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Las toallitas húmedas están de moda. Las utilizamos para prácticamente todo y las encontramos por doquier. También bajo nuestros pies. Estos trozos de celulosa combinada con fibras sintéticas y sustancias que impregnan el tejido como conservantes y surfactantes conforman un monstruo subterráneo que colapsa las redes de alcantarillado de las ciudades de todo el mundo, da problemas en las depuradoras y contamina el medio ambiente. 

En los últimos años, las toallitas húmedas han pasado de ser exclusivamente para limpiar a los recién nacidos a emplearse para quitar suciedad a coches, zapatos, gafas o muebles, o para desmaquillarse. Las hay de muchos tipos y para distintos usos, y en todos los casos se presentan como la solución ideal. Según datos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), en una ciudad de tamaño medio se recogen cada día unos 8.000 kilogramos de este producto.

Si bien se trata de un artículo muy práctico cuando no tenemos acceso a agua y jabón, su consumo desaforado y su mal uso han provocado un grave problema. Porque las toallitas, hechas con fibras muy resistentes, tardan en desintegrarse a diferencia del papel higiénico convencional. Éstas se juntan con otros productos de cuidado personal que lanzamos de forma errónea al inodoro, como bastoncillos, compresas o tampones, y con el tiempo crean una masa de residuos sólidos que se adhiere a cualquier curva, cruce u obstáculo en el sistema de alcantarillado provocando grandes atascos.

Además del daño medioambiental, la eliminación de las toallitas higiénicas tiene un gran coste económico

El pasado octubre, en Valencia, una bola de casi un kilómetro de longitud obstruía la principal conducción de aguas residuales de la ciudad. La masa compacta y espesa era todavía más grande que la que causó estragos en San Sebastián en septiembre. Además de obstruir la red de saneamiento, pueden llegar prácticamente intactas a ríos y mares después de pasar por depuradoras que no pueden tratarlas o como consecuencia de un reventón como pasó en noviembre en la costa ibicenca.

Por si fuera poco, la OCU ha demostrado que las fibras sintéticas que forman las toallitas pasan al agua residual, con lo que contribuyen a la contaminación de los ecosistemas con micro-plásticos. Al ser partículas minúsculas, consiguen pasar los filtros en las plantas de tratamiento de aguas llegando en enormes cantidades a océanos y mares donde persistirán durante siglos, ya que no hay métodos para eliminarlas eficazmente.

Esta mezcla, junto con restos de otros productos de cuidado personal, son confundidos con alimento por peces, aves y mamíferos marinos que pueden acabar muriendo ahogados tras ingerirlos. En otras ocasiones, las sustancias entran a formar parte de la cadena alimentaria: en septiembre de 2016, investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO) hallaron micro-plásticos en uno de cada seis peces analizados de las costas españolas del Atlántico y del Mediterráneo. “No existen evidencias de efectos negativos en la salud humana, pero sería conveniente estudiarlo”, explicaba entonces el autor del estudio, Juan Bellas.

Todos estos episodios son evitables: basta con utilizar las toallitas ocasionalmente, optar por comprar aquellas que van en envases flexibles y no rígidos y, principalmente, nunca tirarlas al váter, incluso si en sus etiquetas pone que el producto es desechable y biodegradable -esto sucedería después de un determinado tiempo en el agua-. Mientras que el papel higiénico se desintegra en el agua casi por completo (95%) en media hora, las toallitas húmedas se disgregan sólo un 36% después de dos días, detalla OCU.

Además del daño medioambiental, la eliminación de las toallitas higiénicas tiene un gran coste económico. En Europa, el tratamiento de estos residuos cuesta entre 500 y 1.000 millones de euros al año, según datos de la Asociación europea de empresas de abastecimiento y saneamiento (EurEau). En España, la Asociación española de Abastecimientos de aguas y saneamiento (AEAS) ha cuantificado las pérdidas en 200 millones de euros cada año. Un importe que pagamos entre todos.

Cambiar el comportamiento de los ciudadanos para garantizar que los productos de cuidado personal no entren en el sistema de aguas residuales es vital para revertir la situación

Para lograrlo y acabar con el monstruo de las cloacas, las administraciones se están poniendo las pilas. Por ejemplo, en Barcelona y su área metropolitana norte (en las localidades de Santa Coloma de Gramenet y Badalona, y los distritos de Sant Andreu y Sant Martí de Barcelona) bajo el lema ‘Stop toallitas: el váter no es una papelera’ se ha implementado una campaña para concienciar a la población y reducir las averías en la infraestructura. El año pasado la iniciativa se desarrolló en Sant Boi de Llobregat, Gavà, Sant Climent de Llobregat, Viladecans y Castelldefels y consiguió reducir cerca de un 2,5% el número de residuos vertidos a la depuradora. La campaña ‘El caos de las toallitas’ puesta en marcha en la ciudad de Toledo o ‘No alimentes al Monstruo’ llevada a cabo en el País Vasco persiguen el mismo objetivo.

La problemática ha llegado hasta el Congreso de los Diputados, ya que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), cuando aún estaba en la oposición, registró una proposición no de ley en la que instaba al Gobierno de Mariano Rajoy a impulsar una campaña institucional para alertar a los consumidores sobre las consecuencias medioambientales y económicas del uso inadecuado de este producto, haciendo especial hincapié en recomendar su uso ocasional y en que no deben de arrojarse al inodoro.

Asimismo, la propuesta incluye que se obligue a los fabricantes a poner en el etiquetado, siempre y de forma destacada, que no deben tirarse por el váter por el peligro de atasco en cañerías y depuradoras y que se prohíba la utilización de mensajes que induzcan al comprador a considerar que estos productos son sostenibles, biodegradables o similares al papel higiénico. También exige que se establezcan pruebas estandarizadas de disgregación y biodegradabilidad. Nuestra salud y también nuestros bolsillos están en juego.

Autora: Cristina Fernández, Periodista & Blogger, www.paladarvegano.blog

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