Entrevista a Celia Ojeda, Responsable del Área de Consumo de Greenpeace producció de plàstics

Entrevista a Celia Ojeda, Responsable del Área de Consumo de Greenpeace. Celia Ojeda, (Valladolid, 1979), Doctora en Biología Marina, lleva más de 15 años defendiendo el medioambiente como activista de Greenpeace, principalmente combatiendo la sobrepesca y trabajando en la protección de los océanos.

Ahora, como Responsable del Área de Consumo de la misma organización, su objetivo es frenar el consumismo inconsciente, que según ella, es responsable de los mayores desafíos medioambientales y sociales a los que nos enfrentamos.

¿Qué hacéis desde Greenpeace para combatir el consumismo?

Principalmente realizamos campañas de concienciación para alertar a las personas sobre lo que hay detrás del consumismo: sobrepesca, deforestación, explotación laboral, o su relación con el cambio climático. Y ofrecemos alternativas para que realicen un consumo sostenible en diversos ámbitos, además de fomentar el desconsumo de lo innecesario. También trabajamos con gobiernos y empresas para que apoyen un modelo de consumo alternativo.

¿Los consumidores son conscientes de que todo lo que compran tiene una repercusión sobre el medioambiente, la sociedad y la economía?

El repunte de los últimos años en la compra de comida o ropa ecológica refleja el compromiso de cada vez más personas por consumir de forma sostenible. Sin embargo, la mayoría de la sociedad sigue sin plantearse estas cuestiones y compra de forma compulsiva cosas que no necesita.

¿Qué papel juega la política en el actual modelo de consumo?

Tiene un papel crucial, y no está haciendo nada para frenarlo. A día de hoy, utilizamos un 50% más de los recursos que hace 10 años, y las soluciones políticas que se plantean, como la ley de economía circular, se enmarcan en un modelo de consumo que no fomenta la reducción.

Necesitamos que la política se suelte de la mano de las grandes empresas e incentive un modelo de consumo que prime las necesidades del medioambiente y las personas, en vez de su degradación.

¿Qué alternativas tiene una persona que quiere alimentarse de forma más sostenible, pero no puede permitirse comprar productos ecológicos?

El precio de los alimentos ecológicos es un tema controvertido. Es cierto que en las grandes superficies, los precios de estos productos pueden no siempre estar al alcance de todo el mundo. Sin embargo, hay alternativas más económicas, como acudir a una cooperativa, donde, al no haber intermediarios, los precios son más asequibles. Si esta opción tampoco es viable, los consumidores pueden apostar por el consumo de proximidad, que evita todas las emisiones de CO2 implicadas en el transporte de los alimentos y  fomenta una economía de cercanía.

¿El etiquetado ecológico siempre garantiza que un producto es sostenible?

Los productos ecológicos certificados están regulados por una normativa muy estricta que asegura su forma de producción. El problema viene cuando lo ecológico choca con la globalización. ¿Es sostenible comerse un aguacate ecológico que ha cruzado el océano? Evidentemente no. Siempre hay que procurar que los alimentos que compremos, además de ecológicos, sean de proximidad y de temporada.

¿Podemos combatir el cambio climático con nuestra dieta?

Sí. El 14,5% de los gases de efecto invernadero (GEI) emitidos a la atmósfera provienen de la ganadería, de tal manera que reduciendo el consumo de carne y retomando la dieta mediterránea podemos reducir nuestra huella de carbono. Apostar por el consumo local, también es otra forma de reducir las emisiones de GEI.

Teniendo en cuenta la escasa vida útil de los plásticos de un solo uso y el grave impacto ambiental que suponen, ¿ha llegado el momento de apostar por medidas restrictivas?

Por supuesto. Hay que acabar con la producción de plásticos de un solo uso porque literalmente nos los estamos comiendo. La mayoría no se reciclan y acaban en el mar convirtiéndose en el alimento de los peces que luego nos comemos. Además, disponemos de envases mucho más sostenibles que cumplen la misma función. Es una cuestión de máxima urgencia, no podemos seguir así.

¿Cómo nos podemos vestir de forma más sostenible?

Con la ropa que tenemos en nuestro armario y no comprando prendas que no necesitamos. En caso de que nos haga falta renovar la vestimenta es recomendable evitar el poliéster y apostar por tejidos  que sean 100% de algodón o comprar en tiendas de ropa sostenible.

También es fundamental tener en cuenta la parte social. Cada vez hay más marcas que apuestan por emplear materiales sostenibles, pero no por mejorar las precarias condiciones en las que se encuentran sus trabajadores.

¿Tenemos que abandonar las modas?

Más que acabar con las modas habría que disminuir su frecuencia  y darles un enfoque positivo: incentivar la ropa de diseño con materiales sostenibles, de calidad y duradera.

¿Hace falta una legislación para combatir la obsolescencia programada?

Sí, no puede estar permitido que los aparatos eléctricos se rompan tan rápidamente. Necesitamos leyes que garanticen la ‘reparabilidad’ de estos productos y que los usuarios tengan acceso a piezas de recambio. También sería interesante reducir el IVA de los reparadores, como propone una campaña de Amigos de la Tierra, para abaratar y fomentar su labor.

Las empresas también tienen un papel fundamental. Pese a que han aparecido nuevas compañías que fabrican tecnología sostenible, como Fairphone, y algunas de las existentes, como Apple, empiecen a tener en cuenta que sus productos sean fácilmente reparables, todavía hace falta un mayor compromiso del sector tecnológico.

¿Podemos ser igual de felices ‘desconsumiendo’?

Aunque supone un gran cambio en nuestro estilo de vida, no tengo la menor duda de que  podemos seguir siendo felices. Personalmente hace nueve años empecé a cambiar mis hábitos de consumo y no considero que vista mal, que viva en una cueva o que sea diferente al resto de personas.

Me hace feliz pensar que cuando pago por un artículo sostenible disminuyo mi impacto sobre el cambio climático o la pérdida de biodiversidad, y que detrás de mi compra hay una persona que ha trabajado dignamente.

Pongo mi ejemplo porque en este tema es importante hablar desde la experiencia. No podemos pedirle a la gente que reduzca su consumo si desde Greenpeace no lo hacemos. Una vez que hemos comprobado las consecuencias de vivir así trabajamos para que más personas tomen conciencia de su consumo.

Juan Gayá, Periodista ambiental y científico
Leer Bio Eco Actual Marzo 2018

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