insectos himenópteros.

En España, el Registro General de Explotaciones Ganaderas indica que en todo el Estado hay 2.722.327 colmenas declaradas oficialmente (datos de abril de 2015) por 23.816 apicultores censados. Si tenemos en consideración que en una primavera normal en cada colmena vive una media de 40.000 abejas, veremos que el total de abejas de la miel que polinizan nuestros campos cada año es de ciento nueve mil millones de ejemplares.

Una de las amenazas más recientes para este inmenso ejército de insectos benefactores se produce con la entrada en el mercado de los insecticidas de nuevos productos como los neonicotinoides, unas sustancias que en principio no parecía que afectaran a estos insectos porque normalmente no los matan de forma fulminante.

La experiencia de los apicultores y varios estudios hicieron sospechar de estos productos. El 16 de enero de 2013 la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publicó un informe alertando a la Comisión Europea de los efectos nocivos para las abejas de tres insecticidas neonicotinoides (imidacloprid, tiametoxam y clotianidina), incluso cuando las dosis que puedan llegar a los insectos y sus larvas estén por debajo del límite letal.

No era la primera vez que estudios científicos ponían en cuestión la seguridad de estos insecticidas. De hecho, las primeras acusaciones de los apicultores motivaron que el gobierno francés prohibiera de forma cautelar en 2004 el uso de neonicotinoides en algunos cultivos que pueden ser visitados por las abejas. Italia y Alemania siguieron el mismo camino y han adoptado restricciones parciales similares durante los últimos años.

pesticidas abejas

Después de una larga discusión, el 1 de diciembre de 2013 entró en vigor una restricción parcial del uso de estos tres productos neonicotinoides y de un cuarto insecticida conocido como fipronil.

Este año 2017, la Comisión Europea debería revisar esta prohibición parcial y parece que algunos representantes de la industria química están moviendo los hilos para volver a liberalizar totalmente el uso de estos productos.

La organización ecologista Greenpeace ha pedido a la Comisión Europea (CE) que prohíba «de manera completa» los pesticidas neonicotinoides, a los que responsabiliza de alterar las poblaciones de abejas y otros polinizadores.

En un informe hecho público por Greenpeace en Bruselas el 12 de enero, los investigadores de la Universidad de Sussex (Reino Unido), Thomas Wood y Dave Goulson, concluyen que decenas de estudios llevados a cabo desde 2013 confirman que los neonicotinoides no son seguros ni para las abejas ni para muchos otros seres vivos. «Más allá de las abejas, los neonicotinoides pueden vincularse a caídas de población en mariposas, pájaros e insectos acuáticos», argumentó Dave Goulson a partir de los datos recogidos en este informe.

Tras la presentación de este documento, Enrico Brivio, portavoz de la Comisión Europea, respondió las preguntas de los periodistas afirmando que «la Comisión Europea se toma muy seriamente la protección de las abejas». «Es precisamente por ello que las restricciones de uso de los neonicotinoides están todavía en vigor y lo estarán hasta que se complete la evaluación final sobre su seguridad», concluyó Enrico Brivio. El futuro de las abejas de la miel depende en parte de esta decisión que se podría dar a conocer a finales de este año.

Autor: Joaquim Elcacho, periodista especializado en Medio Ambiente y Ciencia

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