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El Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Canadá (CETA), fue aprobado el pasado mes de febrero por el parlamento Europeo. Pese la oposición manifestada en muchas calles europeas, 408 eurodiputados votaron a favor, frente a 254 que lo hicieron en contra. Su entrada en vigor es provisional y comenzó la pasada primavera, a la espera de que se pronuncien el tribunal de justicia de la UE y los parlamentos nacionales.

El CETA incluye una serie de medidas para eliminar las barreras comerciales entre la UE y Canadá y fija las normas para los futuros intercambios. Su repercusión va más allá del ámbito comercial e implica la modificación de estándares en diversos sectores, uno de los más relevantes es  el de la alimentación.

Muchos colectivos políticos y de la sociedad civil europea, denuncian que el Tratado de Libre Comercio supone armonizar cuestiones como las prácticas agrícolas, que son muy diferentes en ambas potencias. Creen que el CETA permitirá la entrada de toneladas de productos canadienses, producidos bajo unas normas de seguridad alimentarias inferiores a las de la UE.

En Canadá la regulación para el uso de pesticidas es más laxa que en Europa

En Canadá la regulación para el uso de pesticidas es más laxa que en Europa. Por ejemplo, está permitido el uso de neonicotinoides, una familia de productos químicos responsables de la muerte de millones de abejas en todo el mundo, en cambio en la UE solo se utilizan algunos.

Asimismo, se acepta el empleo de glifosato, un pesticida que la OMS clasifica de “posible cancerígeno”, y que en Europa su uso ha sido prorrogado hasta febrero de 2018, a la espera de que la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA) evalúe su toxicidad. Además, existe una iniciativa ciudadana que pretende recoger un millón de firmas para prohibirlo definitivamente.

Preocupa que el CETA pueda convertirse en la vía de acceso de los alimentos transgénicos en Europa

También preocupa que el CETA pueda convertirse en la vía de acceso de los alimentos transgénicos en Europa. Canadá es el tercer país del mundo que más transgénicos produce. No se requiere el etiquetado obligatorio de identificación de los alimentos genéticamente modificados, aunque se permite añadirlo de forma voluntaria.ç

En la UE los alimentos transgénicos se emplean para el pienso de animales. A diferencia del país norteamericano, es obligatorio el etiquetado en los alimentos que contengan a partir del 0,9% de ingredientes transgénicos.

Igualmente hay algunos colorantes permitidos en Canadá y no en Europa. Pigmentos como el Fast Green FCF y el Citrus Red No.2,  están restringidos en UE,  además de otros, que solo están prohibidos en algunos países europeos. Los requisitos de etiquetado también son más estrictos en Europa que en Canadá.

El bienestar animal también podría verse afectado negativamente con la entrada en vigor del tratado. Según el  informe, Europa: El CETA pone en peligro tu seguridad alimentaria, elaborado por Council of Canadians y diversas organizaciones europeas, los derechos de los animales son inferiores en Canadá que en Europa. No existen sanciones por el incumplimiento de los códigos de conducta para el bienestar animal y hay poca vigilancia sobre los productores cárnicos. Los ganaderos de la UE  podrían verse obligados a competir con prácticas más baratas y menos éticas.

La Comisión Europea asegura que no se producirá una armonización reguladora y que las exportaciones tendrán que cumplir con la normativa Europea. El tratado establece que el país importador  aceptará las condiciones del país de origen, siempre que estas sean equivalentes a las suyas.

En cambio, la plataforma “no al TTIP” señala que “el CETA es claramente algo perfecto para las corporaciones a ambos lados del Atlántico. Con este acuerdo consiguen más munición para intimidar a los gobiernos y las autoridades locales en cuanto a las regulaciones que podrían obstaculizar sus beneficios”.

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Otra medida polémica es la eliminación del 90% de las indicaciones geográficas (IGs) a nivel europeo con denominación de origen. Tras un proceso de selección la UE ha aceptado 27 IGs españolas.

Desde España, los partidos políticos defensores del CETA garantizan que todos los productos nacionales presentes en el mercado canadiense contarán con la protección necesaria para evitar su plagio. Actualmente,  la marca Valencia Orange ya está compitiendo con la naranja valenciana en el país norteamericano.

Quienes se oponen al Tratado de Libre Comercio consideran que su aprobación simboliza la continuidad de un sistema alimentario controlado por multinacionales. Un modelo de nutrición basado en la comida y bebida procesadas, también conocido como “comida basura”.

Aseguran que  los procesos de globalización que respalda el acuerdo van en contra de la agricultura más respetuosa con el medio ambiente y contra los productos de proximidad y calidad. Desde la Comisión Europea, alegan que la agricultura ecológica saldrá fortalecida, al facilitarse  el comercio  transatlántico de sus productos.

Además de las medidas que afectarán a los sistemas agroalimentarios, una de las más controvertidas es la creación del Sistema de Tribunal de Inversiones (ICS por sus siglas en inglés). Unas cortes de arbitraje que permitirán a los inversores extranjeros demandar a los Estados, sin ser juzgados por las cortes de cada país.

Según Bruselas, el nuevo sistema de tribunales “consagra el derecho de los Gobiernos a regular en interés público aunque ello afecte a una inversión extranjera”. Para el Observatorio Corporativo Europeo las únicas beneficiadas serán las grandes empresas. Les permitirá revocar reformas de interés público, como podrían ser las destinadas a la mejora de la protección del medioambiente o de los estándares laborales, si consideran que van en contra de sus intereses, explican.

Los colectivos de la campaña “no al TTIP” no tiran la toalla, y recuerdan que aunque el CETA haya sido aprobado en la Eurocámara, los parlamentos estatales todavía pueden bloquear su proceso de ratificación.

La Comisión Europea espera que el CETA sea solo el primero del resto de acuerdos internacionales que se aprueben. Los siguientes son El TISA y el TTIP, con los que esperan armonizar, acelerar y abaratar el comercio Internacional.

Autor: Juan Gayá, Periodista ambiental y científico
Bio Eco Actual Septiembre 2017

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