vaca clon Una empresa china pretende clonar un millón de vacas al año

En febrero de 1997, los medios de comunicación de todo el mundo hicieron famosa a una singular oveja. Dolly había nacido en realidad en julio de 1996 pero los responsables del proceso de fecundación de esta oveja doméstica tardaron siete meses en documentar su trabajo científico y publicar los resultados en una prestigiosa revista científica.

La oveja Dolly -muerta en febrero de 2003 de forma prematura- pasó a la historia como el primer mamífero clonado a partir de célula adulta y puso en nuestro vocabulario una palabra -clonación- que hasta aquella fecha era casi una exclusiva de las novelas de ciencia ficción.

Dolly era una oveja de la misma raza que otros millones de animales que se consumen a diario en el mundo pero, como se ha repetido hasta la saciedad, los investigadores del Instituto Roslin, en Edimburgo (Reino Unido), que la trajeron al mundo, no pretendían aprovechar su carne sino utilizarla como animal de experimentación en una técnica que durante más de una década se había resistido a todo tipo de pruebas con animales superiores.

Dos décadas más tarde, por contra, una empresa china está a punto de completar el edificio de la que pretende ser la primera factoría de clonación de animales de consumo.

Una empresa china pretende clonar un millón de vacas al año

La investigación en clonación puede tener alguna justificación científica pero en un mundo que reclama urgentemente reducir el consumo de carne -por el bien de la salud humana y del conjunto del planeta-, la construcción de una fábrica de animales que aspira a producir un millón de clones al año parece una locura, se han apresurado a denunciar diversos grupos ambientalistas en diversas partes del mundo.

La técnica de clonación de animales se ha perfeccionado mucho en las últimas dos décadas pero incluso ahora sus aplicaciones prácticas son muy limitadas; tanto por la complejidad del proceso como por su coste económico. En los últimos años, las empresas especializadas se han centrado en animales de elevado precio -como los caballos de carreras- o de especial valor para sus propietarios -como algunas mascotas-.

La prohibición vigente en España incluye a la venta de alimentos provenientes de clones o de sus descendientes procedentes de terceros países

En diciembre de 2015, los responsables de la empresa china BoyaLife Genetics anunciaron su proyecto de construir en Tianjin, a unos 150 kilómetros de Pekín, una factoría especializada en la clonación de animales; con especial atención a los embriones de vacas.

Las obras de esta planta se iniciaron en 2016 y podrían quedar completadas este mismo 2018. Durante el primer año de funcionamiento la empresa espera conseguir unos 100.000 animales pero el objetivo a medio plazo es alcanzar el millón de ejemplares al año. El grupo BoyaLife cuenta en este proyecto con la colaboración de la compañía de Corea del Sur Sooam Biotech.

El director de BoyaLife Genetics, Xu Xiaochun, lidera una campaña de comunicación a escala mundial para hacer creer que “la carne de vacuno clonada será la carne más sabrosa del mercado”. “BoyaLife tiene como objetivo crear un producto sabroso para ayudar a llenar la falta de carne de alta calidad en China continental”, repite constantemente Xiaochun a los medios de comunicación que se interesan por el proyecto.

Llevar la ciencia-ficción de los animales clonados hasta la realidad de los platos de millones de personas supone sin duda un reto con importantes implicaciones científicas, comerciales y éticas.

Los científicos deberían explicar en primer lugar si la clonación masiva de animales de consumo es totalmente segura para la salud de los humanos. Además, se debe considerar si este nuevo sistema de producción puede amenazar la salud y bienestar de los animales; incluyendo el nuevo riesgo a la diversidad biológica.

Siguiendo con la permisividad mostrada con los transgénicos, Estados Unidos ha sido uno de los primeros países en reducir los obstáculos a los productos procedentes de animales clonados.

En 2001, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) puso en marcha un programa de estudio sobre el tema y siete años más tarde emitió su veredicto. “Sobre la base de una evaluación de riesgos final, un informe escrito por científicos de la FDA y publicado en enero de 2008, la FDA ha concluido que la carne y la leche de clones de vacas, cerdos y cabras y los descendientes de clones de animales son tan seguros como los que comemos todos los días”, explica este organismo oficial de Estados Unidos en su página web.

Por contra, el Parlamento Europeo trató a fondo el tema en 2015, con el resultado de un voto mayoritario por la prohibición de clonar animales destinados al consumo humano en la Unión Europea. La prohibición vigente también en España incluye la venta de alimentos provenientes de clones o de sus descendientes procedentes de terceros países.

En el apartado comercial también se mantiene la amenaza de que la clonación de animales de consumo suponga un nuevo reto sobre las patentes y derechos de las grandes firmas en perjuicio de los ganaderos; especialmente los que se preocupan por la producción ecológica.

Cómo puede evolucionar el problema del uso masivo de antibióticos en un futuro en el que todos los animales de granja serán idénticos y, quizás, más vulnerables a enfermedades que provocan infecciones a gran escala. Qué impacto pueden tener las factorías de animales clónicos en el mercado mundial de la carne. Cómo se podrán defender ante esta amenaza los países y comunidades que opten por el principio de precaución y rechacen la carne de animales clonados. Estas son algunas de las preguntas y críticas que se expresan a escala mundial desde que el equipo de Xu Xiaochun expuso públicamente su proyecto.

Diversas organizaciones ambientalistas internacionales destacan igualmente la necesidad de plantear las múltiples cuestiones éticas que aparecen ante una nueva escalada de industrialización de la producción de animales.

Entre las dudas de mayor alcance se encuentra el permanente problema de la clonación de humanos. Si proyectos como el de BoyaLife convierten la clonación de animales en una técnica habitual, común y positiva; ¿cuánto tiempo pasará para que se proponga una fórmula similar para la clonación de humanos?

Autor: Joaquim Elcacho, Periodista especializado en Medio Ambiente y Ciencia

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