Certificación de productos ecológicos Certificació de productes ecològics

Los primeros productores ecológicos españoles comenzaron alrededor de los setenta del siglo pasado. En aquella época, los pioneros de este movimiento comenzaron, con mucha ilusión y problemas de todo tipo, la gran aventura personal y profesional de adentrarse por un camino que aún hoy está en pleno desarrollo y que está llevando las producciones agroalimentarias a un nuevo paradigma productivo que conocemos como agricultura ecológica, y también biológica u orgánica, depende del país.

En aquellos primeros tiempos, los productores vendían sus productos de forma local y directa a pequeños grupos de consumidores interesados. Aún no había normas oficiales ni sistemas externos de certificación, el conocimiento mutuo y el contacto directo era la base de la confianza entre unos y otros. Todo lo que no se conocía, se había de inventar o adaptar lo que se estaba haciendo en otros lugares donde también había otras experiencias pioneras de producción. Pocos productores, pocos consumidores y menos técnicos, pero todos ellos profundamente comprometidos en una nueva visión productiva y social, más ecológica y humana.

El desarrollo de las producciones ha comportado una oficialización del movimiento y una convencionalización del comercio de los productos ecológicos, tanto de los alimentos destinados a las personas como de los piensos para la alimentación del ganado. Los consumidores ya no conocen a los productores, y los productos a menudo vienen de lejos y pueden haber pasado por muchas manos. Si tenemos en cuenta esta situación y consideramos, además, el sobreprecio de los productos ecológicos, la necesaria confianza de los consumidores con los actores de la cadena de producción queda en entredicho y se hace necesario un mecanismo que aporte esta confianza.

En este punto es donde aparece la necesidad de un control externo del sistema que se está aplicando, tanto de la producción como de la elaboración y distribución de los productos ecológicos, que sólo cuando superan satisfactoriamente este sistema de control, reciben la correspondiente certificación que aparece en el etiquetado y en la documentación comercial que los identifica y asegura la trazabilidad, seguridad y calidad ecológica a lo largo de toda la cadena. La certificación no es una herramienta exclusiva de garantía por los productos ecológicos, cada vez más se exige y aplica a todo tipo de productos, alimenticios y de otro tipo. Esta es una consecuencia de la globalización del comercio. Todos los productos tienen que pasar y superar controles, especialmente los de gama alta, que conllevan cualidades diferenciales más elevadas que el resto, como es el caso de los productos agroalimentarios ecológicos.

Lo que podemos ver como una ventaja también conlleva inconvenientes, pues obtener esta certificación implica someterse a obligaciones costosas, que acaban pagando los consumidores y que tienen que sufrir todos los actores de la cadena alimentaria, sometidos a sistemas de control complejos y demandantes, con mucha burocracia y normas que no siempre son lo suficientemente flexibles para adaptarse a las necesidades y problemas que tienen los productores.

Productos ecológicos

Además del coste, otro problema importante es la calidad de este control, que lo puede aplicar directamente la administración pública, a través de sus servicios de inspección y control oficial, pero que también lo puede delegar en manos de entidades de certificación privadas, que lo ofrecen a los diferentes operadores involucrados en la producción y distribución de alimentos ecológicos, los cuales pueden elegir la entidad que más les convenga, en función del precio u otros motivos. Estas entidades privadas, para poder realizar sus funciones, deben demostrar a las autoridades competentes que disponen de los medios y la experiencia necesaria para poder ofrecer una certificación de calidad. Sin embargo, el control público que realiza directamente la propia administración, o también a través de autoridades públicas de control, no tiene ánimo de lucro, mientras que las entidades privadas que compiten para dar su certificación a los operadores del sector, sí tienen este afán.

Con ello no se quiere decir que la certificación privada no aporte la confianza necesaria, ya que la certificación pública no siempre es sinónimo de más calidad o menor coste, pero no parece conveniente que el control de la aplicación de un sistema de producción voluntario que busca mayores cuotas de calidad y seguridad alimentaria con un menor impacto ambiental, tenga que acabar en manos de un sistema de garantía privado, el objetivo primario del cual es la rentabilidad económica de los servicios que ofrece, por encima de otras consideraciones. Ya es difícil entender que la obtención de productos ecológica y socialmente más favorables deban estar grabados por costes suplementarios de control, que no se piden a las producciones de menor rendimiento ecológico, pero todavía resulta más difícil entender que este control se deje en manos de empresas privadas que se mueven por el lucro.

Así las cosas, no es de extrañar que algunos productores se quejen de esta situación, que consideren que el control y la certificación oficial a la que están obligados resulta un lastre injusto e incluso innecesario, y que decidan prescindir de él, volviendo a sistemas locales donde la garantía se genera a base de esta comercialización y conocimiento más directos, incluso aunque legalmente no puedan comercializar su producto como ecológico, denominación legalmente reservada a los productos que reciben la certificación oficial.

En este sentido, lo más lógico parecería que el necesario control de la producción ecológica fuera asumida por autoridades públicas, con participación de representantes de los propios operadores, y que los costes de este control oficial recaiga justamente en aquellos que realizan producciones de bajo valor ecológico y no en aquellos que se esfuerzan por hacerlo  mejor. De esta forma, se estaría aplicando y cumpliendo el principio comunitario de responsabilidad ambiental, que establece que quien contamina, paga.

Autor: Isidre Martínez, Ingeniero Agrónomo
Bio Eco Actual Junio 2017

2 COMENTARIOS

  1. Buenos días, Isidre. Maravilloso artículo, muy completo y me has resuelto algunas dudas a las que llevaba un tiempo dándole vueltas. Seguiré indagando en el tema de la certificación de los productos ecológicos, pero por ahora estoy completamente de acuerdo con tu opinión 🙂

  2. Hola! quiero fabricar un bloqueador solar biodegradable. de que manera puedo certificarlo?

    Muchas gracias!

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